
6.1. Las categorías de la luz y las tinieblas
Su aceptación o rechazo aparecen desde el prólogo y el capítulo introductorio hasta el final.
La luz es asociada a las figuras del fuego, la antorcha, el sol, las centellas, el lucero, las
lumbres y los ladridos de un cachorro
. Al contrario, las tinieblas son vinculadas con la
noche, la ceguera, la sordera, el lobo, el mastín, la mona o el oso. Siempre unidas con todo
lo que signifique negar, entibiar, entorpecer o rechazar la predicación del evangelio
. En el
capítulo introductorio hay cuatro expresiones relevantes para el contenido posterior. Con
luces de predicadores se refiere a los primeros frailes y a la doctrina explicada por ellos
.
Con la afirmación de el Padre de las lumbres señala a Jesucristo, cuya palabra es el fuego
indispensable para iluminar al mundo
. En cambio, con el mandato de buscar las almas
especifica la tarea primordial de su Orden
. En suma, con el título del padre de las tinieblas,
en otras palabras, el demonio contrasta la luz con la oscuridad y, por tanto, la vida con la
muerte
. Su referencia bíblica está en el evangelio de Juan (8,12).
6.2. La figura del demonio
Aparece particularmente en los dos casos notables dedicados a la religión durante la
gentilidad (capítulos XXIV y XXV). El demonio es un manipulador o engañador que, ayudado
por “el temeroso natural de los indios”, se les aparecía “en las figuras espantosas y horribles”
de sus ídolos: “para tenerlos así más rendidos a su voluntad”
. En la crónica, el demonio no
es un personaje soberano, tampoco una fuerza o ser con atributos similares a los de Dios. La
aceptación del evangelio o su rechazo no responde a una lucha librada entre el bien y el mal,
entre la luz y las tinieblas, la vida y la muerte. Es sencillamente resultado de una decisión
desafortunada o afortunada por parte de los hombres
.
En las partes dedicadas a los indios, Dávila se refiere al demonio como el “padre de
la envidia y de la soberbia” por mantenerlos en la ceguera o en el engaño de la idolatría. Esta
invidencia explica —para él— la causa de su simulación en la fe cristiana y de su
desesperación mostrada en la epidemia de 1576
. Entre los españoles, el demonio está
El cachorro y la antorcha encendida son figuras de la hagiografía medieval de santo Domingo, “el
cachorro significa el predicador, la antorcha encendida la predicación de la palabra de Dios (Sir
48,1)”, cf. Constantino de ORVIETO, “Narración sobre Santo Domingo”, en Lorenzo GALMÉS –
Vito GÓMEZ (eds.), Santo Domingo de Guzmán. Fuentes para su conocimiento, Madrid,
Biblioteca de Autores Cristianos, 1987, 253; cf. DÁVILA, Historia, 240-241, 244-245, 247, 252-
253, 306, 352, 382, 393, 442, 452, 469, 556, 623.
Cf. DÁVILA, Historia, 256, 267, 304, 311-315, 316, 321, 323, 371-372, 390-391, 407-408, 416,
430, 475, 546, 607, 640, 642
Cf. DÁVILA, Historia, 240, 241, 245, 247, 252, 306, 382, 393, 469, 556, 623.
Cf. DÁVILA, Historia, 620.
Cf. DÁVILA, Historia, 183, 240, 241, 263, 281, 282, 353, 366, 462, 352, 308, 608.
Cf. DÁVILA, Historia, 475.
Cf. DÁVILA, Historia, 475.
Cf. DÁVILA, Historia, 270, 369, 527, 539. El autor señala la poca aprensión de los indios con
respecto a la muerte, esto no ocurrió en la peste de 1576, cf. 516-518.