1
El silencio imponderable de Emilio Prados
The Imponderable Silence of Emilio Prados
https://doi.org/10.46543/ISID.2635.1007
Gemma Suñé Minguella
American University
Washington D.C.
suneming@american.edu
https://orcid.org/0000-0002-8350-2975
Resumen: Emilio Prados, autor de “la poesía más difícil y singular de su generación”, en
palabras de Jorge Guillén, nació como poeta desde la experiencia límite de la
interiorización de la propia muerte. Esta experiencia, junto con el sentir místico de la
unidad vida-muerte, gestaría la radical singularidad de su poesía dentro de su generación.
Posteriormente, y ya en el exilio, emprendió un exhaustivo estudio del conocimiento
humano con el fin de articular sus propias intuiciones en un pensamiento coherente cuyos
símbolos informan y redundan en sus poemas. Su obra más tardía es fruto de todo ello,
así como de un acercamiento cada vez más audaz al límite del decir donde la palabra se
suspende en el silencio.
Abstract: Emilio Prados, described by Jorge Guillén as the author of “the most difficult
and unique poetry of his generation,” emerged as a poet through the extreme experience
of internalizing his own death. This experience, combined with a mystical sense of the
unity between life and death, shaped the radical singularity of his work within his
generation. Later, during his exile, he undertook an exhaustive study of human
knowledge, seeking to transform his intuitions into a coherent philosophical framework.
The symbols born from this process permeate and recur throughout his poetry. His later
work reflects all of this, as well as an increasingly daring approach to the limits of
language—where words hover on the edge of silence.
Palabras clave: Emilio Prados, mística, muerte-vida, poesía, silencio
Keywords: Emilio Prados, mystic, life-death, poetry, silence
Recibido: 16 de julio de 2025
Aceptado: 19 de enero de 2026
1. INTRODUCCIÓN
Hay que regresar a lo ilimitado, lo silencioso por impronunciable, para saber que
este silencio imponderable es también la Palabra misma que nos pondera.
Ramón Xirau, Palabra y silencio
¿Cómo escribir sobre lo sagrado en una obra poética como la de Emilio Prados y no
sentirse abrumado por la simple imposibilidad de acotar los límites de esta noción? Y es
2
que sin duda fue Prados el poeta del 27 que con mayor vehemencia trazó la experiencia
de lo sagrado explícitamente en sus poemas, una y otra vez, y desde el principio. Por otra
parte, emplear la palabra “sagrado” para referirse a la poesía puede sonar hasta cierto
punto redundante, casi como intentar referirse a “lo poético” de la poesía. ¿Qué es un
poema sino un esfuerzo del lenguaje por crear (poieo) ese inaprensible no-tiempo del
“estar’ simplemente aquí? ¿Y no es este sentir del “estar” simplemente aquí un atisbo de
lo sagrado?
Toda poesía, a mi parecer, roza en mayor o menor medida el sentir de “lo sagrado”,
pues la palabra poética escarba justamente en el ámbito no profano de la existencia, es
decir, en ese ámbito inmune al desgaste del tiempo donde se funden palabra y vivencia.
Y es que, si el ser humano acepta la separación entre ellas como el coste de su preciada
conciencia, el poeta no puede resignarse a ello pues que esta separación es también, y
sobre todo para él, cautividad.
Emilio Prados (1899-1962), autor de la “poesía más singular y difícil” de su generación,
en palabras de Jorge Guillén
1
, dedicó toda su vida y su obra a la tarea de “liberar” el
lenguaje
2
de esa separación que lo recluye —y nos recluye— fuera de lo sagrado, fuera
de lo que en rigor somos y es en nosotros: unidad, vida total, en palabras del poeta.
2. LA MUERTE, LA POESÍA, LA FILOSOFÍA
Según confió Prados a Carlos Blanco en una ocasión, el recuerdo más insistente que
conservaba de su infancia era el de estar siempre a punto de morirse
3
. Una situación que
habría de vivir en varias ocasiones a lo largo de su vida, y que, a pesar de provocarle
graves padecimientos, supuso el principal estímulo en su tenaz profundización en el
fenómeno de la vida-muerte.
Su delicada salud —una enfermedad pulmonar que nunca logró superar
definitivamente— le llevó a vivir dos experiencias que fundamentaron su nacimiento
como poeta. Por una parte, la estancia de casi un año en los montes de Málaga donde
vivió en contacto directo con los fenómenos de la vida natural
4
; por otra parte, su estancia
en el Waldsanatorium de Davos Platz en torno a 1920
5
donde conoció “el centro mismo
1
“Nada se parece a tu poesía, la más singular y por eso la más difícil entre las creadas por los
de nuestra generación.” (Jorge GUILLÉN en carta a Prados, Arlington, Mass., 22 de diciembre
de 1957), José SANCHÍS BANÚS – Emilio PRADOS, Correspondencia (1957-1962), Valencia,
Pre-Textos, 1995, 94.
2
“Mi poesía exactamente nace con ese «anhelo de ahondar en la auténtica experiencia vital y
liberar el lenguaje» […]”, Emilio PRADOS: carta a José Sanchís Banús del 13 de octubre de
1958, en SANCHÍS BANÚS – PRADOS, Correspondencia (1957-1962), 89.
