Las crónicas de fray Francisco de Burgoa, O. P. (1604-1681):
Sinergia de Sagrada Escritura e Historia
The Chronicles of Fray Francisco de Burgoa, O.P. (1604-1681):
Interweaving Sacred Scripture and History
https://doi.org/10.46543/ISID.2534.1056
Jorge Vargas Corvacho, O. P.
École biblique et archéologique française
Jerusalén, Israel
vargas@ebaf.edu
frayjorgevargas@outlook.com
https://orcid.org/0000-0003-2254-1732
Resumen: Los aspectos bíblicos y teológicos en la obra del cronista dominico Francisco de
Burgoa (siglo XVII) han sido frecuentemente marginados en los estudios historiográficos, al
considerárseles accesorios o irrelevantes para la comprensión de la información histórica que
ofrecen las crónicas. Este artículo propone una reconsideración de dichos elementos,
presentando: a) una síntesis de la figura de Burgoa y de la finalidad de su escritura; b) una
aproximación a su comprensión de la Sagrada Escritura y de la Historia como loci theologici;
y c) una exploración de la correlación entre ambas disciplinas, tensión dialógica que atraviesa
y configura esas crónicas.
Abstract: The biblical and theological aspects in the work of the Dominican historian
Francisco de Burgoa (17th century) have often been marginalized in historiographical studies,
as they are deemed secondary or irrelevant to the understanding of the historical information
presented in his chronicles. This article proposes a reconsideration of these elements by
presenting: a) a synthesis of Burgoa’s figure and the purpose of his writing; b) an approach to
his understanding of Sacred Scripture and History as loci theologici; and c) an exploration of
the correlation between both disciplines—a dialogical tension that runs through and shapes
these chronicles.
Palabras clave: crónicas provinciales, dominicos, historia, Biblia, sentidos bíblicos,
Francisco de Burgoa
Keywords: Chronicles, Dominicans, History, Bible, Senses of Scripture, Francisco de Burgoa
Recibido: 4 de junio de 2025
Aceptado: 14 de agosto de 2025
Entre los documentos escritos que dan testimonio de la obra misionera en América a partir del
siglo XVI, ocupan un lugar destacado las crónicas de las órdenes religiosas
1
. Franciscanos,
1
Ver Robert RICARD, La conquista espiritual de México, México, Fondo de Cultura Económica,
1986, 47-72; Rosa CAMELO, “Historiografía eclesiástica colonial”, en Rosa CAMELO – Patricia
ESCANDÓN (coords.), Historiografía mexicana, vol. II, tomo 2, México, Universidad Nacional
dominicos, agustinos, entre otros, no solo se lanzaron por los caminos misioneros sino que
dedicaron atención y energía a reflexionar sobre sus ideales, su propio desempeño, y a crear
conciencia de sí mismos a fin de construir su propio presente comunitario y mirar hacia el
futuro. Sería imposible reconstruir la historia de los dominicos en México, iniciada en 1526,
sin recurrir a las crónicas de Agustín Dávila Padilla para la primera etapa —siglo XVI—,
Antonio Remesal sobre Chiapas, o Francisco de Burgoa para Oaxaca, solo por citar algunos
ejemplos notables.
1. IMPORTANCIA DE LA CRÓNICA DE FRANCISCO DE BURGOA
Los dos libros de crónica histórica de fray Francisco de Burgoa, por sus títulos abreviados
Palestra historial y Geográfica Descripción
2
comparten el honor de ser el más importante
documento, por extensión y contenido, que trata de la participación de los dominicos en la
fundación de la cultura e iglesia en el estado mexicano de Oaxaca, desde sus antecedentes
hasta el segundo tercio del siglo XVII
3
.
A decir de Barbro Dahlgren, “la Geográfica Descripción sigue siendo una obra
indispensable para tantos aspectos de la historia de Oaxaca de los siglos XVI y XVII”
4
. Por otra
parte, consta que el insigne historiador Juan B. Carriedo consideraba a Burgoa “el historiador
más completo de los que escribieron la historia de nuestro Departamento”, es decir, de
Oaxaca
5
. Robert Ricard y fray Esteban Arroyo, primer biógrafo de Burgoa, también
reconocieron, ya hace algunos años, la importancia de la doble crónica
6
.
Con todo, el polígrafo Andrés Henestrosa lamentó en su momento que Burgoa no
hubiera logrado una síntesis y, juzgándolo tal vez con excesivo rigor metodológico, no llegó a
considerarlo un historiador sino una suerte de recopilador, pues “no es la suma de datos, de
documentos, de verdades, lo único que constituye a un historiador [...] quedan entonces la
Autónoma de México – Instituto de Investigaciones Históricas, 2012, 671-686.
2
Fray Francisco de BURGOA, PALESTRA HISTORIAL de virtudes y ejemplares apostólicos [...]
(Biblioteca Porrúa 94), México, Porrúa, 1989; ID., GEOGRÁFICA DESCRIPCIÓN [...] vols. I y II
(Biblioteca Porrúa 97-98), México, Porrúa, 1989. Citamos las obras de Francisco de Burgoa por el
número del capítulo y el número de página de la edición de uso, separados por un punto. El
volumen único de la Palestra historial, incluye todos sus capítulos, desde la presentación y el 1.25
(capítulo 1, página 25) hasta el 80.598; mientras que los dos volúmenes de la Geográfica
descripción van respectivamente desde los preliminares y el 1.25 hasta el 39.417 el primero, y
desde el 40.1 hasta el 80.498 el segundo. En adelante Palestra y Geográfica. La capitulación es
constante en las diferentes ediciones.
3
Sobre las diferentes ediciones de la obra de Burgoa ver Eduardo R. IBARRA, “Francisco de Burgoa,
historiador de la provincia de San Hipólito de Oaxaca. Siglo XVII”, en CAMELO – ESCANDÓN,
Historiografía mexicana, 1075-1110, 1089-1090. De modo sumario puede hablarse de dos tipos:
por una parte la primera edición (Juan Ruiz, 1670 y 1674) está reproducida en facsímil por Miguel
Angel Porrúa y diversas instituciones culturales mexicanas en 1997. La versión en escritura
moderna por otra Editorial Porrúa, utilizada aquí —que viene a ser tercera edición— corresponde
a la edición a cargo del Archivo General de la Nación — México, Publicaciones Gráficas de la
Nación, 1934. En resumen: 1670/4 – 1934 – 1989 – 1997. La edición de Porrúa une legibilidad y
difusión, lo que no impide cotejarla con la tipografía antigua cuando sea oportuno.
4
Barbro DAHLGREN, “Breve Presentación”, en Geográfica, vii-x, x.
5
R. L. (sic), “Fray Francisco de Burgoa”, en Palestra, vii-xii, vii.
6
P. RICARD, La conquista, 86, dice refiriéndose a los dominicos: “en materia de crónicas quedan
solamente como fuentes principales las obras de Dávila Padilla, de Méndez y de Burgoa, que, a
pesar de sus defectos, prestan las mejores garantías”. Ver también Esteban ARROYO, Fray
Francisco de Burgoa, O. P. (Cronista oajaqueño del Siglo XVII), Oajaca, Méjico, Imprenta
Camarena, 1954: Burgoa “nos da sin fin historias interesantísimas” (p. 97).
Palestra y la Geográfica Descripción como meras fuentes, como el monte de notas por el que
hay que atreverse en busca de la flor o de la aguja perdida en el pajar”
7
. En fecha más
reciente, Eduardo R. Ibarra acierta al reconocer en el legado de Burgoa una “espléndida
fuente” de historia de la Iglesia, de Oaxaca, del arte, de los métodos misionales, etc
8
.
A la falta de coherencia sintética de los textos de Burgoa se une el problema de su
estilo literario, particularmente difícil por su “barroquismo exagerado”
9
. Dice Ricard:
Pocos escritores habrá más difusos y más confusos que Burgoa, pocas obras más fastidiosas e
indigestas que las suyas, ya que en ellas las indicaciones precisas y positivas quedan sumergidas
por los recuerdos y citas bíblicas y anegadas en un fárrago que tiene la pretensión de edificar,
pero no logra sino fatigar
10
.
