1
La importancia de la Biblia en la primera Crónica impresa de los
dominicos de la Nueva España, 1596
The Importance of the Bible in the First Printed Chronicle of the Dominicans of
New Spain, 1596
https://doi.org/10.46543/ISID.2534.1055
Eugenio Martín Torres Torres
Centro Universitario Cultural (CUC)
Ciudad de México, México
idhqro@yahoo.com.mx
https://orcid.org/0000-0001-9077-4293
Resumen: No es común encontrar crónicas religiosas provinciales donde la interpretación
de la Biblia, no sólo sea parte armoniosa de lo escrito sino también de su estructura,
categorías, figuras e interpretación acerca de la presencia de Dios en la historia, en concreto
de la provincia de Santiago de México. Este es el caso de la crónica de fray Agustín Dávila
Padilla y en este artículo se pretende mostrar cómo, por qué y para qué. Sin olvidar su relación
con las realidades históricas tratadas.
Abstract: It is not common to find provincial religious chronicles where the interpretation
of the Bible, not only be a harmonious part of what is written but also of its structure, figures
and interpretation about the presence of God in history, specifically from the province of
Santiago de Mexico. This is the case of the chronicle of Agustín Dávila Padilla and this article
it is intended to show how, why and for what, without forgetting its relationship with the
historical realities discussed.
Palabras claves: crónica, Biblia, exégesis, Nueva España, dominicos, Bartolomé de Las
Casas
Keywords: chronicle, Bible, interpretation, New Spain, dominicans, Bartolomé de Las Casas
Recibido: 15 de agosto de 2025
Aceptado: 5 de septiembre de 2025
En este artículo se analizan las características de la exégesis bíblica presentes en la crónica
de la provincia de Santiago de México, escrita por Agustín Dávila Padilla, con el título de
Historia de la Fundación y Discurso de la Provincia de Santiago de México, de la Orden de
Predicadores por las vidas de sus varones insignes y casos notables de Nueva España. En el
estudio de la parte histórica, la base de su exégesis, fue necesario consultar otras fuentes,
tanto de archivos como bibliográficas. El texto inicia con las particularidades de la obra, el
autor y de los coautores anteriores. Sin las cuales no quedaría del todo claro el propósito del
autor. Los apartados dedicados a la interpretación bíblica forman el grueso del contenido,
están divididos en dos partes. La centrada en la exégesis general con siete ejemplos y la
2
correspondiente al análisis de la relación existente entre lo histórico y lo bíblico. En esta
segunda parte se destacan categorías, figuras y se esboza la vida de tres personajes, claves en
la primera mitad del siglo XVI, cuyas aspiraciones son relacionadas con referencias bíblicas.
Se concluye con la formación bíblica del autor y la determinante influencia en él del Concilio
de Trento, para estructurar un hilo conductor, desde la historia de la provincia mexicana, a
través de las definiciones conciliares de la Iglesia y la tradición.
1. LA CRÓNICA
Fue impresa por primera vez en Madrid por la Casa de Pedro Madrigal en 1596. Su autor el
novohispano, Agustín Dávila Padilla (1562-1604), la dedicó al príncipe Felipe —futuro
Felipe III—. La edición consultada en este artículo fue la segunda edición, estampada en
Bruselas por Juan Meerbeque en 1625
1
. La crónica consta de prólogo, un capítulo
introductorio y está dividida en dos partes o libros. El primero tiene 105 capítulos y el
segundo 103. En el prólogo el autor enfatiza que su propósito no sólo es narrar
acontecimientos, sino investigar, cotejar y explicar el origen, fundación y el desarrollo
histórico de su provincia bajo la luz del Espíritu Divino
2
. Así a lo largo de su obra, advierte
que las tareas de recoger todos los papeles, de “averiguar lo más con originales vivos” y
escribir historia en romance, son de un teólogo interesado en contemplar y predicar la acción
de Dios en las vidas y quehaceres de sus hermanos de hábito
3
.
Los dos libros describen 124 vidas de varones insignes de la provincia y 40 casos
notables de Nueva España. Las biografías tienen notorias diferencias en cuanto a su
extensión. Dávila incluye a los obispos dominicos Julián Garcés de Tlaxcala (1452-1543),
Bartolomé de Las Casas de Chiapas (1484-1566) y al arzobispo de México, Alonso de
Montúfar (+1569). Además de 21 religiosos que “por justicia no pudo callar sus nombres” y
escribió acerca de ellos en el último capítulo. En claro contraste con los 25 capítulos
dedicados a Domingo de Betanzos, el fundador y primer provincial en 1535. Al final también
enumera a los autores de doctrinas, confesionarios, sermones, vocabularios y artes en lenguas
indígenas y castellano, entre otras obras.