3
“El recuerdo primero que tengo es el de estar siempre a punto de morirme, nos dijo en una
conversación Emilio Prados”. Carlos BLANCO (en colaboración con Antonio CARREIRA),
“Prólogo, I. Vida y obra”, en Emilio Prados: Poesías completas, tomo I, México, Biblioteca
de autores modernos, Aguilar, 1975, XIV.
4
“La vida de los montes de Málaga a la que me refiero, para los poemas Río natural y
Circuncisión del sueño, es la vida que en ellos, gracias a mi enfermedad, me tocó en suerte
conocer y verificar, y cuyo maravilloso paisaje florece todavía en mí desde mis 12 años, hoy.”
Emilio PRADOS: carta a José Sanchís Banús, 21 de octubre de 1958, en SANCHÍS BANÚS –
PRADOS, Correspondencia (1957-1962), 117.
5
No sabemos la fecha exacta de su estancia en Davos. Según su hermano Miguel, marcharon
en la primavera de 1919. (Miguel PRADOS, Sobre Emilio Prados, Publicaciones de la Librería
Anticuaria El Guadalhorce, Málaga, 1979, apartado II). José Luis Cano, en su nota previa a
Diario íntimo sugiere que llegaron en 1920 (Emilio Prados, Diario íntimo, Málaga,
Publicaciones de la Librería Anticuaria El Guadalhorce, 1966, 13), y el propio poeta cree
3
de la muerte”
6
. De esta íntima experiencia con la muerte emergería el poeta como de un
segundo nacimiento que le ubicó definitivamente en otro ámbito, donde la discordancia
entre vivir y morir se resuelve en puro y dinámico equilibrio.
En 1917 se agravó la afección pulmonar que también desde niño me perseguía y después
de una corta estancia en la sierra, no encontrando mejoría, fui a Suiza, a Davos Platz, en
Waldsanatorium, en donde permanecí hasta mi curación bastante tiempo. La soledad y la
experiencia terrible sufrida allí (la que tú conoces: ya lo vi en tu P. de reposo), más la de
Alemania, en Freiburg, a donde, después de abandonar “Ciencias naturales” fui a estudiar
Filosofía, en 1921 me dieron la firmeza en que aún vivo, para luchar humanamente por el
mundo que traje cuando nací
7
.
Según apreciaba María Zambrano, la interiorización de la muerte fue el hito decisivo
en el nacimiento de Prados como poeta:
El ser se revela cuando la presencia de la muerte se acepta y el propio ser como algo que
nace. Y entonces el morir, el ir muriendo, comienza. […] La poesía de Emilio Prados nace
de ese instante del segundo nacimiento en que el tiempo y la libertad saltan a la vez […]
8
.
El protagonismo de la muerte en la conciencia del poeta es sumamente significativo
para poder acercarse adecuadamente a su obra, pues es ella la que nutre su necesidad, y
hasta su deber, de tensar el lenguaje para nombrar poéticamente aquello que ni siquiera
puede pensarse. Citando a Han, podríamos decir que “la muerte le crea a la conciencia
una situación aporética”
9
, ya no hay vuelta atrás en este contacto de la conciencia con lo
distinto a ella misma, con su no ser. No se puede seguir avanzando sin más, porque como
sigue explicando Han sería “un caminar aporético, un caminar sin camino”. Ese punto de
no retorno que María Zambrano interpreta como el brotar de un “instante de libertad, pura
libertad” supondría para Prados percatarse de su auténtico sentido como ser humano:
comprometerse a nombrar lo ausente, interpelar al límite para arrastrarlo “hacia dentro”
con la palabra.
Palabras, sí; palabras
—astros muertos que giran
de lo mismo a lo mismo,
sólo un lenguaje—: el límite
10
¿Acaso el hombre es eco
que resbala en el mar
recordar que marchó a Davos cuando contaba 22 años (carta a José Sanchís Banús del 21 de
enero de 1958, en SANCHÍS BANÚS – PRADOS, Correspondencia [1957-1962], 58).
6
Mic. Rollo 11, Red box 20. [Se trata del material inédito que Prados dejó al morir, catalogado
por Carlos Blanco Aguinaga y microfilmado por la Biblioteca del Congreso de los EE.UU. Cf.
Carlos BLANCO AGUINAGA, Lista de los papeles de Emilio Prados, Baltimore, MA, The John
Hopkins Press, 1967. La abreviatura “Mic.” que usamos en nuestras referencias alude a los
microfilms].
7
Emilio PRADOS, carta a Camilo José Cela del 4 de junio de 1958, en Antonio CARREIRA, “Las
cartas sobre la mesa. Cartas entre Emilio Prados y Camilo José Cela”, El Extramundi y los
Papeles de Iria Flavia, núm. V, Año II (1996) 68 (9-166).
8
María ZAMBRANO, “El poeta y la muerte, Emilio Prados”, en IDEM, España, sueño y verdad,
Barcelona, Edhasa, 1965, 165.
9
Byung-Chul HAN, Caras de la muerte, Barcelona, Herder, 2020, 13.
10
23 Feb 62 (fragmento), en Cita sin límites, 1962.
4
del sonido que busca?
¿Nunca encontrará el mundo
de su voz deseada?