El padre Arroyo es todavía más severo:
Su lectura es fatigosísima, sobre todo para el historiador que con prisa va en busca de datos
históricos. Es desesperante ver al autor salirse del tema con muchísima frecuencia y por largas
páginas. Sus digresiones por el campo de la Teología, Sagrada Escritura, etc., resultan
inaguantables [...] lo que sucedía es que su fin principal no fué narrar, catalogar y decirnos, en
buena lógica, las hazañas de nuestros mayores
11
.
Es interesante que las críticas al estilo de Burgoa se refieran particularmente al campo
bíblico y teológico. Burgoa, como veremos, enseñó teología durante años, así que “lo que se
propuso fue dar buena doctrina e inspirar sentimientos de piedad a los frailes, por lo que no
debe extrañarse el recargo de erudición”
12
. Por esta precisa razón Burgoa recibió alabanzas de
sus contemporáneos, como Pedro Rodríguez Velarde, censor de la Geográfica Descripción,
que lo encuentra “advertido en la colocación”, “cuidadoso en las palabras”, “grave en las
sentencias”, “copioso en el estilo”, y diestro para extraer moral de la historia e inspirar ideas y
virtudes
13
. El franciscano Miguel de Aguilera, a partir del estilo de Burgoa, alcanza a discernir
su método, describiéndolo así: “llenóse desvelado de las noticias de la Sagrada Escritura
buscó entre afanes las vidas de los varones perfectos de su Provincia, y hallóse con tanto
caudal de ejemplares, con que mover a sus súbditos a la obediencia de las leyes, y preceptos
de su Regular Instituto”
14
.
Hoy todavía se reconocen las cualidades de la escritura de Burgoa: así Eduardo R. Ibarra
15
le alaba la “eficacia en la comunicación de ideas”, y la “gran racionalidad y objetividad en la
7
Andrés HENESTROSA – Adán CRUZ BENCOMO (Intr. y compilación), Alacena de minucias (1951-
1961), México, Miguel Ángel Porrúa, 2007, 562 (artículo publicado periodísticamente el 18 de
mayo de 1958).
8
IBARRA, “Francisco de Burgoa”, 1094.
9
Rosa CAMELO, “Las crónicas provinciales de órdenes religiosas”, en Brian F. CONNAUGHTON –
Andrés LIRA GONZÁLEZ (coords.), Las fuentes eclesiásticas para la historia social de México,
México, Universidad Autónoma Metropolitana – Instituto Mora, 1996, 165 (165-176).
10
RICARD, La conquista, 63.
11
ARROYO, Fray Francisco, 93. Este autor reprueba aun los títulos de las dos obras pues, a su
parecer, “no reflejan su contenido”; p. 87.
12
Opinión de Juan B. Carriedo recogida en R. L., “Fr. Francisco”, x.
13
Pedro RODRÍGUEZ VELARDE, “Aprobación y Censura”, en Geográfica, 5-6, 5.
14
Miguel de AGUILERA, “Licencia”, en Palestra 3-5, 4.
15
Cf. E. R. IBARRA, “Fray Francisco de Burgoa, imagen de una provincia novohispana”, en Margo
GLANTZ (ed.), Sor Juana Inés de la Cruz y sus contemporáneos (Colección Cátedras), México,
Facultad de Filosofía y Letras – Universidad Nacional Autónoma de México – Centro de Estudios
de Historia de México, 1998, 73-105, 100.
organización de contenidos y uso del lenguaje”.
Ante Burgoa conviene aplicar la pauta de Rosa Camelo para aproximarse a la historiografía
colonial en general, que es
abandonar el criterio de que poco se puede encontrar en estas crónicas porque “son de segunda
mano”, que sólo repiten lo que autores más cercanos a los hechos dejaron dicho y que su valor
radica sólo en lo poco nuevo que agregan. Es mejor partir de una actitud más comprensiva de
sus creencias y percepciones sobre muchas cosas
16
.
Ricard, a su manera, nos dirá que “es indispensable resignarse a recoger las espigas entre la
abrumadora paja de esos dos pesados libros”
17
.
El presente artículo es un modesto fruto de un primer rastreo de los abundantes y variados
elementos bíblicos en la obra de Francisco de Burgoa, un área por lo visto frecuentemente
postergada. Ese tema es un filón inagotable, pero de entrada puede reconocerse la obra de
Burgoa como producto de una constante sinergia o convergencia de dos corrientes: la
Historia, y la Sagrada Escritura, primera sede de la teología. Es eso lo que descubrieron en su
momento los primeros lectores, y que se intenta mostrar a continuación.
2. EL HOMBRE Y LA OBRA
2.1. Datos biográficos
Francisco de Burgoa nació en Antequera —hoy ciudad de Oaxaca de Juárez— hacia 1604
18
,
de familia criolla; recibió el hábito dominicano en 1619, profesando al año siguiente; y fue
ordenado sacerdote en 1627
19
. Un siglo antes, en 1528, siete años después de la caída del
imperio mexica, habían llegado los primeros dominicos al Valle de Oaxaca, a la Antequera
que en 1532 recibió el título de ciudad. En 1592 era fundada la nueva provincia de San
Hipólito de Oaxaca, escindida de la de Santiago de México, pero cuya división fue efectiva
desde 1599
20
.
El convento nuevo de Santo Domingo de Soriano, joya arquitectónica, fundado en
1608
21
fue sede y faro de la irradiación apostólica, misionera y cultural de la nueva provincia,
y estaba provisto de Studium o facultad eclesiástica fundado en 1603
22
, en línea con la
tradición escolástica y tomista de la Orden de Predicadores.
De este marco de formación espiritual, intelectual y apostólica surgieron figuras
notables, de las que Burgoa da cuenta y entre las que podemos incluirlo. El propio cronista, al
narrar la vida de fray Jerónimo Moreno en un texto que podría referirse a sí mismo, subraya
“lo mucho, que prometía el sujeto, pues en la cordura, madurez, y sosiego, sobre tanto
ingenio, se aseguraban fábricas muy subidas de fraile Dominico de importancia para la
16
CAMELO, “Historiografía”, 686.
17
RICARD, La conquista, 63.
18
Cf. ARROYO, Fray Francisco, 15. Un conjunto de datos biográficos se encuentra en IBARRA,
“Francisco de Burgoa”, 1076-1088.
19
Cf. IBARRA, “Francisco de Burgoa”, 1080; 1082; ARROYO, Fray Francisco, 21.
20
Cf. Miguel Ángel MEDINA, Los dominicos en América. Presencia y actuación de los dominicos en
la América colonial española de los siglos XVI-XIX, Madrid, MAPFRE, 1992, 83; Tomás S.
GONZÁLEZ, “La creación de la provincia de Oaxaca: crecimiento y criollización”, en José
BARRADO (ed.), Actas del II Congreso Internacional sobre los dominicos y el Nuevo Mundo
(1989) (Los dominicos y América 6), Salamanca, San Esteban, 1990, 453 (453-473).
21
Cf. MEDINA, Los dominicos, 83.
22
Cf. IBARRA, “Francisco de Burgoa”, 1084.
cátedra, púlpito y gobierno”
23
. Cátedra, púlpito y gobierno es una sugestiva enumeración de
aspectos de la vida dominicana, y pueden con justicia aplicarse al autor mismo, Burgoa,
puesto que en los tres campos floreció.
Fray Francisco, una vez sacerdote, fue enviado a la misión de Huitzo, y más tarde a
otros pueblos de la Mixteca. Conocía bien las lenguas mixteca y zapoteca. En cuanto a la
cátedra, en 1627 recibió el grado de lector y en 1649 el de maestro, de modo que debió haber
ejercido la enseñanza en el Studium de Santo Domingo
24
. En 1631 fue maestro de novicios.
Gobernante lo fue como prior de Antequera, Yanhuitlán, vicario de Zaachila y prior provincial
dos veces (desde 1649 y en 1662-1666). En 1656 representó a su provincia en el Capítulo
General de Roma, lo que le significó un viaje de muchos meses relatado en su Itinerario.
Murió en Zaachila en 1681.
2.2. La doble crónica
Como cronista —o mejor como téologo-historiador— Francisco de Burgoa nos dejó dos
obras, la Palestra Historial y la Geográfica Descripción, fruto por un lado de su
conocimiento de la escritura y la teología, de su métodos, de su apasionada filiación
dominicana, pero sobre todo de su amoroso conocimiento de la realidad humana, social y
cultural de su región, antigua y contemporánea.