Los casos notables están dedicados principalmente a los indígenas, antes y durante
los procesos de evangelización, en lo que, con un criterio lingüístico, los dominicos
dividieron en las naciones mexicana, mixteca y zapoteca. En ellos sobresalen las
continuidades idolátricas, atribuidas a las argucias del demonio —finalmente derrotado—.
En lo político destaca la inclusión de la bula Sublimis Deus de Paulo III, proclamada el 4 de
junio de 1537, como respuesta a una carta del obispo Julián Garcés
4
. Otros casos fueron
dedicados al impacto de las epidemias, expediciones, naufragios y al lucimiento de las
cofradías, sobre todo la del Rosario, en la Ciudad de México. Los milagros relacionados con
1
En esta investigación no se cita la editio princeps de 1596 porque no fue posible consultar el único
ejemplar localizado, existente en la Biblioteca Francisco de Burgoa de la ciudad de Oaxaca,
México. Al final sí fue posible un cotejo de las principales diferencias de impresión existentes en
las ediciones de 1596 y 1625.
2
Cf. el “Prólogo al Lector”, en Agustín DÁVILA PADILLA, Historia de la Fundación y Discurso de
la Provincia de Santiago de México, de la Orden de Predicadores, México, Editorial Academia
Literaria, 1955, s/p.
3
Acerca de la contemplación, cf. DÁVILA, Historia, 151, 234, 250, 369, 532.
4
Cf. DÁVILA, Historia, 91, 132-148.
3
los frailes ocupan un lugar especial. Los escenarios son pueblos de indios, conventos,
caminos escarpados, montañas altísimas, mares enfurecidos y desde luego la Ciudad de
México
5
. Las profecías proferidas por algunos religiosos también son casos dignos de relatar.
Sus destinatarios son la población indígena, como víctima de epidemias, idolatrías y las
ambiciones de los castellanos
6
y la población española como victimaria, atenaceada por sus
propias codicias o castigada mediante ataques de piratas en el Caribe
7
. La crónica mantiene
los rasgos de la hagiografía tardo medieval, salpicada de citas bíblicas, símbolos, lecciones
y, como ya se dijo, de milagros y profecías.
La crónica de Dávila Padilla es un discurso histórico, teológico y hagiográfico con
constantes referencias bíblicas. Tres son sus prioridades, la evangelización de los indios como
meta, la cristianización de los españoles como condición necesaria
8
y responder a la urgencia
proveniente de los capítulos provinciales para vigorizar el estilo de vida de la Orden
9
. El
autor reconoce que, a partir del pasado, su intención no sólo es advertir como historiador,
sino como predicador “de la virtud que tuvieron los que hoy están gozando de Dios”
10
.
Pretende mostrar que en la historia Dios camina al lado de los hombres, sean indios o
españoles. Reflexiona acerca de la libertad y la conversión, concebidas como
responsabilidades sólo posibilitadas por la misericordia de Dios.
Subraya que ese caminar lo interrumpe el pecado mediante las supervivencias
idolátricas presentes entre los naturales y los comportamientos anticristianos de los
peninsulares
11
. La interrupción sólo es momentánea, porque nuevamente la misericordia
divina llama a retomar el camino evangélico
12
. En caso de no haber arrepentimiento o
conversión, Dios alecciona para advertir acerca del verdadero sentido de sus vidas y en ello,
la predicación de los frailes es clave para hacer ver que Dios pide el amor a él y al prójimo
13
.
A su vez, a los dominicos les recalca que sus vidas únicamente tienen sentido si viven y
predican las obligaciones de su profesión religiosa. De aquí se desprende el tono
aleccionador, directo y edificante de la crónica, como contrapesos al olvido del rigor con que
fue fundada la provincia.
Dávila pretendió conjugar en su crónica “la verdad de la doctrina con la novedad
sabrosa de la historia”
14
. En lo temporal su redacción es lineal, depende de los años de las
celebraciones de los capítulos provinciales y del año de la muerte de cada fraile biografiado
15
.
5
Cf. DÁVILA, Historia, 62, 114, 380.
6
Cf. DÁVILA, Historia, 99-102, 397-398, 646.
7
Cf. DÁVILA, Historia, 90, 327-341.
8
Cf. DÁVILA, Historia, 171, 173, 179, 254, 256, 308, 352.