11
Una vez comprometido con la poesía, y en consonancia con la educación
institucionista recibida, Prados entendió que había que involucrar todo el saber humano
en su tarea de integrar la muerte en la vida. Por de pronto, perfilarían su incipiente poética
la filosofía y la poesía alemanas, además de Platón y los presocráticos, leídos bajo el
magisterio de García Morente en la “Resi de peques”
12
, y el de Fernando de los Ríos
durante su estancia en la universidad de Friburgo
13
. Una poética la de Prados que se nutre
de la vivencia de la unidad vida-muerte y que revierte en un pensamiento radicalmente
singular que solo en la soledad de su exilio lograría articular a través de apuntes,
comentarios y esquemas conservados entre su “Papeles”
14
.
En Alemania, en mi querido Freiburg, quedó la semilla puesta en la conciencia. El
romanticismo alemán me hizo ver como dice Novalis que “la poesía es el héroe de la
filosofía”. Y me subí a su caballo (sin Sancho Panza) y me fui por los mundos de la razón.
El subconsciente me seguía como sombra
15
.
La labor poética como avanzadilla de la tarea filosófica, la palabra como única guía
para fundar una totalidad en la que nada se pierda; también para no cegarse ante el
espejismo de lo que llamamos y creemos real, incluido, claro está, el propio yo que
nombra y cree. Éste será el germen más temprano del pensamiento poético de Prados y el
que le orientará en la creación de su obra. Lamentablemente, este concepto de la poesía
no sería bien comprendido por sus amigos de generación, lo que le generaría un constante
sentimiento de extrañeza frente a ellos, hasta el punto de que años más tarde, ya en
México, confiesa a Sanchís Banús sentirse como siempre distanciado del grupo, pero ya
sin decepción ni dolor como antaño, sino con la certidumbre del valor y autenticidad de
su escritura
16
. La misma incomprensión, o cuando menos reticencias, a esta vertiente
especulativa de la obra de Prados se da todavía en algunos críticos del exilio español en
México, una actitud que ya cuestionamos en otra ocasión
17
.
11
Poema II (fragmento), Libro II, Río natural, 1957.
12
Prados ingresa en el grupo experimental de niños de la Residencia de estudiantes en 1914,
donde acaba el bachillerato. Allí traba amistad con García Morente, quien lo guía en sus
primeras lecturas filosóficas y conoce a Juan Ramón Jiménez.
13
“D. Fernando de los Ríos (que tanto me ayudó en mis lecturas y en mi formación en Alemania
1922).” “Papeles” de Emilio Prados, Mic. Caja 20.2. Prados partió a Friburgo en otoño de
1922, lo que —además de enriquecer su formación—, le evitó estar en Málaga durante la boda
de su antigua novia, Blanca Nagel, con Francisco Hinojosa Lasarte, hermano del poeta José
María Hinojosa.
14
Material inédito que Prados dejó al morir, cf. nota 6.
15
Emilio PRADOS, carta a José Sanchís Banús, 29 de octubre de 1959, en SANCHÍS BANÚS –
PRADOS, Correspondencia (1957-1962), 213-214.
16
“Pero estaba cansadísimo y disperso (más porque Gerardo Do. está aquí y, al volver a reunirnos
—de los que vivimos aún— casi la mitad de nuestra discutida generación, vuelvo yo —a los
60 años casi— a sentirme extraño y huidizo, como siempre). Esto me coloca ante la vida en
una situación anormal, pero en la que me afirmo más y más.” Carta del 22 de octubre de 1958,
en SANCHÍS BANÚS – PRADOS, Correspondencia (1957-1962), 123.
17
Cf. Gemma SUÑÉ MINGUELLA, “A vueltas con la etapa mexicana de Emilio Prados: Poesía
mística y filosofía”, Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo 96 (2020) 67-82,
https://doi.org/10.55422/bbmp.455.
5
3. LA CRUZ ABIERTA: LA VIVENCIA Y EL PENSAMIENTO DE LA UNIDAD
Decía María Zambrano que la poesía, a Emilio Prados, le pidió filosofar, y que al final de
su vida le hizo saber —en modo póstumo— que “él era poeta-filósofo
contraponiéndose”
18
. Como ya he sostenido y demostrado en más de una ocasión
19
,
Emilio Prados es, en efecto, el poeta filósofo del 27. Y fue filósofo en el sentido más
pleno del término, pues dedicó su vida a buscar una explicación coherente, inteligible de
lo real, e hizo de esa búsqueda un aprendizaje moral. Esa búsqueda, ya lo hemos dicho,
viene motivada por la necesidad de restablecer la totalidad muerte-vida, atisbada desde
un estado anímico excepcional que Prados experimentó probablemente ya desde muy
joven en su Málaga natal, cuando escribía “la eterna pasión del tiempo” de El misterio
del agua o los versos “acosados por la gracia” de Cuerpo perseguido
20
.
Prados se refiere a esa vivencia única en varias ocasiones en su correspondencia, pero es
sobre todo en la “declaración estética” que preparó para la antología del 27 proyectada
por C. J. Cela donde encontramos la descripción más precisa de ella:
El estado de unidad, en mí, es mi único momento inefable. ¿Tal vez sea esa esfera sublime
de que habla Novalis, que está entre el Ser y el No-Ser y que es la vida? Este momento, en
el que siento que ya no soy lo que era y en el cual siento, también, que todavía no soy lo
que voy a ser, me llena de gozo y de temor unidos. En él me abandono entero, ligándome
al hacerlo, en este punto, con todo lo vivo y lo que aún creo que no lo es. Lo que es, lo
siento en lo que otros llaman muerte, y lo que no es todavía, en lo que, a cada instante
transformado, llaman los otros, vida. Este es el centro de la cruz: la unidad. “Un círculo es
la cruz, abierta en la unidad en que la cruz se engendra”, digo yo en mi Circuncisión del
sueño
21
.