En opinión de Rosa Camelo, “la mayoría de los frailes a quienes se les designó
cronistas de su orden tuvieron un papel destacado dentro de la misma y dentro de la
sociedad”
25
; los cronistas solían ser hombres de letras y no misioneros
26
, pero Burgoa
participaba de ambos perfiles.
Eduardo Ibarra afima del díptico de crónicas que
[...] tal como él la concibió, se trata de una historia de la provincia de Predicadores de San
Hipólito Mártir de Oaxaca, dividida en dos partes; y la razón por la que cada una de ellas lleva
un nombre particular como si se tratase de dos obras diferentes, es que, en efecto, los contenidos
de ambas son esencialmente distintos [...]
27
.
En 1644, Burgoa recibió el encargo de escribir la historia de su provincia, dando inicio a la
preparación de la Palestra, en 79 capítulos (falta un 59), que trata primordialmente de la
fundación de la Orden en México y Oaxaca, y más tarde la historia de la provincia de San
Hipólito, con extensas vidas de frailes, y que también incluye episodios y documentos
históricos, casi siempre en diálogo con la Escritura y la teología. Fue concluida en 1667 y
publicada en 1670.
La Geográfica Descripción, en 80 capítulos, está dispuesta como una descripción de la
geografía oaxaqueña y de las casas y conventos de la provincia, pero incluye también
numerosas semblanzas de frailes, más bien breves y formando grupos, con la misma tesitura
23
Geográfica, 22.247.
24
Cf. ARROYO, Fray Francisco, 43.
25
CAMELO, “Dos tipos de crónica, la crónica provincial y la crónica de evangelización”, en Alicia
MAYER (coord.), El historiador frente a la historia: historia e historiografía comparadas (Serie
Divulgación 11), México, Universidad Nacional Autónoma de México – Instituto de
Investigaciones Históricas, 2009, 17 (7-24).
26
Cf. Asunción LAVRIN, “La visión de la historia entre las órdenes mendicantes: el cronista religioso
en la cultura urbana novohispana”, en Francisco Javier CERVANTES BELLO (coord.), Libros y
lectores en las sociedades hispanas: España y Nueva España (XVI-XVIII), Puebla, Benemérita
Universidad Autónoma de Puebla, 2016, 25-55, 29.
27
IBARRA, “Francisco de Burgoa”, 1095.
histórica, literaria y teológica de la Palestra. Fue escrita en Zaachila en 1669-1670 y publicada
en 1674
28
.
2.3. Autoconciencia de Burgoa como cronista
Las crónicas provinciales son, a decir de Rosa Camelo, “el género más abundante en la
historiografía novohispana”
29
, y comenzaron a cultivarse desde la primera hora a partir de
noticias, testimonios, narraciones, documentos en los nacientes archivos conventuales y
capitulares, y sobre todo de las actas de los capítulos provinciales, documentos vinculantes
que concentran los acuerdos de las diferentes provincias de religiosos, así como información
complementaria pero esencial para la historia como son las asignaciones de los frailes.
Respecto al contenido, la misma autora precisa que “una crónica provincial de orden religiosa
es el escrito de género historiográfico que pretende narrar la historia de la fundación y
desarrollo de una provincia de regulares”
30
.
La crónica provincial, como toda crónica histórica, no es solo una acumulación
impersonal de datos más o menos familiares al autor, sino el testimonio de una manera de ver
el mundo, la experiencia personal y colectiva, pasada y presente, y la proposición de un
modelo de institución y un espacio en la historia
31
.
Pero, ¿qué dice Francisco de Burgoa sobre su propia labor de cronista, del teólogo
experto que se convierte en historiador aficionado? En el prólogo de la Palestra el fraile nos
dice que escribió por obediencia: “movió Nuestro Señor al espíritu del Prelado Superior de
nuestra Religión a que mandase recorrer las memorias de los huesos de nuestros primitivos
religiosos, que con los ejemplares de vida, fundaron el tesoro de tan señaladas virtudes”. El
propósito de Burgoa es, así, doble: “mi deseo ha sido obedecer con el acierto, y mover con los
ejemplos”
32
.
Las ideas de Burgoa sobre los temas de su atención se encuentran esparcidas por
diversos lugares, con variedad de formulaciones, pues no es un autor particularmente
sistemático. Un texto sugerente sobre el sentido que él da a su crónica está ya casi al final de
la Geográfica descripción, en el c. 77 titulado Del celo con que el oficio de la predicación
evangélica obliga a sus ministros. Ahí se nos invita a que “abramos nosotros los ojos para ver
y conocer los que como huellas de los hermosos pasos de aquellos primitivos padres, nuestro
(sic) maestros y predicadores”
33
. Un poco más adelante Burgoa recapitula retrospectivamente
su objetivo principal:
este es el fin a que se consagró esta tarea, y las fatigas con que la he delineado, es que el estado
en que nos dejaron nuestros padres y maestros del oficio evangélico, esta Providencia
(Provincia) nuestra madre no descaezca por nuestra omisión y descuido.
Y en seguida:
no os he dicho, lo que he escrito en esta Historia, con estilo levantado, ni afectadamente pulido,
ni presumidamente estudioso, mi intento es animar a todos los de mi profesión, a que miren los
28
Cf. IBARRA, “Francisco de Burgoa”, 1089.
29
CAMELO, “Las crónicas provinciales”, 165.
30
CAMELO, “Historiografía”, 675.
31
Cf. Valeria AÑÓN – Clementina BATTCOCK (coords.), “Las crónicas coloniales desde América:
aproximaciones y nuevos enfoques”, Latinoamérica 57 (2013) 158 (153-159),
https://doi.org/10.1016/s1665-8574(13)71715-0.
32
Palestra, Prólogo.24.
33
Geográfica, 77.420.
testimonios y ejemplares que nos ha puesto Jesucristo de la imitación de su vida, en hombres de
la mesma pasta frágil.
Encontramos aquí los tres aspectos esenciales del proyecto: Una recuperación del pasado,
desde la perspectiva del presente, con visión de futuro.
1. Recuperación del pasado. La publicación de la obra de Burgoa está en el medio exacto de
los trescientos años de período virreinal en México (1521-1821). Es decir, el autor debía dar
cuenta de siglo y medio de cristianismo, vida religiosa y vida dominicana en su tierra. Ya no
solo se trataba de la primera generación, de aquellos religiosos que cruzaron el Atlántico para
coadyuvar a la fundación de un nuevo mundo; era preciso, además de preservarlos a ellos del
olvido, hacer un recuento o balance de subsiguientes generaciones a través de sus glorias y
dificultades. En última instancia, había que verificar si la misión de establecer la Iglesia en el
nuevo continente se estaba llevando a cabo. Las crónicas de Burgoa se inscriben en una etapa
de consolidación de provincias
34
, asi como del progresivo desarrollo del criollismo en el
Nuevo Continente y del regionalismo en Oaxaca.
2. Un proyecto de presente por la imitación y emulación de antiguos paradigmas: “mirar los
testimonios y ejemplares”
35
. En este sentido la intención moralista y ejemplarizante de Burgoa
se inscribe en la tradición de la hagiografía eclesiástica, es decir, de las vidas de santos
36
;
numerosos capítulos de Burgoa son verdaderas vidas según los modelos hagiográficos
antiguos, desde los mártires y ermitaños hasta la Edad Media y el Siglo de Oro, mas
presentando a personajes más cercanos al autor en tiempo y espacio. La extensa sección de la
Palestra (cc. 47-53) sobre fray Lope de Cuéllar, se escribió para ser enviada a Roma con la
intención de promover la beatificación del religioso
37
. Burgoa se esmera en promover
constantemente los ideales del cristianismo y de la orden dominicana, mostrando cómo han
sido cumplidos con éxito — no abundan en las crónicas las historias de fracasos morales.
Al recuperar el pasado e interpretarlo, las órdenes intentan —además— construir una
identidad propia, justifican sus logros ante la sociedad y el poder, y exaltar a los fundadores
de las órdenes y de las provincias
38
, lo que hizo Burgoa copiosamente ya desde el inicio de la
Palestra.
34
Cf. Antonio RUBIAL GARCÍA, “Las órdenes mendicantes evangelizadoras en Nueva España y sus
cambios estructurales durante los siglos virreinales”, en María del Pilar MARTÍNEZ LÓPEZ-CANO
(coord.), La Iglesia en Nueva España. Problemas y perspectivas de Investigación (Historia
Novohispana 83), México, Universidad Nacional Autónoma de México – Instituto de
Investigaciones históricas, 2010, 225 (215-236); IBARRA, “Fray Francisco de Burgoa, imagen”, 77-
78.
