Usó todas esas doctrinas para la liberación del indígena, con una auténtica mezcla de
corrientes filosóficas orientadas a un mismo fin de justicia. Tal se ve, por ejemplo, en sus
obras Historia de las Indias, Apologética historia sumaria, Tratados y otras más. Con un
estilo castellano muy notable, narra los sucesos de la conquista, principalmente para
denunciar los abusos que se hicieron, y para clamar en defensa de los naturales de las Indias,
como se ve en su Brevísima relación de la destrucción de las Indias. De hecho, fue uno de
los pensadores que primero utilizó la filosofía, junto con la teología, en la Nueva España,
para su empresa.
Bartolomé de las Casas
nació en Sevilla en 1484. Hizo allí sus primeros estudios y
seguramente algo de la carrera clerical. En 1502 fue a la Isla Española, donde recibió indios
en repartimiento, con los cuales puso una labranza. Pero también los catequizaba. Hacia 1506
volvió a Sevilla, y probablemente recibió allí las órdenes menores, pues al año siguiente fue
ordenado sacerdote en Roma, aunque no cantó su primera misa sino hasta 1510, en las Indias.
Al año siguiente, un sermón de fray Antón de Montesinos lo hizo cambiar. En 1514
renunció a sus indios y se dedicó a predicar el evangelio. Fue a España en 1515, y el cardenal
Cisneros lo nombró Protector de los indios. En 1520 insistió ante Carlos V en defensa de los
indígenas; también hizo experimentos sociales, llevando campesinos españoles a Indias. El
año de 1522 ingresó a la Orden de Predicadores. Después de defender a los indios y de iniciar
varios escritos en esa línea, en 1540 marchó a España y presionó a Carlos V hasta obtener las
famosas Leyes Nuevas, de 1542-1543, que abolían la esclavitud y la encomienda. Fueron
emitidas, pero no se cumplían.
En 1544 fue consagrado en Sevilla obispo de Chiapas, México. Luchó por hacer
cumplir las leyes nuevas. Tuvo, en 1550, la célebre polémica, en las juntas de Valladolid,
con Juan Ginés de Sepúlveda, donde defendió a los indios contra la acusación de barbarie y
de servidumbre natural. Ese mismo año renunció a su obispado y se dedicó a continuar
escribiendo. Publicó unos Tratados. Presionó a Felipe II para que no concediera las
encomiendas a perpetuidad (las cuales teóricamente estaban abolidas). Después de enviar
una carta al papa Pío V, intercediendo por los indios, murió el 18 de julio de 1566.
Su utilización de la filosofía fue para defender los derechos naturales de los indígenas
tanto como los de los españoles. Son los que ahora llamamos derechos humanos. Además,
Las Casas reconocía y, con ello mismo, fomentaba, la identidad americana de los indios, al
verlos primeramente como hombres, en universal, y luego como los hombres
específicamente dueños y habitantes de un continente; asimismo, que no estaban muy lejos
de los europeos en cuanto a la cultura, sino bien preparados para entrar en la línea del
cristianismo.
Si no pensó tanto en el mestizaje, si no insistió tanto en preparar una raza y una cultura
nuevas, como don Vasco de Quiroga, fue porque prefería ver a los indios en pueblos
separados de aquellos españoles que tanto los oprimían y tiranizaban. Pero, según él, la
evangelización y la propuesta de colonización debían hacerse en paz y con caridad. De su
obra se ve surgir el reconocimiento del indio y la posibilidad de realizar un mestizaje con lo
español, pero sin ninguna destrucción.
Así, Las Casas, desde su formación escolástica en el tomismo, y con el influjo
humanista, supo allegarse los instrumentos de reflexión y de acción para defender los
derechos de los indios. También lo hizo con los negros, arrepentido de haber estado de