La cruz abierta es experiencia vivida, una vivencia que sobrepuja todo sentido y todo
saber. A pesar de las reticencias que suscita la palabra mística, creo que no hay mejor
término para referirse a ella, sobre todo si nos atenemos —como diría Bataille— “a la
experiencia como única autoridad”
22
y al sentido etimológico del término: lo cerrado, por
su origen en el verbo griego myein, que originalmente significaba “apretar los labios”. La
experiencia íntima de la unidad (de la vida total y continua) permanece muda y cerrada,
inarticulable e inaccesible al ser convencional porque no admite intelectualización,
18
Carta del 11 de diciembre de 1958, en Francisco CHICA, “Un cielo sin reposo. Emilio Prados
y María Zambrano: correspondencia(s)”, en James VALENDER et al. (eds.), Homenaje a María
Zambrano. Estudios y correspondencia, México, El Colegio de México, 1998, 213.
19
Cf. Gemma SUÑÉ MINGUELLA, “El pensamiento de Emilio Prados”, en IDEM, Emilio Prados
(1899-1962), Madrid, Residencia de Estudiantes, 1999; IDEM, La cruz abierta. El presente
infinito de Emilio Prados, Málaga, Centro Cultural de la Generación del 27, 2003; IDEM, “A
vueltas con la etapa mexicana de Emilio Prados”, 67-82.
20
Así describe María Zambrano lo que le sugiere la lectura de los poemas de Cuerpo perseguido:
“el poeta acosado por la gracia”, en María ZAMBRANO, Filosofía y poesía, México, FCE, 1987,
157 (1a edición 1939). Debido a las críticas adversas recibidas de Vuelta (1924-1925) por
Gerardo Diego y de El misterio del agua (1926-1927) por parte de José Bergamín, que
consideraba inaceptable su sensualismo panteísta, Prados decide no publicar nada de lo escrito
entre 1926 y 1936. Cuerpo perseguido (1927-1928) permanecería inédito hasta 1940.
21
Emilio PRADOS, Apuntes para una “declaración estética” que había de figurar en la antología
homenaje al grupo del 27 proyectada por C.J. Cela en 1958. (Mic. Rollo 9, red box 14).
Publicado en “Apéndice” a Emilio PRADOS, Textos surrealistas, ed. e introd. de Patricio
Hernández, Málaga, Centro Cultural de la Generación del 27, 1990, 165-170.
22
Georges BATAILLE, La experiencia interior, Madrid, Taurus, 1973, 18.
6
sobrepasa el entendimiento. Algo parecido escribía Prados en una carta a José Luis Cano
reprochándole cariñosamente que intentara “intelectualizar” a Dios:
Sigues asustadamente intelectualizándote (como siempre) tratando de comprender lo que,
como ya te he dicho de los niños, sólo se siente. Dios no será nunca una acusación resuelta.
Aunque es razón y matemática: ¡Ciencia exacta!
23
La imposibilidad de resolver a Dios (curioso el uso de acusación —probablemente
acusado de existir o no—) y de remitir a lo que uno siente para afirmarlo es fruto de la
experiencia de la unidad. No hay duda de que ésta fue la razón por la que Prados hizo de
la escritura poética su prioridad: el centro de la cruz del que nos habla, esta experiencia
anímica excepcional reveladora de la unidad de la vida-muerte, sólo puede acecharse
desde el cauce sagrado del lenguaje poético. No se trata tanto, parafraseando a
Wittgenstein, de luchar “contra el embrujo de nuestro entendimiento con los medios de
nuestro lenguaje”
24
, sino de zafarse del entendimiento y hasta del lenguaje, tensar la
palabra para que trace con su forma la vivencia:
La palabra no existe. Existe el acto.
(Golpe a golpe la luz lo está tallando.)
25
Ser es el acto: “¡El mundo es acto”, escribe Prados más adelante, y añade: “¿Y el
silencio?... / (¡Nombre!)”, el silencio, el cerrar de los labios (myein), es decir, mística.
María Zambrano, cuyo pensamiento era tan afín al de Prados, consideraba que este
tipo de experiencia está propuesta “a todo ser viviente, natural” y que “sólo el darse a
ello enteramente señala al místico en verdad”
26
. Y por citar sólo dos ejemplos más, muy
relevantes en el caso de Prados, recordemos que el primer romanticismo alemán entendía
este tipo de experiencia como la posibilidad, latente en la vida humana, de franquear sus
limitaciones cognitivas y adentrarse en el momento supremo del ser
27
. También Hölderlin
consideraba que debía existir una intuición intelectual, presentida en los más altos afanes
del espíritu, que revelara la unidad de todo lo vivo
28
.