35
Ver también Palestra, 54.403: “despertarla en imitaciones de las ideas vivas de religión y
santidad”; Geográfica, 78.452: “Poner a los ojos de los venideros, como ideas animadas donde
aprendan el fervor”.
36
Ver p. e. Antonio RUBIAL GARCÍA, “La Hagiografía. Su evolución histórica y su recepción
historiográfica actual”, en Doris BIEÑKO DE PERALTA – Berenise BRAVO RUBIO (coords.), De
sendas, brechas y atajos. Contexto y crítica de las fuentes eclesiásticas, siglos XVI-XVIII, México,
Escuela Nacional de Antropología e Historia, 2008, 15-33.
37
Cf. Palestra, 53.401.
38
Cf. José Rubén ROMERO GALVÁN, “Las Crónicas Provinciales como fuentes para el conocimiento
histórico”, en BIEÑKO DE PERALTA – BRAVO RUBIO, De sendas, 55-60, 55; Gonzalo TLACXANI
SEGURA, “La crónica provincial novohispana en la legitimación de un discurso eclesiástico”,
Tempus. Revista en Historia General 5 (2017) 137 (133-151),
https://doi.org/10.17533/udea.tempus.n5a06.
3. Visión de futuro. Burgoa no quiere que su provincia dominicana decaiga “por nuestra
omisión y descuido”; el sentido último de custodiar el pasado y recapitularlo en el presente no
estaría completo sin mirar hacia el porvenir y enlazar con él; no se trata de la mera
supervivencia de la estructura provincial sino de su bonanza y consolidación, sobre todo
espiritual y religiosa
39
.
Una de las características evidentes de la metodología de Burgoa es el deseo de
fundamentar —o al menos proponer, en cuanto sea posible— todas las cosas a partir de la
Sagrada Escritura. Ya sobre la pertinencia y oportunidad de desarrollar una crónica de los
frailes antiguos, nuestro autor se apoya en un pasaje del libro de Ezequiel (c. 37), sobre los
huesos secos que en virtud del aliento del Señor recuperan la consistencia y la vida, para
describir así su función mediante una alegoría: los huesos de los antiguos israelitas son ahora
los ejemplos y tesoros de los antiguos religiosos y el cronista ha de revivirlos, en cierto modo.
A continuación encuentra su método en el evangelio de san Mateo (13,52), “todo escriba
entendido en el Reino de los Cielos, es parecido a un padre de familia, que saca de su tesoro
cosas antiguas, y nuevas”
40
.
En todo caso, estos dos argumentos son muestras del método y estilo de fray
Francisco, utilizando la Escritura —y en general la teología— para interpretar la historia. No
se trata, pues, de un mero ejercicio de exégesis o interpretación bíblica; el proyecto de Burgoa
es de naturaleza histórica y hagiográfica, bíblica y teológica. Estos son los dos elementos a
considerar a continuación.
3. DOS EJES DE LA OBRA DE BURGOA: SAGRADA ESCRITURA E HISTORIA
3.1. Sagrada Escritura
3.1.1. La Biblia y la vida
El censor, padre Aguilera, supo descubrir el valor bíblico del trabajo de Burgoa, cuya
erudición llena su Historia “de ejemplares deducidos de la Sagrada Escritura, discurridos con
profundidad tan discreta que ofrece igualmente con ellos motivos ardientes de caridad a las
voluntades”
41
.
Francisco de Burgoa se mueve en un marco de pensamiento estrictamente católico, y
no encontramos en él cuestionamientos o reinterpretaciones originales de los contenidos de la
fe o la teología, y ninguna variación en lo que se refiere a la grandeza e importancia de la
Sagrada Escritura. Burgoa da numerosas pruebas de su amor al texto sagrado, al decir que la
Biblia es el mejor libro, a leer “con grande veneración, y respeto, como dictado del Espíritu
Santo, y así le dará a entender sus misterios”
42
, y que aprovecha para la predicación. Los
testimonios de las sagradas letras posibilitan la reflexión teológica, pues contienen
”innumerables misterios de los que se valen a la letra los Sagrados Doctores contra los más
astutos y cavilosos heresiarcas”
43
. En este sentido Burgoa concuerda bien no solo con la
tradición cristiana sino con la teología escolástica de Melchor Cano (1506/1509-1560),
teólogo dominico en Salamanca y en el Concilio de Trento, discípulo de Francisco de Vitoria,
39
Cf. IBARRA, “Fray Francisco de Burgoa, imagen”, 86; LAVRIN, “La visión”, 27; AÑÓN –
BATTCOCK, “Las crónicas”, 159.
40
Palestra, Prólogo.24.
41
Cf. AGUILERA, “Licencia”, 4.
42
Geográfica, 7.80. Acerca de la atribución al Espíritu Santo como fórmula mínima de la doctrina de
la inspiración bíblica, ver también Palestra, 24.164; 24.168.
43
Palestra, 33.210; cf. Palestra, 50.368.
influyente autor del tratado De Locis Theologicis
44
para quien la Biblia es el primero de nueve
lugares teológicos, que son la Sagrada Escritura, las tradiciones apostólicas, la autoridad de la
Iglesia universal, los concilios, la Iglesia romana, los santos antiguos, los doctores
escolásticos, la razón natural, los filósofos y la historia humana. Es ahí en donde los teólogos
deben encontrar los argumentos para desarrollar su labor, y la Biblia es el punto de partida
pues —dice Cano— “si no pusieras con fidelidad este fundamento, todo lo que edifiques
encima en Teología se vendrá abajo”
45
.
A decir de Eduardo R. Ibarra, la Biblia es una fuente que explica y da sentido al
trabajo de Burgoa
46
. Pero no se trata de una devoción u opción personal del religioso o del
escritor; Burgoa deja constancia de la importancia de la Biblia en la vida y ministerio de todos
los frailes, a ejemplo de Santo Domingo (1170-1221) fundador de los dominicos.
De fray Gabriel de Santaella, nos dice la Geográfica descripción
47
que “empleaba
días, y noches en continuo estudio, de la Escritura Sagrada, y en los derechos canónicos”, y de
otro fraile, que se dedicaba a la lección de la Sagrada Escritura, de libros devotos, vidas de
santos, y al estudio de la lengua de su apostolado
48
. Estos son mínimos sumarios del ideal del
estudio, pero en Burgoa encontramos, además, noticias variadas sobre la importancia de la
Biblia en formación de los frailes, junto a Santo Tomás de Aquino, maestro por excelencia
49
,
acerca de la memorización de secciones bíblicas, particularmente el salterio y las cartas de
San Pablo, noticias de ejemplares de la Biblia en posesión de los frailes, o bien de la Escritura
como instrumento privilegiado para la predicación.
Son casos paradigmáticos el de aquel fraile que “se dio al estudio de los sentidos de la
Escritura Sagrada”
50
o de aquel otro que, habiendo implorado la ayuda divina, “en pocos años
alcanzó tanto en el sentido literal de la Escritura [...] que después cuando predicaba, admiraba
a los hombres más doctos, y versados en divinas letras”
51
.
No basta, empero, la erudición bíblica. Burgoa da cuenta de cierto fraile que, “siendo
tan versado en la Sagrada Escritura, y consumado teólogo, no fiaba estas ocasiones del
estudio”
52
y añadía a su labor oración y disciplinas.
Burgoa sabe dar testimonio de la importancia de la Biblia como contenido de la
predicación, como cuando habla de un fraile Maestro que “predicó muchos años con igual
crédito de su estudio en la Sagrada Escritura”
53
, o de vidas consagradas a la enseñanza de la
teología y la Escritura
54
. Da cuenta también de algunas obras de tema bíblico escritas por
frailes dominicos
55
. Y si Burgoa recuerda con frecuencia la importancia de las lenguas locales
44
Cf. Melchor CANO – Juan BELDA PLANS (ed.), De locis theologicis (BAC maior 85), Madrid,
Biblioteca de Autores Cristianos, 2006.
45
CANO, De locis, 2.1, p. 14. Cano atribuye, como Burgoa, el texto sagrado al Espíritu Santo.
46
Cf. IBARRA, “Francisco de Burgoa”, 1100.
47
Geográfica, 22.251.
48
Cf. Geográfica, 22.222.