9
Una síntesis en Daniel ULLOA, Los Predicadores Divididos. Los dominicos en Nueva España, siglo
XVI, México, El Colegio de México, 1977, 147-213.
10
Cf. DÁVILA, “Prólogo”.
11
Cf. DÁVILA, Historia, 179-180, 256-258, 306.
12
Cf. DÁVILA, Historia, 272-274, 276, 319-320.
13
Cf. DÁVILA, Historia, 240-241, 245, 247.
14
Cf. DÁVILA, “Prólogo”.
15
Rosa CAMELO, “Introducción. Historiografía eclesiástica colonial”, en Rosa CAMELO – Patricia
ESCANDÓN (eds.), Historiografía Mexicana. La creación de una imagen propia, la tradición
española: la historiografía eclesiástica, México, Universidad Nacional Autónoma de México,
2012, vol. II, 671-686; Rosa CAMELO, “Las crónicas provinciales de órdenes religiosas”, en Brian
CONNAUGHTON – Andrés LIRA (eds.), Las fuentes eclesiásticas para la historia social de México,
México, Universidad Autónoma Metropolitana, Instituto Mora, 1996, 165-176.
4
Este esquema es reproducido en las historias posteriores de los cronistas Alonso Franco,
Hernando de Ojea, Juan José Cruz y Moya y, Juan Bautista Méndez; incluso en las crónicas
de Francisco de Burgoa, dedicada a la provincia de San Hipólito Mártir de Oaxaca, y en las
de Antonio de Remesal y Francisco Ximénez, a la provincia de San Vicente Ferrer de Chiapas
y Guatemala. En cuanto a la escritura del novohispano, Franco reconoce su propiedad y
elegancia
16
. Ojea lo reitera y Burgoa lo llama el Cicerón Católico por las virtudes de su
pluma
17
.
2. LAS EDICIONES
La primera edición fue impresa en Madrid por la Casa de Pedro Madrigal en 1596, con el
largo título ya indicado. La segunda edición mantuvo el título, suprimió las listas de erratas
corregidas por el autor y Juan Vázquez del Mármol
18
, el connotado corrector de libros del
consejo de Castilla
19
. Fue estampada por Juan Meerbeque en Bruselas en 1625. El precio de
venta por ejemplar fue tasado por el Consejo de Castilla “a cinco blancas y no más cada
pliego”. Esta edición tuvo dos reimpresiones y una reedición facsimilar: la de Valladolid
realizada por Juan Bautista Varesio en 1634, con el título de Historia de la Nueva España y
Florida, donde se tratan muchas cosas notables, ceremonias de indios y adoración de sus
ídolos, descubrimientos, milagros, vidas de varones ilustres y otras cosas sucedidas en estas
provincias; y la de Bruselas por la Casa de Francisco Vivien en 1648 con el título de la edición
príncipe y finalmente, en 1955 el facsímil de la Editorial Academia Literaria, editado en la
Ciudad de México, con un prólogo de Agustín Millares Carlo.
3. EL AUTOR
Agustín Dávila (o de Ávila) Padilla nació en la Ciudad de México en 1562, donde fue
bautizado el 5 de noviembre. Fue hijo de Pedro Ávila e Isabel López de Padilla, de sus
hermanos se tienen noticias de Antonio, al igual fraile dominico
20
, y de Pedro funcionario de
la Contaduría Real
21
. Agustín muy joven se graduó como bachiller en Artes en la Real
Universidad de México y en 1579 tomó el hábito en el convento de Santo Domingo de esa
ciudad
22
. De sus nueve connovicios sobresalen Luis Vallejo y Hernando Bazán, maestros en
16
Cf. Alonso FRANCO, Segunda Parte de la Historia de la Provincia de Santiago de México…,
México, Imprenta del Museo Nacional, 1900, 195.
17
Cf. Hernando OJEA, Libro Tercero de la Historia Religiosa de la Provincia de México…, México,
Museo Nacional de México, 1897, 65; Francisco de BURGOA, Palestra Historial, México, Archivo
General de la Nación, 1934, 27.
18
Otra omisión, en este caso obvia, fue la del precio de venta por ejemplar, tasado por el Consejo de
Castilla “a cinco blancas y no más cada pliego”.
19
Cf. Nicolao Antonio HISPALENSIS, Bibliotheca Hispana Nova, vol. I, Madrid, Joaquín Ibarra,
1783, 791-792.
20
Cf. FRANCO, Segunda Parte, 190; OJEA, Libro Tercero, 64, DÁVILA, Historia, 654.