23
Emilio PRADOS, carta a José Luis Cano del 14 de enero de 1951, en Emilio PRADOS, Cartas
desde el exilio (Correspondencia con José Luis Cano), Valencia, Pre-Textos, 1997, 66. La
alusión a “ciencia exacta” remite muy probablemente a la teoría de la relatividad especial,
referida en varias ocasiones entre sus “Papeles”. García Bacca publicó un tomo entero
dedicada a ella en la editorial Séneca en 1941 titulado La filosofía de las ciencias.
24
“La filosofía es una lucha contra el embrujo de nuestro entendimiento con los medios de
nuestro lenguaje.” Ludwig WITTGENSTEIN, Philosophische Untersuchungen, 109 (1953).
[IDEM, Investigaciones filosóficas, trad. de Alfonso García Suárez y Ulises Moulines,
Barcelona, Crítica, 1988].
25
I Transfiguración de lo invisible (fragmento), “La ciudad abierta”, La piedra escrita, 1961.
26
María ZAMBRANO, “Pensamiento y poesía de Emilio Prados”, Revista de Occidente 15 (1977)
59 (56-59), figura como prólogo a Emilio PRADOS, Circuncisión del sueño, Valencia, Pre-
Textos, 21981.
27
“En este momento de intuición, desaparecen para nosotros el tiempo y la duración. No estamos
en el tiempo sino que él, o mejor dicho, la eternidad absoluta y pura está en nosotros.” Friedrich
SCHELLING, “Cartas filosóficas sobre dogmatismo y criticismo (1795)”, en IDEM, Schellings
Werke, Munich, (1927-1954), vol. I, 242 s., en Virginia LÓPEZ DOMÍNGUEZ (ed.), Schelling
(1775-1854), III, Selección de textos, Madrid, Ediciones Del Orto, 1995, 60.
28
“Tiene que haber en el fondo una intuición intelectual, que no puede ser otra que aquella
unidad con todo lo que vive, la cual, ciertamente, no puede ser sentida por el ánimo limitado,
[…], puede ser reconocida por el espíritu y procede de la imposibilidad de una absoluta
7
Movido por esta experiencia y alentado por el rico ambiente intelectual que siempre le
rodeó, y que en el exilio se prolongaría en la Casa de España y en su labor como editor
en Séneca, Prados emprendió un exhaustivo estudio del pensamiento humano en sus
diversas formas. Apoyándose en estudios de psicología, filosofía, ciencia, religión y
antropología —entre otros— articuló sus reflexiones en un pensamiento coherente con el
objetivo de esclarecer sus propias intuiciones
29
. Así lo refiere en carta a su hermano
Miguel, psiquiatra, y como él una persona de enorme inquietud intelectual:
Construyo con metáforas (hasta con figuras geométricas y conceptos que me entrega todo,
hasta la óptica) los sostenes de mi memoria (no andamios), pensando que alguna vez me
darán claro el pensamiento que deseo
30
.
Una de estas “figuras geométricas” rescatada de sus “Papeles” que mejor representan
el núcleo simbólico del pensamiento de Prados es, en efecto, el esquema óptico:
separación y singularización, […]”, Friedrich HÖLDERLIN, Ensayos, trad., pres. y n. de Felipe
Martínez Marzoa, Madrid, Hiperión, 1990, 81-83.
29
Para un desarrollo exhaustivo del pensamiento de Emilio Prados, véase mi estudio SUÑÉ
MINGUELLA, La cruz abierta. El presente infinito de Emilio Prados, Málaga, Centro Cultural
de la Generación del 27, 2003. Este libro es fruto de varios años de estudio, clasificación y
sistematización de todas las notas de Prados referentes a su pensamiento, así como su
poetización en Circuncisión del sueño (1957) y La piedra escrita (1961). Esta última obra era
calificada por el propio poeta como “la piedra de mis leyes” en carta Sanchís Banús del 5 de
abril de 1960, en SANCHÍS BANÚS – PRADOS, Correspondencia (1957-1962), 280.
30
Emilio PRADOS, carta a su hermano Miguel del 17 de abril de 1958, en Patricio HERNÁNDEZ,
Emilio Prados: la memoria del olvido, vol. II, Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza,
1988, 421.
8
Inspirado tal vez en Lacan y en el cono de luz de la relatividad especial, y quizá
también motivado por un accidente que le dejó casi ciego durante un año
31
, Prados lo
utiliza como representación de la transparencia que debe adquirir el ser humano para
sentirse receptáculo de unidad. Alcanzando la transparencia, esto es, despojándose de la
coraza del yo, el ser humano permite que la infinitud/eternidad le atraviese tanto desde el
pasado (muerte) como desde el futuro (vida), y este doble advenimiento es presente y
unidad total, “cruz abierta”, aunque efímera.
(La transparencia está vencida. El sitio
En alto y porvenir de una nostalgia
Empieza —ya es impulso— a buscar centro
El fiel translúcido cedió. La vida
Cruza inversa y en paz por su equilibrio.)
“¿Qué se puede añadir a esta blancura?”…
[…]
(Así —ya impulso— en situación externa,
En alto y por venir, no lo pasado,
La presencia completa de la vida,
Busca centro —unidad— que la contenga.)
“¿Qué se puede añadir a esta blancura?”
32
Has cruzado un lugar diminuto;
aún más, lo mínimo:
fin invisible, punto final de ahora…
Y no has cruzado.