49
Sobre formación e itinerarios formativos ver p. e.: Palestra, 15.116; 17.126; 21.140; Geográfica
13.132-133; 19.181. Sobre la Biblia en el ajuar de los frailes: Palestra, 40.275; 76.563.
50
Geográfica, 49.74.
51
Geográfica, 7.80.
52
Geográfica, 10.102.
53
Palestra, 69,516.
54
Es el caso de fray Juan Noval, que enseñó durante veinte años artes, teología y Escritura (cf.
Geográfica, 22.241).
55
Libros de tema bíblico: sobre Job 7 “Militia est vita hominis” (Geográfica, 22.251-252); exposición
del Miserere (Geográfica, 22.232); traducciones a las lenguas locales —un tema delicado dadas las
restricciones eclesiásticas a la traducción bíblica—, p. e. en Geográfica, 22.251, donde cierto fraile
“tradujo en la lengua, el Símbolo de san Atanacio, los Evangelios, y Epístolas de san Pablo para
instrucción de los ministros, que tanto les han aprovechado”.
para la predicación y el ministerio, este punto toca necesariamente el área de la Biblia, la
teología y la catequesis. A este respecto, nuestro cronista ofrece una noticia muy particular,
que podría considerarse de pastoral bíblico-litúrgica, pues fray Francisco Saravia se sirvió de
traductores a la lengua local
[...] empleando la buena habilidad de estos hijos suyos en hacerles trasladar en su lengua el
Catecismo y un Homiliario que les compuso de los domingos y festividades principales del año
en que sobre el texto del Evangelio les exponía las moralidades más a propósito, con los
misterios de fe que podían aplicarse aquel día y en cada pueblo tenían un libro de éstos y dos o
tres indios ladinos señalados para que faltando el ministro de aquel pueblo, subiese uno de los
indios ladinos sobre una peaña y sobre un atril puesto el libro, junta toda la gente el día festivo a
la hora de misa, leyese en voz alta aquella homilía [...]
56
.
De modo que esta práctica reúne diferentes fases de acercamiento al texto: traducción,
aplicación/explicación y proclamación. Burgoa recapitula, cerca ya del final de la Geográfica
descripción, diciendo de los dominicos que,
con el estudio de las Sagradas Escrituras se ocupan con instancia en el aprovechamiento de las
almas, y sin cesar se emplean en los divinos oficios, y oraciones comunes, y perseverando en la
predicación evangélica con ardor de espíritu esparcen por todas partes la luz de la palabra
divina
57
y, poco después, añade que “en la armería espiritual de la Sagrada Escritura, nos puso el Espíritu
Santo, arneses de excelente temple para todas necesidades, y escudos de defensa para los
acasos”
58
.
3.1.2. Uso y lectura de la Sagrada Escritura
Hemos dicho ya que Burgoa no se aparta de la doctrina católica y escolástica; no es un
téologo innovador. En su comprensión y aplicación de los textos bíblicos es posible reconocer
algunos principios hermenéuticos que guían invariablemente, como una brújula, su trabajo de
cronista y teólogo. Es la reserva de sentido del texto sagrado la que puede propiciar el flujo de
la argumentación, los extensos encadenamientos de argumentos, figuras y motivos bíblicos de
distintos niveles de significación que llenan las páginas de la Palestra y la Geográfica, así
como el encuentro de estas argumentaciones teológicas y poéticas con los múltiples planos de
la realidad, diálogo que el autor va desplegando con paciencia.
a) El Nuevo Testamento, plenitud del Antiguo
A la luz del misterio de Cristo, Burgoa sabe que el Antiguo Testamento no encuentra su
sentido más pleno —sensus plenior— en sí mismo, sino que tiende al Salvador, en el Nuevo
Testamento, como a su cumplimiento y perfección. En un segundo momento, esa apertura y
reserva de sentido tampoco se detiene en el nivel cristológico sino que se proyecta, por vías
teológica y retórica, en la Iglesia, la historia, los santos —particularmente santo Domingo—
hasta alcanzar la vida cotidiana de los frailes oaxaqueños, las “estampas de la vida regular”
(Geográfica, pról.16). Veamos algunos ejemplos.
56
Geográfica, 59.184.
57
Geográfica, 78.446.
58
Geográfica, 79.461.
En Burgoa es frecuente la denominación un tanto impropia de Ley escrita para el
primer testamento en contraposición a la Ley de gracia que es el Nuevo
59
. Burgoa juzga la
revelación o economía del Antiguo Testamento como incompleta y escasa, pues “no se
agotaron en la Ley Escrita los veneros del Espíritu Santo, para que dejasen de correr a la Ley
de Gracia en más copiosos raudales las avenidas de sus dones”
60
; “siendo en la Ley Escrita
sombras todas de la Ley de Gracia, en que el autor de ella, apareció en la vecindad de nuestra
naturaleza mortal”
61
.
b) Los textos del Antiguo Testamento tienden al Nuevo
El diálogo entre el Antiguo Testamento, el Nuevo y su posteridad, es constante en Burgoa. Así
p. e. las promesas de Isaías 56 se cumplieron en el Evangelio (cf. Geográfica, 41.9); en otra
parte Burgoa nos explica que la Sabiduría de Salomón en el libro de los Proverbios queda
superada por la palabra de Cristo, que es Sabiduría del Padre, y enseguida nos ofrece, en la
misma línea, una cuidadosa comparación entre el sacerdocio antiguo y el sacerdocio nuevo
(Geográfica, 16.155,156).
La manera más perfecta por la que el Nuevo Testamento cumple el Antiguo es la
tipología, es decir, que las figuras del Antiguo Testamento son una preparación para el Nuevo,
especialmente para figura de Cristo, el cual “cumple por su persona lo figurado” (Geográfica,
73.368). Así Moisés es figura de Cristo en tanto legislador y a Cristo se le llama “Nuevo
Moisés de la ley de gracia” (Geográfica, 58.170). Por extensión, y ya no por tipología, santo
Domingo de Guzmán también es “Nuevo Moisés de la ley de la gracia” (Palestra, 1.26) pues
legisló para los frailes. Esa alegoría está aderezada por una larga comparación entre santo
Domingo y Moisés.
Tipologías en sentido estricto son llamar a Cristo “el mejor Isaac”, el “verdadero Jacob
de los cielos”, “el mejor Salomón de cielos y tierra”, “segundo Adán”
62
. Y no hay que
confundir esta tipología bíblica con la figura de antonomasia, por excelencia, que sería llamar
a Cristo un nuevo Moisés o un nuevo Salomón, pues en la tipología el término excelente es el
más reciente, mientras que en la antonomasia el más noble es el más antiguo. Encontramos un
ejemplo polémico de este caso respecto a la identidad del Siervo de Yahveh en el segundo
libro de Isaías (cc. 42-53) en la Geográfica descripción
63
, donde Burgoa sostiene que el siervo
es Cristo, proclamado en el bautismo y la transfiguración:
veis aquí a mi siervo en nombre del Padre habla y junta este título con el de Hijo querido, que
declaró en el Jordán y en el Tabor, con el sonoro estruendo de una voz y que se entienda este
nombre de siervo por excelencia de Cristo, y no de Ciro Rey de los persas, como quieren los
hebreos, pruébanlo San Jerónimo [...] y San Epifanio”.
c) Acceso al sentido de la Escritura
En Burgoa encontramos la estructura clásica de los cuatro sentidos bíblicos como
dimensiones de significación: literal, alegórico, moral y anagógico, lo cual permite salir de la
univocidad hacia la flexibilidad y riqueza de sentido, siempre que éste sea adecuadamente
59
Sobre Ley escrita y Ley de gracia ver: Palestra, 32.203; 42.297; 68.510; Geográfica, 13.127;
55.139.
60
Palestra, 62.465.
61
Palestra, 65.485.
62
“El mejor Isaac”: Geográfica, 69.299; “verdadero Jacob de los cielos”: Ibid. 9.92; “el mejor
Salomón de cielos y tierra”: Ibid. 58.171; “segundo Adán”: Ibid. 45.34; 58.175.
63
Geográfica, 73.367.
establecido. Burgoa menciona sobre todo los sentidos literal —el punto de partida de la
hermenéutica— y moral, comprensible por el tema de sus escritos: una crónica edificante
sobre unos predicadores. El sentido alegórico lo desarrolla y explota permanentemente como
parte de su metodología, siendo frecuentes también las aplicaciones moralizantes
64
.