21
Real cédula al virrey de Nueva España recomendando a Pedro de Ávila para proveerlo de oficios,
Toledo, 22 de junio de 1596, Archivo General de Indias (desde ahora AGI). México, 1092, libro
14, 351v-352r., donde se reconoce que la recomendación es “por consideración de la persona y
méritos del maestro fray Agustín de Ávila Padilla su hermano”.
22
OJEA, Libro Tercero, 64.
5
Teología y provinciales sucesivamente de 1608 a 1612 y de 1612 a 1616
23
. Alonso Pérez fue
su maestro en el noviciado, de quien el cronista guardaba un grato recuerdo y fue uno de sus
muchos informantes
24
. Su profesión religiosa la realizó el 13 de noviembre de 1580:
Digo yo Fr. Agustín de Ávila, de edad de 18 años, poco más o menos, que por cuanto yo he
estado en este convento de Santo Domingo de México, Ordinis Praedicatorum, un año
cumplido y en él he visto y experimentado los trabajos y manera de vivir de la dicha Orden y
me ha parecido bien, agora digo que mi voluntad y sin ser persuadido de nadie quiero profesar
y permanecer en la dicha Orden con la ayuda de Dios hasta la muerte. Fecho en Sto. Domingo
de México a trece de noviembre de mil y quinientos y ochenta. Fueron presentes por testigos
los infrascritos. Fr. Alonso Pérez [maestro de novicios, rúbrica]; Fr. Luis de Quirós [rúbrica];
Fr. Alonso de Fonseca [rúbrica]; Fr. Agustín de Ávila [rúbrica]
25
[A mi entender este Fr. Agustín
de Ávila fue aquel Obispo Doctísimo que escribió la Historia de esta Provincia]
26
.
Entre 1580 y 1583, cursó sus estudios en el convento de México
27
. En él fue lector de
Artes en 1585. Después —ya ordenado— lo fue de Teología en su convento, en el Colegio
de San Luis de Puebla y en el convento de Oaxaca
28
. En 1590 recibió el grado de bachiller
en Teología. En 1592 el cargo de calificador del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición
29
y en 1593 fue elegido prior del convento de Puebla. En 1594, el capítulo provincial lo envió
como procurador a la corte de Madrid y lo nominó como definidor para el capítulo general a
celebrarse en Valencia en 1596
30
. En España residió entre Valladolid y Valencia. En 1597 el
maestro de la Orden, Hipólito María Beccaria (1589-1600), le encomendó continuar con la
redacción de la Primera parte de la Historia General de Sancto Domingo, y de su Orden de
Predicadores. Interrumpida por la muerte de su autor Hernando del Castillo, quien sólo
escribió lo correspondiente a las “dos primeras centurias”
31
. Con ese fin Beccaria envío
“letras patentes a todas las provincias”, mandando recopilar las cosas insignes y remitirlas a
fray Agustín
32
.
En Valladolid, el convento de San Pablo lo eligió como su predicador, “y lo fue todo
el tiempo que allí vivió”. Felipe III también le asignó ese oficio junto con el de cronista de
23
Libro de profesiones de Santo Domingo de México, números 341-350; Actas capitulares de la
provincia de Santiago de México, 1606, 14; 1617, 43. Ambas fuentes en el Archivo Histórico del
Instituto Dominicano de Investigaciones Históricas.
24
Cf. DÁVILA, Historia, 404-405, 652.
25
Libro de Profesiones, número 348.
26
Anotación escrita al margen del original.
27
Actas capitulares, 1583, 169.
28
Cf. FRANCO, Segunda Parte, 192.
29
Cf. Solange ALBERRO, Inquisición y Sociedad en México, 1571-1700, México, Fondo de Cultura
Económica, 1993, 113.
30
Cf. Santiago RODRÍGUEZ, “Datos biográficos de los principales cronistas de la provincia
dominicana de Santiago de México”, en Dominicos en Mesoamérica, México, Provincias de
Santiago de México y de Teutonia, 1992, 559-561; FRANCO, Segunda Parte, 194-195; Benedictus
Maria REICHERT, Acta Capitulorum Generalium, vol. V, Roma, Tipographia Polyglotta, 1901, t.
X, 349.
31
FRANCO, Segunda Parte, 195. El título de la obra de Hernando del CASTILLO es Primera Parte de
la Historia General de Sancto Domingo, y de su Orden de Predicadores, Madrid, Casa de
Francisco Sánchez, 1584.
32
Cf. FRANCO, Segunda Parte, 195.