Estás vivo en su centro
33
Según desarrolla Prados en sus “Papeles”, la cruz abierta es una unidad dinámica, en
tránsito constante, fruto del doble movimiento que imprimen los contrarios y de su fusión
o equilibrio momentáneo en un punto central que es, además, foco de inversión. El
dinamismo es pues dialéctico, unidad y trinidad esencial, tal y como la formula Hegel en
sus comentarios a Heráclito
34
. No hay duda de que esta es una de las claves del lenguaje
de Prados, pues la dialéctica permite “pasar por encima de la fosa del ser, atravesar la
muerte”
35
, es decir anticipar la totalidad, trascender el límite.
Escribe Prados:
Notas de Hegel explicando o citando a Heráclito. Y notas mías generales.
[...] Este estar momentáneamente en unión con lo Uno, para el hombre y todas las cosas
vivas o no aparentemente vivas, equivale a la unión de los contrarios de que habla
Heráclito. Todo en la vida es este religarse en un punto en que los contrarios difieren del
31
En marzo de 1951 sufre un accidente doméstico que le provoca un glaucoma en el ojo
izquierdo. Durante más de un año padece dolores intensos y debe abandonar la escritura. En
carta a su sobrina Carmen Saval del 12/12 de 1951 así lo refiere el poeta: “Ya sabes que he
estado casi todo el año sin ver. ¡Estar ciego es vivir en la muerte! Meses y meses en cama y a
oscuras, me han hecho cambiar tanto que no sé si soy yo. ¡Todo es nuevo y extraño!”, en
HERNÁNDEZ, Emilio Prados: la memoria del olvido, II, 390.
32
IX Declaración de un culto (fragmento) en “Formación del paisaje”, La piedra escrita, 1961.
33
Punto final (fragmento), Cita sin límites, 1962.
34
Georg Wilhelm Friedrich HEGEL, Lecciones sobre historia de la filosofía, trad. de Wenceslao
Roces, México, FCE, 1955, vol. I, 262-275.
35
Byung-Chul HAN, Caras de la muerte, 17.
9
otro suyo de forma tal que puedan unirse, que como Plotino dice, hace ser unidad aquí
abajo (¿o en Dios?) y que tan pronto como es unidad deja de serlo de nuevo a otro (C.E.)
36
Formulación que en sus versos adquiere, por ejemplo, esta forma:
Luz y sombra —al unirse— construyeron,
construyen —sin penumbra—, la estación,
el momento resbalado —impreciso—
en que soy —en que escapo—, en que a mí vengo,
en que a mí fundo en mí lo inhabitado.
[…]
37
La unidad fugaz de los tiempos en el tránsito triádico opera en el ser humano un
progresivo bautismo, le aporta lo que el poeta denomina nueva criatura, es decir, un más
profundo conocimiento de su nombre o de su ser, vinculado al Ser Uno y Total. La
aproximación a su nombre completo equivale al paulatino nacimiento del hombre que
todos construimos que Prados concibe, como Plotino y los románticos alemanes, como
horizonte de búsqueda, como labranza de un objetivo necesariamente inalcanzable para
nosotros, puesto que en ese punto en que se disipa el devenir, el ser humano ya no sería
más
38
. Así pues, la germinación o nacimiento del dios en nosotros constituye un proceso
inagotable que aúna morir y renacer: unidad continua en movimiento.
Escribe Prados en sus “Papeles”:
[…] Dios baja de este futuro al [hombre que] lo busca. Y a la vez llega [del pasado] en que
el hombre aún no era. Así, el no-ser del pasado (el no estar aún del hombre) se une (en el
momento presente) al no-ser del futuro (el no estar el hombre en él “ya” [evolucionando
hacia Dios]). Este estado de continua ausencia (por no estar para ser) bautiza al hombre en
cada uno […] le da “nueva criatura” que sigue su camino progresivo y aún sin fin
conocido
39
.
Así lo trazan sus versos:
Lo inmanente, trasciende en invertido
caminar, y cayendo se concibe.
Lo que no ha sido en lo que fue penetra,
funde al presente, y brilla en lo que nace
libre en el cerro, a la unidad de un día
mirador, 3 de agosto, nunca ausente
40
.
Se entiende ahora mi desconcierto inicial al intentar acotar lo sagrado en la obra de
Prados, pues que toda ella gira en torno al reconocimiento de la plena sacralidad de la
vida toda, vida-muerte unidas, ya que solo su unidad es. La palabra y el pensamiento de
Prados únicamente abordan lo sagrado, la cruz interna que nos lleva de la vida a la muerte
y de la muerte a la vida en continua transformación integradora. Toda la infinitud del no
ser está abierta a la fuerza creadora del amor para generarse en el ser. Por ello, el horizonte
36
Las iniciales “C.E.” deben de referirse a “Cambios de estado”, título de la cuarta parte de La
piedra escrita, 1961.
37
IX Asistencia a un crepúsculo (fragmento), “Cambios de estado”, La piedra escrita, 1961.
38
“En el momento en que dejemos de existir en torno al centro universal que es el Bien, será
para nosotros la destrucción total y ya no seremos más”. PLOTINO, Enéada VI, 9, 8, 29 ss.
39
Mic. Rollo 9, red box 14.
40
Poema V, “Hora de nacer”, La piedra escrita, 1961.