Corresponde al estudioso aplicarse al estudio de los sentidos de la Escritura. Nos narra
Burgoa sobre el lector Dávila, que “se ocupó muy de propósito en estudiar la Sagrada
Escritura, y a los Doctores Santos que la expusieron, y como el celo era sólo de aprovechar
sin dificultad, se enteró de los sentidos verdaderos que les enseñó el Espíritu Santo, y con
grandísima destreza, y facilidad, se valía de ellos”
65
. Notemos que, por un lado, el estudio de
la Escritura es insuficiente y lleva aparejado el de los expositores; y por su parte, los
expositores cuentan con la asistencia del Espíritu Santo para el desvelamiento del sentido
bíblico. De otro fraile se nos dice que “parecía un San Ambrosio, que dejaba suspensos a los
que lo oían, y con mucho que rumiar y digerir en las exposiciones y sentidos de la Sagrada
Escritura”
66
. Aquí encontramos de nuevo el binomio sentidos-expositores. Entre los
expositores propuestos por Burgoa sobresale el cardenal dominico Hugo de San Caro (c.
1200-1263), al cual elogia precisamente como “Autor y Maestro [...] de los cuatro sentidos de
toda la Escritura”
67
.
Los expositores o comentaristas, comenzando por los Padres de la Iglesia, están
cualificados para interpretar y desvelar los misterios del texto sagrado
68
; es por ello que
siempre hay que consultarlos y estudiar juntos ambos lugares, por un lado la Escritura y por
otro los padres y los expositores, que constituyen sus intérpretes autorizados.
En cambio, no parece que Burgoa considere la posibilidad de encontrar nuevos sentidos
o interpretaciones bíblicas que no estén ya propuestos por los padres o los expositores; el
estudio bíblico se reduce a recibir lo escrito y a predicarlo, con poco margen para la
investigación bíblica. Melchor Cano aborda precisamente esta cuestión en De locis
theologicis, libro 7, cc. 3-4 (p. 428-451) donde adopta una posición restrictiva, contra
Cayetano. Cita Cano a Cayetano:
64
Encontramos expresiones sobre el valor moral del texto bíblico; así p. e. Palestra, 15.115: “las
moralidades de la Sagrada Escritura”, o bien 16.118: “casos ejemplares del Testamento Nuevo y
Viejo”. Tenemos a aquellos frailes que “se instruyeron descubriendo y escudriñando los metros de
la escritura, ricos de virtudes” (Geográfica, 78.429), o bien cuando Burgoa se refiere a “lo moral
del Evangelio y fruto dello” (Geográfica, 68.280) o a un fraile que “sobre el texto del Evangelio les
exponía las moralidades más a propósito o de la vida del santo” (Geográfica 59.184). Conviene
insistir que en Burgoa el uso del Antiguo Testamento no es solo tipológico sino con frecuencia
meramente alegórico o moral; con gran frecuencia encontramos alusiones a figuras de liderazgo
como p. e. Moisés (Geográfica, 31.353; 37.391; 73.366-367), Josué (Palestra, 24.161), Saúl
(Palestra, 56.422) o David (Palestra, 4.59-60; Geográfica, 3.38-39; 17.166; 72.346-347; su
conflicto con Saúl en Geográfica, 70.310; 73.372; 80.484).
65
Palestra, 20,138.
66
Palestra, 56.419.
67
Palestra, 68.510. Es imposible abordar aquí el amplio tema de las fuentes de Burgoa. Entre sus
autoridades bíblicas y teológicas sobresalen santo Tomás (1225-1274), columna vertebral de la
formación escolástica de la Orden de Predicadores, san Agustín, y dominicos como Hugo de San
Caro, el jativense Tomás de Maluenda (1566-1628), y numerosos padres de la Iglesia. Con
frecuencia los textos citados o aludidos están tomados de fuentes indirectas o de repertorios de
erudición, con referencias bibliográficas oscuras o inexistentes. Ver en Geográfica el “Proemio a la
historia”, 19-23.
68
Cf. Palestra, 27.169-170; Geográfica, 41.9: “Muchos expositores sagrados entienden”; es decir, se
prefiere la mayoría de los expertos, y no necesariamente su originalidad, en lo que a
interpretaciones se refiere.
En el principio de sus Comentarios al Génesis dice (Commentaria in Genesim, Prólogo): Si
alguna vez se presentara un sentido nuevo acorde con el texto, aunque ajeno al manantial de
los Santos Doctores, el lector puede hacer de censor ecuánime. Y un poco despúes dice: Nadie
deseche un sentido nuevo de la Sagrada Escritura porque no es acorde con los antiguos
Doctores, pues Dios no ligó la exposición de las Sagradas Escrituras al sentir de los Antiguos
Doctores, sino a la misma Escritura íntegra bajo la censura de la Iglesia Católica. De otra
manera se nos quita a nosotros y a los que vengan detrás la posibilidad de explicar las
Sagradas Escrituras, a no ser, como suele decirse, transfiriéndolas de un libro a un cuaderno
69
.
Cano acusa a Cayetano de opinar como “los herejes y los cismáticos” y de despreciar la
Tradición
70
, y procede a refutarlo con diversos argumentos. La posición de Cano es que
en la exposición de las Sagradas Escrituras la inteligencia unánime de todos los Santos Antiguos
ofrece un argumento segurísimo a los teólogos para corroborar las afirmaciones teológicas,
como quiera que el sentir de todos los Santos es el mismo sentir del Espíritu Santo
71
.
Cano no admite error o deficiencia en los antiguos intérpretes que pudieren descalificarlos.
Sin embargo, en la práctica el teólogo matizará diciendo que un sentido nuevo, mientras no
contradiga a los padres, podría estar bien
72
, y que todavía hace falta mucho trabajo exegético:
“la Iglesia echa en falta la diligencia de sus intérpretes”
73
. En todo caso el intérprete de la
Sagrada Escritura “debe mirar siempre a los anteriores”
74
. Burgoa parece adherirse a la
opinión restrictiva de Cano, pues no parece considerar el hallazgo de nuevos sentidos.
d) Los exordios o introducciones a los capítulos
Dice B. Dahlgren en la presentación a la Geográfica Descripción
75
que Burgoa fue nombrado
maestro de teología “materia que enseñó durante varios años, y que seguramente explica las
largas y cansadas introducciones a cada capítulo”. Pienso que los profesores de teología
encontrarán este enfoque, cuanto menos, matizable, pero acierta Dahlgren al reparar en uno de
los aspectos más interesantes del Burgoa escriturista: las introducciones o exordios a los
capítulos
76
, un filón de teología y retórica bíblicas y barrocas.
La mayoría de los capítulos comienza con un exordio o preludio bíblico más o menos
extenso, por ejemplo un tema teológico, o una contentio. Contentio, dice el dominico fray
Luis de Granada (1504-1588) en su Retórica Eclesiástica, es una forma de comparación,
singularmente en el género demostrativo, cuando por razón de alabanza o vituperio cotejamos
una persona con otra
77
. Así, por ejemplo, el capítulo 1 de la Palestra, sobre la llegada de los
69
CANO, De locis, 7.3, p. 429.
70
Cf. CANO, De locis, 7.3, p. 430.
71
CANO, De locis, 7.3, quinta conclusión, p. 428.
72
CANO, De locis, 7.3, p. 430.
73
CANO, De locis, 7.4, p. 450.
74
CANO, De locis, 7.3, p. 437. En otro sitio (Ibid., 12.10, p. 781) Cano lamenta que, si bien en la
Sagrada Escritura se halla encerrado el principal tesoro de la argumentación teológica, “los
téologos más recientes no sólo son negligentes en la búsqueda de la inteligencia de la Escritura sino
también en muchos otros asuntos, especialmente en la extracción de los argumentos específicos de
la Teología”.
75
DAHLGREN, “Breve Presentación”, vii-viii.
76
Cf. IBARRA, “Francisco de Burgoa”, 1099-1100.