6
las Indias
33
. De esta etapa se conocen tres sermones escritos para las honras fúnebres de
Felipe II, fallecido en 1598
34
. En 1599, el rey lo postuló al papa como arzobispo de la isla de
Santo Domingo y en este mismo año, predicó en Valencia como arzobispo electo, en el
funeral de fray Vicente Justiniano Antist, discípulo de san Luis Bertrán
35
. El trámite de sus
bulas tuvo un costo de mil ducados
36
.
En 1600, Felipe III ordenó a la Audiencia de Santo Domingo darle posesión y
proveerlo en sus gastos de oficio de pastor
37
. A su vez, a la Real Hacienda le mandó darle “la
mitad de los frutos de dicho arzobispado, durante el tiempo que ha estado vacante por la
muerte de su antecesor”
38
. A mediados de año, Dávila zarpó para la Isla Española con 20
criados, 14 solteros y seis casados acompañados de sus familias
39
. Su gobierno fue muy
breve, en 1601 apoyó la petición de la provincia dominicana de Santa Cruz para fundar dos
conventos en su arquidiócesis
40
. En 1602, con sus facultades de visitador de la audiencia
local, suspendió en su oficio de oidor a Pedro Saénz Morquecho, acusado de corrupción
41
.
En 1603 erigió el seminario conciliar
42
. Murió el 26 de julio de 1604 con 42 años, dejando
pendientes las redacciones de la historia pedida por el maestro Beccaria y la crónica de las
Indias por Felipe III
43
.
4. LOS COAUTORES
La historia es resultado de un esfuerzo comunitario. En 1558 el capítulo provincial nombró
a Juan López, Antonio Martínez y Diego de Soria para “que anotaran las cosas de la Provincia
en romance y en latín desde su fundación”
44
. De ninguno de los tres hay noticias de sus
escritos. Al contrario, Dávila informa acerca de lo aportado por otros frailes. Inicia con
Andrés de Moguer, quien escribió hará cuarenta años sobre la vida de Domingo de Betanzos
33
Cf. OJEA, Libro Tercero, 65.
34
Los sermones fueron impresos en: Madrid por Varez de Castro, 1599; Sevilla por Francisco Pérez,
1699 y también en Sevilla por Clemente Hidalgo, 1600. Cf., el estudio introductorio de Agustín
MILLARES CARLO, en DÁVILA, Historia, XXV-XXVII.
35
Cf. Francisco VIDAL Y MICO, Historia de la prodigiosa vida, virtudes, milagros y profecías del
segundo Ángel del Apocalipsis y apóstol valenciano y de las Indias Occidentales San Luis Bertrán,
taumaturgo en milagros, profeta excelso y mártir por eminencia, Valencia, José Tomás Lucas,
1743, 485.
36
Real cédula a los oficiales reales de Hacienda de Santo Domingo para que descuenten de las rentas
del arzobispado metropolitano, mil ducados prestados a fray Agustín de Ávila Padilla por la
expedición de sus bulas, Barcelona, 8 de junio de 1599, AGI. Santo Domingo, 868, libro 4, 34r.
37
Real cédula, Madrid, 16 de enero de 1600. AGI. Patronato, 293, número 22, r. 19.
38
Real cédula, Madrid, 16 de enero de 1600. AGI. Santo Domingo, 868, libro 4, 43r.
39
Información y licencia de pasajero a la Isla Española de Agustín Dávila Padilla, arzobispo de Santo
Domingo, 7 de junio de 1600. AGI. Contratación, 526, número 1, r. 10.
40
Real cédula, Matazuelos, 23 de enero de 1601, Inmaculada de la CORTE, “Cédulas que hacen
referencia al Patronato en los cedularios del AGI”, en Actas del III Congreso Internacional sobre
los dominicos y el Nuevo Mundo, Madrid, Deimos, 1991, 145.
41
Causa judicial por suspensión de oficio por el visitador Agustín Dávila Padilla, 1602-1603. AGI.
Escribanía, 32, número 10.
42
Cf. RODRÍGUEZ, Datos, 561.
43
Cf. FRANCO, Segunda Parte, 197; OJEA, Libro Tercero, 65.
44
Actas capitulares, 1558, 81.
7
y de otros religiosos fundadores
45
, aunque Dávila señala “que no tuvo la elocuencia y estilo
conforme a sus muchas letras”
46
. Moguer fue un andaluz que tomó el hábito en el convento
de San Esteban de Salamanca
47
. En México aprendió “la lengua mexicana y la supo bien”
por haber sido doctrinero en Tepetlaoztoc, Izúcar y Coatepec
48
. En 1541 fue el primer lector
de Artes y Teología en la provincia, provincial de 1550 a 1553, predicador general en 1558 y
presentado para maestro en Teología en 1572
49
.