10
de la vida es hacerse amor infinito con el fin de que este pueda —en algún instante
también infinito— destruir la nada en su infinitud y acabar con los tránsitos creadores
sometidos al tiempo.
La nada del futuro no es nada, pues si lo fuera no sería futuro. Y es nada en el momento
mismo en que la percibe el amor y existe por ella: la penetra, fecunda y la crea, —
destruyéndola— por amor mismo. Cuando un amor infinito, en un momento infinito,
perciba infinitamente a la nada infinita y la destruya en su infinitud: estaremos en “La
Patria invulnerable”
41
.
La patria invulnerable es símbolo de la anulación de los tiempos y su ininterrumpida
dialéctica. Prados la llama también la Unidad Divina estática, y en otro lugar la Parusía
anunciada por Cristo, un “vivir en lo eterno” cuyo advenimiento tendría lugar más allá
del ser humano: “con el final del hombre que todos construimos”
42
. Dicho esto, y a pesar
de lo que pudiera parecer, el planteamiento de Prados no es rotundamente mesiánico, al
contrario; en general manifiesta sus propias dudas acerca del destino humano, bien
mediante interrogaciones, bien señalando explícitamente la imposibilidad de conocerlo,
o simplemente aludiendo a un proceso continuo e inagotable:
[…] Tal vez nunca lleguemos a ese ser: “cumbre de la meditación”
43
. […] ¿Pasará el
hombre y quedará su pensamiento en absoluto devenir (Espíritu = energía)?
44
4. LA POESÍA: PALABRA Y SILENCIO
Si la vivencia mística de la unidad fue el fundamento del pensamiento que acabamos de
exponer, desarrollado a través de numerosas y dispersas notas en los “Papeles” de Prados,
la poesía fue su forma, su principio y su empeño. La génesis de la palabra poética coincide
con la emanación de ese centro en tránsito constante en donde, al dirimirse la dialéctica
temporal, emerge el eterno presente o Vida total:
Cuanto más puramente me siento en ella, más siento —con su presencia— la presencia de
Dios. Y sólo puedo percibir su verdadera realidad cuando siento que naufrago dentro de
mí, disuelto en esa presencia que me da un nuevo estado de virginidad ante la vida, en el
espacio-tiempo. Y, únicamente, en este estado fugaz, incondicionado, de entrega y espera
por lo que se ama desconocido, surge, en mí, la palabra poética. Es decir, para mí, la poesía
surge al entregarme y cuando se entrega se consume. […]
41
Mic. Rollo 9, red box 14. “Patria invulnerable” es un símbolo tomado de Juan Ramón Jiménez,
quien en “Emilio Prados (1926)” escribe: “Como veneras, pétalos, chispas, deja caer medios
versos aquí y allá, que, en círculos concéntricos de ay sorbido, se sumen en el cielo, el agua,
el aire, los tres abismos en uno de la sombra, mejor, patrias invulnerables, en la hora eterna,
para el canto, sueño, encanto del caprichoso proscrito del arpa escondida.” Juan RAMÓN
JIMÉNEZ, Españoles de tres mundos, Buenos Aires, Losada, 1942, 154.
42
“Apéndice” a Emilio PRADOS, La piedra escrita, ed. de José Sanchís Banús, Madrid, Castalia,
1979, 175.
43
La locución: “cumbre de la meditación” procede de Nietzsche, de los apuntes a La voluntad
de poder (Libro II), el fragmento completo reza así: “El que todo retorna es la extrema
aproximación de un mundo del devenir al mundo del ser: cumbre de la meditación.” Nietzsche
se refiere a la necesidad de imprimir al devenir el carácter del Ser, con el objeto de rescatar a
aquél de la condena infligida por la concepción de un Ser Trascendente.
44
“Apéndice” a Emilio PRADOS, La piedra escrita, 170.
11
Este círculo —punto invisible en que se unen y se centran los brazos opuestos de la cruz—
es mi “campo”. La unión de los “cuatro puntos cardinales” en este “campo” al que también
se unen los dos tiempos —el futuro que aún no es, y el pasado que ya es— me engendran
en la palabra: este es el nombre nuevo, en su nuevo bautismo. […] Pero este nombre nuevo,
esta palabra nueva, es terrenal y al entregarse se consume
45
.
La poesía hunde sus raíces en el ser total inaccesible, oculto tras los contrastes, y abre
su misterio, derramándolo como tal misterio, entre los hombres, y es precisamente su
apertura a la palabra, al lenguaje, lo que nos revela nuestra comunidad con él. Este
planteamiento coincide en gran medida con la teorización heideggeriana de la poesía. No
nos referimos aquí solo a Hölderlin y la esencia de la poesía, sino a obras posteriores que
difícilmente pudieron llegar a manos del poeta, así es que habría que pensar más bien en
una afinidad de puntos de vista, sobre todo a partir de sus últimos poemarios.
“Hay que regresar a lo ilimitado, lo silencioso por impronunciable —escribía Xirau—
, para saber que este silencio imponderable es también la Palabra misma que nos
pondera.” Estas palabras del también poeta filósofo Xirau
46
que encabezan mi artículo,
caracterizan perfectamente el acercamiento de Prados al fenómeno poético: abordar lo
impronunciable, acogerse al silencio para escuchar la palabra que nos nombra. Es
evidente que el silencio imponderable desde donde surge el lenguaje poético de sus
últimas obras nos emplaza a un directo desafío con la referencialidad de la palabra,
cuestión central en Heidegger.