77
Cf. Libro V c. 11 § 27 en fray Luis de GRANADA, “Retórica Eclesiástica”, en Obras, tomo 3,
Madrid, Rivadeneyra, 1856, 593 (488-642); cf. IBARRA “Francisco de Burgoa”, 1092: “las figuras
comparadas con sus paradigmas bíblicos”, noción que puede incluir también otras formas de
dominicos a Antequera, comienza por la comparación de fray Domingo de Betanzos,
fundador de la provincia dominicana de México con Josué, sucesor de Moisés, pues si el
caudillo diseminó a las tribus iraelitas sobre la tierra de promisión, el fraile distribuyó a los
frailes por las tierras de Anáhuac. Esta contentio, nada escueta, pronto comienza a llenarse de
informaciones, metáforas, autoridades bíblicas, documentos.
El capítulo 2, sobre la instalación de los frailes en su primera habitación, comienza por
una referencia alegórica y un tanto moral a la Carta a los Efesios pues, si Dios unió a dos
pueblos, el judaico y el gentil, en un solo pueblo, hizo lo mismo al unir a los indios y a los
españoles. Ésta es otra manera de iluminar bíblicamente la realidad histórica. El capítulo 3,
donde retrocede cronológicamente hasta la primera llegada de los frailes a México, comienza
con una consideración —más bien moral— sobre la caridad y unidad que obligan a los
religiosos. Si bien el capítulo comienza por la primera carta a los Corintios, pasa con
prontitud a otros pasajes bíblicos.
Hay diferentes tipos de introducción a los capítulos; no siempre tenemos un parangón
o contentio, sino alguna referencia extensa a un pasaje en específico, como paráfrasis o
alegoría, o bien que las referencias bíblicas aparezcan como meras alusiones, o como
argumentos dentro de un tema teológico —el c. 3 de la Palestra, sin ir más lejos— o temas y
figuras mezclados o engarzados. A veces no hay tema bíblico fácilmente reconocible, o
simplemente no hay introducción, p. e. cuando el capítulo es continuación del anterior.
Es difícil establecer criterios unívocamente aplicables para la clasificación de los
inicios de los 159 capítulos de Burgoa. De todas formas, considero que alrededor de 113
capítulos de Burgoa comienzan con un exordio propiamente bíblico (58 de la Palestra, 55 de
la Geográfica Descripción)
78
.
Es manifiesta la importancia que Francisco de Burgoa asigna a la Sagrada Escritura en
el recuento, comprensión, fundamentación y presentación de la historia de su provincia de
frailes. Naturalmente nuestro autor recurre con frecuencia y amplitud a la teología patrística y
sistemática, a veces integrando extensas citas, particularmente de la Suma Teológica de santo
Tomás. Sin embargo, es fácil comprobar, por la lectura de las crónicas, que el diálogo entre
teología sistemática y realidad es muy diferente al discurso que brota de la Biblia, primer
lugar teológico. Burgoa no pasó por alto la sublimidad, riqueza, energía y poética de la
Escritura, y puso el Texto sagrado como sustrato fundamental de su proyecto.
3.2. La Historia
3.2.1. El sentido de la Historia
Una crónica es un ejercicio eminentemente histórico en su intención, contenidos y
procedimiento. Hemos visto que la finalidad de las crónicas, entre ellas la de Burgoa, se
resume en recordar para edificar, es decir, dejar constancia de los antiguos ejemplares y
mover a su imitación. En un segundo momento, se muestra que la perspectiva religiosa de la
crónica se arraiga fundamentalmente en la Sagrada Escritura. Ahora conviene detenerse en el
tema de la historia.
Asunción Lavrin ha descubierto en las crónicas religiosas elementos de reflexión sobre
el sentido de la historia y la función del historiador
79
. Gonzalo Tlacxani, por su parte, habla de
símiles y ejemplos.
78
Palestra: 1-2.4-15.18-19.21-23.26-29.31.33.35-40.42.45-51.53-54.56-58.61.65-69.72-78;
Geográfica descripción: 2-9.12-14.16-17.19-20.22-26.28-33.35-38.40-41.43-44.48.52.55-59.61-
66.68.70.74.77.79-80.
79
Cf. LAVRIN, “La visión”, 30-40.
una poética de la historia
80
, por la que la representación escrita —literaria— de la realidad
obedece más a la visión del historiador, a los problemas que pretende afrontar y al “espíritu de
una época pasada”, la del historiador, que a la naturaleza de los datos. En historia sin duda hay
una tensión entre la subjetividad, estrategia y finalidad del historiador y la realidad que intenta
describir apoyado selectivamente en sus fuentes
81
.
Dice el propio Burgoa en el prólogo de la Palestra:
El historiador, que en el Reino de la Iglesia militante desea cumplir con su obligación ha de ser
advertido: que imite al poderoso, y bien alhajado, que en las ocasiones de mayores créditos, y
reputación, la hace de lucir ostentativamente en el parador más público las preseas de más
estimación que atesora, el fin es, este, en los capítulos de este libro”
82
.
Es decir, Burgoa concibe su proyecto como un muestrario de los mejores tesoros de su
patrimonio provincial, muchos de los cuales conoció —mejor aun, atestiguó— de primera
mano, y por fuentes orales o recientes. A nivel documental, al ser la selección de fuentes un
principio elemental de la ciencia histórica, no duda en recurrir a historiadores reconocidos de
todas las épocas, clásicas y cristianas.
Un aspecto a tener en cuenta es el sentido más bien amplio y variado que se daba a la idea
de historia en el ambiente que nos ocupa. Además de comprobarlo por la lectura de las
crónicas, tenemos algunos ejemplos sugestivos en la clasificación de las bibliotecas. La
catalogación de la Biblioteca Palafoxiana de Puebla asignaba la Quinta clase (v. gr. sección)
de libros a la Historia Eclesiástica, mientras que en la clase undécima agrupaba “Historia
profana, “vidas” de los santos venerables e historia monástica
83
. Llama la atención que los
santos y los monjes estén más cerca de lo “profano” que de lo eclesiástico. Un segundo
ejemplo, tomado de una biblioteca franciscana, ilustra la polisemia de la palabra historia: en la
letra I, “historia sencilla”, “de toda historia”, “historia santoral”; en la letra J, doctrinas
místicas y ascéticas; en la letra K: “Historia natural y política”
84
.
3.2.2. El lugar de la Historia
Asunción Lavrin ha realizado una síntesis de numerosos autores y tendencias espirituales
respecto a la visión de la historia —y en el caso de los cronistas, de su propio trabajo—; tal
síntesis está estructurada en torno a aspectos fundamentales que son el método, basado en la
búsqueda de la verdad por la confiabilidad y uso crítico de las fuentes, el estilo literario, y la
preponderancia de las biografías o vidas. La autora reconoce el papel de la historia como parte
de la cultura virreinal, y el propósito de la difusión de la fe como “meollo de la historia
religiosa”
85
.
Existe, sin embargo, otra posibilidad de interpretar la historia, y es la propuesta del ya
citado Melchor Cano, que en el libro XI de su De locis theologicis elevó la autoridad de la
historia humana al rango de lugar teológico. Cano, discípulo predilecto de Francisco de
80
TLACX Tlacxani ANI SEGURA, “La crónica provincial”, 135.
81
IBARRA, “Fray Francisco”, 1099, hace notar que Burgoa no desarrolla una reflexión sobre la
confiabilidad de sus fuentes; sin embargo, el espíritu crítico de Burgoa está bien acreditado.
82
Palestra, Prólogo.24.
83
Ver Elvia CARREÑO VELÁZQUEZ (coord.) – Adriana DE LEÓN HAM – Verónica DE LEÓN HAM –
Miguel Ángel ROMERO CORA (textos), El mundo en una sola mano: bibliotecarios novohispanos,
México, Fondo Editorial Estado de México, 2013, 84.
84
Cf. CARREÑO, El mundo, 189-190. CANO, De locis, 11.5, p. 619 incluye las historias de santos en
el tema de la historia como lugar teológico, y recomienda su lectura crítica y juiciosa.
85
LAVRIN, “La visión”, 55.
Vitoria en Salamanca y renovador humanista de la teologíca escolástica, desarrolló “una
sistematización acabada del método teológico que alcanzó una enorme influencia en el mundo
científico europeo”
86
y que se concentra en su obra De locis theologicis (1563).
Los lugares teológicos, dice el propio Cano, son “como domicilios de todos los
argumentos teológicos, de donde los teólogos puedan sacar todas sus argumentaciones bien
para probar bien para refutar”
87
. Son diez los lugares teológicos, todos de autoridad excepto el
octavo que es la Razón Natural, a saber: la Sagrada Escritura, las Tradiciones de Cristo y de
los Apóstoles, la Iglesia Católica, los Concilios, la Iglesia Romana, los Santos Padres, los
Teólogos Escolásticos, la Razón Natural, los Filósofos y, por último, la Historia Humana.