Figura 1. Mapa de los conventos y casas referidos, ubicados en la nación mexicana
(elaborado por Angélica Fernanda Ramírez Grimaldo).
Los siguientes fueron Vicente de Las Casas y Domingo de la Anunciación, quienes
trabajaron juntos, pues el primero acompañó al segundo “a escribir la historia de la
provincia”
50
. En concreto en “las particularidades de algunos religiosos antiguos, desde la
fundación hasta el año de ochenta”. La mención de fray Vicente, sevillano de nacimiento, es
relevante porque, aunque aún era novicio, fue uno de los primeros dominicos que llegaron a
la Ciudad de México a mediados de 1526
51
. Su arribo fue desastroso porque de los 12 que se
embarcaron —número simbólico—, sólo permanecieron en la ciudad el novicio Vicente, el
diácono Gonzalo Lucero y el sacerdote Domingo de Betanzos, considerado el fundador de la
provincia. De los nueve restantes, cinco murieron debido a una enfermedad contraída durante
45
Cf. DÁVILA, “Prólogo”, Historia, 266.
46
DÁVILA, Historia, 265, 266, además, escribió “un libro de varios exemplos de santos monjes y
religiosos antiguos, cuyos hechos avivasen, sus deseos de la virtud...” y “muchos quadernos y libros
de erudición”.
47
Cf. DÁVILA, Historia, 262-263.
48
Actas capitulares, 1547, 24ª; 1548, 31ª; 1555, 59; 1559 5ª; 1561, 28ª; 1562, 97; Cf. Dávila,
Historia, 266.
49
Actas capitulares, 1541, s/f; 1550, 33; 1558, 73ª; 1572, 45; Cf. Dávila, Historia, 262, 264, 266.
50
DÁVILA, Historia, 625.
51
Cf. DÁVILA, Historia, 5-6.
8
el viaje y cuatro volvieron a España. Entre ellos, el vicario Tomás Ortiz debido a una
contienda política con Hernán Cortés
52
Fray Vicente profesó el 24 de abril de 1527. En cuanto a sus asignaciones se
desconocen las primeras
53
. En 1547 vivió en el convento de México y en las casas de Oaxaca
y Coyoacán
54
. En 1548, el capítulo provincial lo envió como procurador a la Península en
compañía de Domingo de Betanzos, pero éste murió en Valladolid en agosto de 1549
55
. Su
principal responsabilidad era enviar frailes a la provincia, labor repartida entre obtener el
apoyo real para el financiamiento de las travesías terrestres y marítima
56
; y asegurar el
transporte de libros, ornamentos, vestuarios y el traslado en cabalgaduras para los religiosos
que llegaban “enfermos o desmejorados a Veracruz”
57
. Este era un trámite importante porque
tanto en las Constituciones de la Orden como en los capítulos provinciales se mandaba viajar
a pie
58
. No obstante, lo más complejo era lograr los permisos de los provinciales y priores
59
.
52
Cf. ULLOA, Los Predicadores, 94-98.
53
Cf. Antonio de REMESAL, Historia General de las Indias Occidentales y Particular de la
Gobernación de Chiapa y Guatemala, Madrid, Biblioteca de Autores Españoles, 1964, vol. I, 90.
54
Actas capitulares, 1541, s/p; 1546, 21ª; 1547, 24ª.
55
Cf. Juan Bautista MÉNDEZ, Crónica de la Provincia de México de la Orden de Predicadores
(1521-1564), México, Porrúa, 1993, 155; y Adolfo ROBLES SIERRA, “Una aproximación a
Domingo de Betanzos. A propósito de su carta de 1540”, en Actas de II Congreso Internacional
sobre los dominicos y el Nuevo Mundo, Salamanca, San Esteban, 1990, 245.
56
Acerca del pago del pasaje, almojarifazgo y matalotaje, ver las reales cédulas de: Valladolid, 9 de
octubre de 1549, dirigida a los oficiales de la Casa de la Contratación para que paguen pasaje y
matalotaje a los religiosos de la Orden de Santo Domingo que van a Nueva España con fray
Vicente de las Casas, así como el almojarifazgo de los libros y vestuarios que lleven. AGI. México,
1089, libro 4, 104v-105r; Valladolid, 17 de octubre de 1550, pago de 180 ducados a fray Vicente
de las Casas, para vestuario y ayuda en el viaje de los 25 dominicos que pasan a la ciudad de
México y las provincias de Chiapas y Verapaz. AGI. México, 1089, libro 4, 268r-268v; Lérida, 8
de agosto de 1551. AGI. México 1089, libro 4, 380v-381v; Valladolid, 16 de marzo de 1556. AGI.