Para Heidegger, el lenguaje es “la casa del ser”, el acontecer del ser se da en el
lenguaje, pues es este el que perfila y condiciona nuestras posibilidades de experiencia;
pero sólo la poesía, el lenguaje poético, “inaugura un mundo, abre y funda lo que dura,
en cuanto a su vez responde a una apelación”
47
y esta apelación proviene del silencio, de
la diferencia, que es también lo originario, lo sagrado. Así pues, el decir auténtico no
puede ser más que “un callar simplemente del silencio”
48
, “lo silencioso por
impronunciable” de Xirau. Al igual que el ser humano, que sólo logra vivir
auténticamente en cuanto se pone en relación con lo otro de su vida, esto es, con su
muerte, con su inexorable temporalidad, la poesía es ontológicamente fundante cuando
es capaz de aflorar hacia su límite, vinculándose con lo otro del significante, con lo otro
del propio lenguaje: el silencio.
El silencio, en consecuencia, es para el lenguaje lo que la muerte es para la vida, de
ahí que Prados naciera a la poesía desde la interiorización y la anticipación decidida de la
propia muerte, desde ese lugar límite en el que naufraga el lenguaje común, la experiencia
común. Toda la obra poética de Emilio Prados es un acecho a ese límite, sagrado por
numinoso, innombrable, insonoro, y a medida que avanzan los años y ya en la soledad de
su exilio, logra que su palabra alcance ese punto de casi quiebra por nombrar lo indecible.
45
Emilio PRADOS, extr. de apuntes para una “declaración estética” que había de figurar en la
antología homenaje al grupo del 27 proyectada por Cela en 1958, Mic. Rollo 9, red box 14.
También en “Apéndice” a Emilio PRADOS, Textos surrealistas, 165-170.
46
Y exiliado en México también como Prados, aunque de niño, con sus padres Pilar Subías y el
filósofo y profesor Joaquín Xirau. La cita proviene de Ramón XIRAU, Palabra y silencio,
México, siglo XXI, 1968, 121.
47
Gianni VATTIMO, “Heidegger y la poesía como ocaso del lenguaje”, en IDEM, Más allá del
sujeto. Nietzsche, Heidegger y la hermenéutica, Barcelona, Paidós, 1992, 72.
48
Martin HEIDEGGER, “De un diálogo acerca del habla”, en IDEM, De camino al habla,
Barcelona, Ed. Del Serbal, 21990, 138. La versión de Yves Zimmermann dice “silencio del
silencio”, hemos optado, sin embargo, por la traducción de la cita dada por Gianni VATTIMO
en Más allá del sujeto. Nietzsche, Heidegger y la hermenéutica, 74.
12
“El Uno grande, completo, el uno esfera”, “parece un silencio de luz”, la unidad
impronunciable deja su rastro en la ausencia, en la suspensión del decir:
Acaso llegue un día
—sólo un momento un uno—
Que acabe este pensar…
Y entonces —infinito
Invisible—…
¡Y entonces!...
(¡Vuela un pájaro!...
El sol
Se oculta al ver su sombra.)
49
La escritura poética de Prados nos emplaza en la suspensión del decir, en el umbral del
silencio; por eso su lenguaje, tan plagado de contrasentidos, elipsis, paréntesis e
interrogaciones ha desconcertado a tantos lectores. Se trata, en rigor, de un cambio de
paradigma, de un aventurarse más allá de la aparente certidumbre del logos. En sus
poemas asistimos a la contorsión del lenguaje desembarazándose de sí mismo,
liberándose de su tendencia a duplicarse “hasta el infinito contra la pared negra de la
muerte” como observaba Foucault a propósito de Ulises
50
. Su escritura es en rigor una
lucha, de ahí que pensara en llamar a toda su obra “Peniel”, el lugar donde Jacob luchó
con Dios cara a cara y venció
51
.
Es la radical alteridad del silencio lo que advertimos en su poesía, la ausencia que
sostiene el sentido arrogado de la palabra, en consonancia con su experiencia humana de
la íntima otredad de la muerte.
49
Poema V, “El cielo sin reposo”, La piedra escrita, 1961.
50
“El lenguaje, sobre la línea de la muerte, se refleja, halla en sí mismo como un espejo; y para
detener esa muerte que va a detenerlo, sólo tiene un poder: el de alumbrar en sí mismo su
propia imagen dentro de un juego de lunas que no tiene límites. […] Tal vez la configuración
del espejo hasta el infinito contra la pared negra de la muerte es fundamental para cualquier
lenguaje desde el momento en que ya no acepta pasar sin dejar huella.” Michel FOUCAULT,
“El lenguaje al infinito”, en De lenguaje y literatura, Barcelona, Paidós, 1996, 144.
51
“¿Te he dicho ya que pensé llamar una vez lejana a toda mi obra “Peniel”?”: Carta a José
Sanchís Banús, 7 de marzo de 1960, en SANCHÍS BANÚS – PRADOS, Correspondencia (1957-
1962), 271. Prados extrae el símbolo del relato de Génesis 32,23-33, donde se narra la lucha
de Jacob contra Dios.