Naturalmente Cano no solo los enlista sino que expone sobre la fuerza de cada uno y el propio
modo de empleo en las diversas tareas teológicas: exégesis, exposición, debates con diversos
adversarios
88
. Comenta J. Belda: “para Cano los loci theologici no son otra cosa que las
distintas fuentes de conocimiento teológico; Cano [...] pretendió obtener las verdades
teológicas por medio de los loci.
La idea de la Historia como lugar teológico es una innovación de Melchor Cano
89
; dice
él mismo en su libro Sobre la autoridad de la Historia humana:
La Historia nos suministra de sus tesoros muchos conocimientos, sin cuya posesión seríamos
tachados con harta frecuencia de incapaces e ignorantes, tanto en Teología como en cualquier
otra ciencia en general [...] ¿habrá quién niegue que, de vez en cuando, incluso en las
discusiones escolásticas, es necesario desempolvar de la memoria de los archivos los más claros
testimonios de la verdad?
90
.
Hay verdad en los testimonios de la Historia, de modo que ésta tiene asegurado un lugar en
la Teología. Es así que el enfoque de Cano sobre la ciencia histórica es realista y
prudentemente crítico, pues valora las fuentes históricas en la medida en que tengan la
capacidad de conectar al lector con la realidad misma de las cosas pasadas. Dice Cano en otro
lugar:
Las gestas verdaderas de nuestros héroes no sólo fueron notables y magníficas, sino también
mucho mayores de lo que la fama pregona. Y tampoco la virtud de los que las hicieron debe
tenerse en tanto aprecio como pudieron ensalzarla con palabras nuestros historiadores, sino más
bien en la medida que las inteligencias preclaras ensalzaron los hechos mismos, sin la ayuda de
las palabras
91
.
3.2.3. Sinergia de la teología y la historia
Para Melchor Cano la Teología y la Historia son inseparables. Él mismo dice en los Loci: “es
evidente, pues, cuánto abarca la utilidad de la historia, puesto que los teólogos en cualquier
materia en la que entremos, bien predicando, bien disputando, bien exponiendo las Sagradas
Escrituras, en alguna historia nos basamos”
92
. Esto lo afirma en sentido general, si bien con
86
BELDA PLANS, “Introducción general histórico-teológica”, en CANO, De locis, *33-*140, *33; ver
también Juan BELDA PLANS, Melchor Cano, téologo y humanista (1509-1560), Madrid, Biblioteca
Virtual Ignacio Larramendi de Polígrafos, 2013. (Disponible en https://juanbeldaplans.com/wp-
content/uploads/2017/11/cano.pdf, consultado el 28 de mayo de 2025).
87
CANO, De locis, 1.3, p. 9. Ver también su “Prólogo general”, p. 4.
88
Cf. BELDA PLANS, “Introducción”, *83.
89
Cf. BELDA PLANS, “Introducción”, *134.
90
CANO, De locis, 11.2, p. 554.
91
CANO, De locis, 11.6, Sobre los autores dignos de crédito, p. 646.
92
CANO, De locis, 11.2, p. 558.
ocasión de la necesidad que tienen los teólogos de fundamentarse en ejemplos de la historia
para sus argumentaciones
93
, aun tomados de la historia pagana
94
.
Ciertamente un historiador no puede producir argumentos firmes en teología, pero el
teólogo puede valerse de argumentos históricos, más o menos probables y transmitidos por fe
humana, para obtener argumentos teológicos
95
, pues al teólogo corresponde no solo demostrar
y aclarar, sino también inculcar y explicar.
Cano es un humanista convencido del valor de la historia, y de esta forma concluye la
parte expositiva del libro XI de los lugares teológicos:
aunque la Historia no está escrita para demostrar sino para narrar —como afirma Quintiliano—,
sin embargo no hay duda de que algo demuestra, generalmente con una determinada
probabilidad y algunas veces con absoluta certeza
96
.
Estos son solo algunos trazos de la propuesta de Melchor Cano sobre la historia que
podrían enriquecer la visión sobre las crónicas de Francisco de Burgoa en sus dos aspectos
inseparables de obra histórica y obra teológica; se trata de una aportación dominicana,
escolástica, humanista, que floreció y se difundió a partir del siglo XVI. En la visión de Cano,
la verdad de la historia, sea esta antigua o reciente, cercana o lejana, de mártires, santos o
frailes oaxaqueños, enriquece y fundamenta —a su manera— la teología y le ofrece
contenidos, y ésta, a su vez ilumina todas las cosas; es decir, la teología admite todo lo
verdadero, y al mismo tiempo relee la historia, la reinterpreta y la juzga
97
.
4. PERSPECTIVAS
Hemos intentado simplemente una aproximación a la función de la Sagrada Escritura en las
crónicas de fray Francisco de Burgoa debida, con cierta plausibilidad, a la influencia del
teólogo dominico Melchor Cano. De suerte que la Sagrada Escritura, primera sede de la
93
Ver Geográfica, 11.113, donde Burgoa fundamenta con el ejemplo de Julio César y Bruto ciertas
cuestiones de lealtad al superior religioso. Cf. Geográfica, Prólogo.16: “No será inútil desperdicio
el de algunos discursos morales que van taraceados en la Historia”.
94
Cf. CANO, De locis, 11.7, p. 661.
95
Cf. CANO, De locis, 11.4, p. 568; 11.7, p. 662.
96
CANO, De locis, 11.4, p. 570. “A veces de las Sagradas Escrituras se sacan argumentos probables,
como es el caso si han sido obtenidos de un sentido místico, o incluso si el sentido literal no ha sido
definido con seguridad. Y, al contrario, la autoridad de la Historia Humana, siendo por sí débil
como es, de vez en cuando suministra argumentos ciertos.” (De locis, 12.10, p. 777).
97
Burgoa utiliza y cita por nombre a gran cantidad de autores, pero no parece mencionar el nombre
de Melchor Cano. Sea como fuere, es plausible que haya frecuentado su pensamiento, y aun sus
obras, como se ve en numerosos paralelos ideológicos de ambos. Es sabido el prestigio
internacional de los Loci theologici, obra que, por ejemplo, el manual de predicación de fray
Francisco Sobrecasas titulado Ideas varias de orar evangélicamente (1681) propone como el
primero de todos los libros que debe emplear el predicador (Francisco SOBRECASAS, Ideas varias
de orar evangélicamente, Zaragoza, Herederos de Pedro Lanaja y Lamarca, 1681, 459). Un
segundo ejemplo es que “no sorprende la presencia de teólogos medievales dominicos en múltiples
acervos novohispanos, no sólo entre las bibliotecas de los predicadores, sino en muchos otros. [...]
Con respecto a los teólogos dominicos españoles y de otras naciones, activos durante el siglo XVI e
impresos en Flandes, se puede mencionar —en primer lugar— la obra de fray Luis de Granada, la
del influyente Melchor Cano, la del arzobispo Bartolomé de Carranza, la de Domingo de Soto
[...]”. César MANRIQUE FIGUEROA, El libro flamenco para lectores novohispanos. Una historia
internacional de comercio y consumo libresco, México, Universidad Nacional Autónoma de
México – Instituto de Investigaciones Bibliográficas, 2019, 218-220.
teología, prolongada en los trabajos de padres, expositores y teólogos, y con toda su infinita
reserva de sentido, pueda establecer un diálogo fecundo con la historia vivida y narrada. Por
su parte la realidad histórica, en todo lo que tiene de verdad comprensible y argumentable,
también es sede de la producción teológica. Este será el eje de las crónicas de Burgoa en lo
que a Biblia e historia se refiere.
La obra de Burgoa ofrece diversos campos abiertos de estudio, dimensiones y aspectos
dignos de atención: sus fuentes, su metodología, su manera de aplicar las nociones bíblicas y
teológicas a las realidades particulares de personas, lugares, comunidades, acontecimientos,
su estilo que no es meramente una cuestión de estética literaria sino que, en tanto que mira a
edificar, mover y convencer, es un auténtico proyecto retórico. Sin olvidar que estas crónicas
son fuente de datos históricos, y ofrecen presentaciones, más o menos coherentes y
rastreables, de temas teológicos puntuales y particulares.