Indiferente, 1965, libro 13, 94v-95.
57
Real cédula, Lérida, 8 de agosto de 1551. AGI. México, 1089, libro 4, 385v-386r; Lérida, 8 de
agosto de 1551. AGI. México, 1089, libro 4, 385v-3.
58
El andar a caballo “sin gran necesidad”, era causa de culpa grave, Cf. Regula Beati Augustini, et
Constitutiones Ordinis Fratrum Preadicatorum, Salmanticae, in Aedibus Ionnis Iun Tae, 1543,
capítulo XVII, XVII-XVIII; Actas capitulares, 1558, 75.
59
Real cédula, Toro, 18 de enero de 1552, al provincial de la Orden de Santa Domingo en Andalucía,
encomendándole escoger 12 religiosos, entre ellos un buen predicador, para enviarlos con fray
Vicente de las Casas a la Nueva España. AGI. México. 1089, libro 4, 466r-422v.
9
Figura 2. Mapa de los conventos y casas referidos, ubicados en la nación mixteca y en la ciudad de
Oaxaca (elaborado por Angélica Fernanda Ramírez Grimaldo).
En 1550 fray Vicente sustituyó a Bartolomé de Las Casas en la encomienda dada por
el capítulo provincial de Segovia para “sacar de la provincia de Castilla algunos religiosos”.
El rey, por este motivo, le pidió a Domingo de Soto, prior de San Esteban, que lo ayudara en
su gestión
60
. Así lo hizo el maestro Soto y de Salamanca se embarcaron 20 frailes por lo que
la Corona lo felicitó por su logro
61
. En 1554 la Casa de Contratación de Sevilla tenía el
registro de 87 frailes enviados
62
. Se desconoce el año de su retorno a la Nueva España. En
1558 fue definidor en el capítulo provincial, en 1561 vivía en el convento de México y en
1562, era vicario de Tepetlaoztoc
63
. También en este año, los oficiales de la Casa de la
Contratación de Sevilla revisaron las cuentas, sobre cierta cantidad de maravedíes recibidos
para asistir a religiosos durante su viaje
64
. En sus últimos vivió en el convento de México
65
.
Murió en 1586, tres años antes de que el capítulo provincial de 1589 le mandara a Dávila, su
ahijado de ordenación sacerdotal, escribir su historia
66
.
60
Real cédula, Valladolid, 12 de junio de 1550. AGI. Indiferente, 424, libro 22, 147r-147v.
61
Real cédula, Valladolid, 23 de junio de 1550. AGI. Indiferente, 424, libro 22, 147v-148r.
62
Real cédula, Valladolid, 31 de octubre de 1554, dirigida a los oficiales de la Casa de la
Contratación para que averigüen las cuentas de fray Vicente de las Casas, acerca del dinero que se
le dio para enviar a Nueva España 87 frailes de su Orden. AGI. Indiferente, 1965, libro 12, 241r-
241v.
63
Actas capitulares, 1558, 73;1561, 27; 1562, 96ª.
64
Real cédula, Bosque de Segovia, 6 de septiembre de 1562. AGI. Indiferente, 1966, libro 14, 263v-
264. Acerca de las particularidades de los viajes de los religiosos, José Luis MARTÍNEZ, Pasajeros
de Indias, viajes trasatlánticos en el siglo XVI, México, Fondo de Cultura Económica, 2014, 37-
38, 43-46.
65
Actas capitulares, 1578, 133; 1583, s/p.
66
Cf. DÁVILA, Historia, 583, 602, 605, 625, 653.
10
El tercer coautor de la crónica, Domingo de la Anunciación, es descrito por Dávila
como un historiador devoto, puesto que “dejó luz para que algunas cosas se supiesen del todo
y otras se pudiesen inquirir, como se ha hecho”
67
. Originario de Fuente Obejuna, Córdoba,
España, tomó el hábito en Santo Domingo de México en 1531
68
. Vivió principalmente en la
nación mexicana, en las casas de Coyoacán, Izúcar, Chimalhuacán Chalco, Tepeji y
Cuitlahuac, dominando magistralmente esa lengua. En 1565 imprimió su Doctrina
Christiana Breve y Compendiosa por vía de diálogo entre un maestro y un discípulo, fecha
en lengua castellana y mexicana, impresa por Pedro Ocharte en la Ciudad de México. Dávila
afirma que fue “cuatro veces maestro de novicios, dos veces prior de México, una de Puebla,
muchas veces definidor y lo más de su vida prelado entre indios”
69
. En 1581 el capítulo
provincial lo nombró examinador de los frailes recién ordenados “en cuanto a la pericia de
la lengua mexicana” y consejero para el gobierno de esa nación
70
. Murió en 1591
71
.
