
Gozos de la vista, que al igual que Oscura noticia abarca poemas de distintas épocas,
continúa en buena medida con los postulados de Hombre y Dios. Hasta que en 1985, casi
de la nada, aparece DASS, donde se percibe una cierta “involución espiritual”, en palabras
de Elisabeth Kruse, “donde el entendimiento del poeta queda a oscuras, y su fe parece
apagarse casi totalmente”
. La misma estudiosa, en su estudio sobre la influencia de la
mística en la poesía damasiana, escribe:
El de Dámaso, en cambio está plagado de altibajos, no pasa de la etapa del principiante, es
decir, de las vías purgativas e iluminativa y, aunque se constata un anhelo por entrar en la
vía unitiva, el poeta manifiesta, especialmente en su último poemario, sus dudas de fe, que
pertenecen más bien a la vía purgativa y, de ningún modo, a la unitiva. El alma del poeta
sigue sufriendo las perturbaciones espirituales, volitivas e intelectivas, clara muestra de no
haber ingresado en la unio mystica
.
Al igual que Kruse, no creemos que, a luz de la poesía de Dámaso Alonso anterior a
DASS, podamos hablar de una iluminación en sentido místico. En todos sus poemarios,
aun en Hombre y Dios, la relación del sujeto lírico con la divinidad y la fe es poliédrica,
conflictiva, nunca del todo serena, teológicamente escurridiza. Ahora bien, no cabe duda
de que en DASS hay, si queremos, un retroceso, una vuelta a posiciones más propias de
Hijos de la ira, donde el hombre se postra abrumado por su indigencia. En ese sentido,
DASS es de una honestidad devastadora y conmovedora. Sin casi elaboración, sin apenas
artificio, el poeta expone sus desgarradoras dudas como si se eviscerara, una suerte de
erupción de sinceridad, y quien dice sinceridad, dice dudas.
3. ESTRUCTURA DIALÉCTICA EN DUDA Y AMOR SOBRE EL SER SUPREMO
Desde sus primeros poemas, la obra de Dámaso Alonso está atravesada por una tensión
constante entre los opuestos, entre lo prosaico y lo poético, entre lo mundano y lo
espiritual, entre la bajeza y la dignidad del ser humano
. Tanto es así que su inspiración
principal parece surgir del desgarrón que se produce ante la pugna violenta en dos
direcciones opuestas. El conflicto entre la razón y la fe, entre lo intelectivo y lo volitivo,
de raigambre unamuniana
, y a su vez kierkegaardiana, que siempre estuvo presente en
la producción de Dámaso Alonso, se vuelve principio motriz y elemento vertebrador en
el caso de DASS. Escribe en “Vida y obra”:
Mi terror vital y mi duda son enormes. Es incomprensible que estas dos cosas puedan ser
iguales y grandes, las dos. Pero debo hablar de mis inesperadas vacilaciones.
La inteligencia humana cuando piensa en la vida y la muerte, atiende sólo a la existencia
de la vida; considera la muerte como el principio de la nada. La muerte está tan vacía como
también está aún vacía la vida, un año antes del nacimiento del ser.
Ese es mi pensamiento, y seguramente el de otros muchos. Pero ocurre que hay otra
creencia, otro pensar dulce y suave, que considera la existencia de prolongación de una
especie de vida, después de la muerte de nuestro cuerpo. Y tiene, entonces, en su corazón
y en su pensamiento, la idea de un hacedor sumo gobernador de todo lo vital
Elisabeth KRUSE, La recepción creadora de la tradición mística en la lírica de Dámaso
Alonso, Tubinga, Francke, 2016, 236.
KRUSE, La recepción, 242.
Cf. Andrew DEBICKI, Dámaso Alonso, Madrid, Cátedra, 1974, 135.
Varias son las obras de Miguel de Unamuno que abordan la cuestión, pero quizá la más
completa sea Del sentimiento trágico de la vida, publicada por primera vez en 1912.
ALONSO, Antología, 28-29.