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6. PUNTOS EN COMÚN
Tanto Mircea Eliade como María Zambrano comparten una concepción del conocimiento
que se aleja del racionalismo analítico para abrirse a formas de revelación simbólica. En
ambos, el acceso a la verdad no es lineal ni discursivo, sino que exige una transformación
interior que remite a un centro sagrado: un núcleo de sentido trascendente que no se alcanza
de manera directa, sino a través del rodeo, la espera, la repetición o la experiencia límite.
Para Eliade, el centro es el lugar de manifestación de lo sagrado, el axis mundi que
estructura el cosmos y al cual sólo se accede mediante ritos que imitan la cosmogonía
originaria. Para Zambrano, ese centro es también una presencia real, aunque velada, que
exige un tipo de razón distinta capaz de escuchar el “sentir originario”, esa fuente
prediscursiva e intuitiva que la razón instrumental ha olvidado. En este sentido, ambos
pensadores coinciden en que el conocimiento auténtico es inseparable de una experiencia de
retorno al origen.
Así como Eliade considera que el rito reactiva el tiempo mítico y permite regenerar la
existencia, Zambrano concibe la búsqueda filosófica como una forma de tránsito, un proceso
análogo a un rito de paso, en el que el sujeto debe renunciar a certezas y dejarse transformar
por lo que se revela desde el fondo. Esta estructura de retorno y transformación se apoya, en
ambos casos, en una crítica a la modernidad: Eliade denuncia la pérdida de lo sagrado y la
desacralización del mundo moderno, mientras que Zambrano señala la clausura de la razón
ilustrada y la necesidad de recuperar una vía de conocimiento que no excluya lo simbólico.
La idea de circunambulación como método implícito en ambos autores, el rodear en vez de
asaltar el centro, expresa precisamente esta actitud: no se trata de conquistar el sentido, sino
de recibirlo, tras un camino arduo y disponible al misterio.
7. CONCLUSIONES
Si el centro de la realidad es sagrado, resulta coherente que su modo de acceso exija respetar
la circunvalación ritual que se debe a los espacios sagrados.
La forma de la racionalidad moderna puede ponerse en relación con el mito del cazador
maldito, presente en diversas culturas y expresado, por ejemplo, en la figura de Acteón en la
tradición grecolatina, imagen de una voluntad de conocimiento que transgrede los límites
legítimos del ver y del saber. El cazador maldito representa a aquel que, impulsado por el
deseo de ver lo vedado, irrumpe en un ámbito sagrado sin mediación ni preparación, violando
el orden simbólico que exige distancia, espera o transformación interior. En el caso de
Acteón, su mirada impura sobre la diosa Artemisa lo condena: se convierte en presa de sus
propios perros, víctima de su impulso transgresor. Esta figura se puede leer como
representación de una racionalidad que busca poseer el conocimiento de manera inmediata,