Acerca del cuarto coautor Tomás de Castellar, el cronista no es del todo claro sobre
su participación. En su prólogo da a entender que tradujo luego en latín, lo escrito por
Moguer y Domingo de la Anunciación
72
. Después al final de la crónica afirma que “escribió
en latín las vidas de los santos de esta provincia y sus papeles vinieron a mis manos con todos
los que había, cuando por capítulo me mandaron escribir esta historia”
73
. Esta labor, según
Dávila, la realizó cuando estuvo asignado como lector al colegio de San Luis, donde averiguó
muchas cosas. Castellar era catalán, nació en Puigcerdá y tomó el hábito en el convento de
Barcelona. En la provincia de Santiago vivió en 1583 en la casa de Tepapayeca y en 1589 en
el convento de Puebla, donde fue lector de Gramática. En este mismo año pasó a la provincia
del Rosario de Filipinas, donde murió en 1607
74
.
La labor de Dávila de escribir la historia de su provincia fue meritoria. Su redacción
es impecable y con frecuentes alusiones a sus opiniones y vivencias personales
75
. Tuvo el
cuidado, de acuerdo con la tradición de su Orden, de no mencionar los nombres de frailes
aún vivos
76
. Igualmente consignó testimonios de religiosos que conocieron a los personajes
biografiados
77
. Consultó las actas de los capítulos provinciales, el archivo y el libro de
profesiones del convento de Santo Domingo de México
78
. Así le dio vida a la primera crónica
impresa de la provincia de Santiago de la Nueva España.
67
DÁVILA, Historia, 653.
68
Cf. DÁVILA, Historia, 599, 602.
69
DÁVILA, Historia, 609.
70
Actas capitulares, 1581, 149ª.
71
Cf. DÁVILA, Historia, 224-227.
72
Cf. DÁVILA, “Prólogo”.
73
DÁVILA, Historia, 653.
74
Cf. RODRÍGUEZ, Datos, 556; y Pablo Emilio FERNÁNDEZ, Dominicos donde nace el sol: historia
de la Provincia del Santísimo Rosario de Filipinas de la Orden de Predicadores, Barcelona,
Talleres Gráficos Yuste, 1958, 57.
75
Por ejemplo, su juicio sobre la idolatría y “los médicos indios de Tepoztlán”, DÁVILA, Historia,
430-431, 449, 618-619, o su impresión acerca de la barbarie de los indios de la Florida, 273, 286-
288.
76
Cf. DÁVILA, “Prólogo” y 297, 447, 632, 635, 642, 649-650. El caso muy notorio de Pedro
Guerrero, 635 y 642; Actas capitulares, 1559, 74 y 1561, 83.
77
Cf. DÁVILA, “Prólogo” y 187,189, 227, 229, 290.
78
Otras fuentes, cf. DÁVILA, Historia, 187, 312.
11
5. LA EXÉGESIS BÍBLICA
Su finalidad es mostrar la construcción del edificio christiano en la Nueva España y con ese
fin, recurre sobre todo a las cartas de Pablo
79
y a los evangelios de Juan, Mateo y Lucas. Sus
citas son escuetas, las anuncia sólo advirtiendo como dice David, el Apóstol o el Evangelio
entre otros nombres. No indica el lugar de las referencias, fue necesario buscarlas. Tiene
preferencia por los personajes del Antiguo Testamento, sobre todo en las partes dedicadas a
la gentilidad, las idolatrías y conversiones. El prólogo de Juan permea su interpretación
acerca de la aceptación o rechazo en el Nuevo Mundo de la predicación del evangelio. Las
cartas paulinas acompañan la redacción de las tareas de la Orden, la vida y las
responsabilidades de los frailes. La inclusión de las citas bíblicas no es forzada ni mecánica.
Al contrario, como se verá en los siguientes siete ejemplos, está integrada en los discursos y
en no pocos casos, aclaran o refuerzan lo que el autor pretende transmitir.
5.1. La luz joánica
Dávila Padilla comienza por definir la principal característica de esta tierra nueva antes de
la evangelización. Su interpretación base es la misericordia de Dios que, con el arribo de los
frailes, “quiso desterrar las tinieblas de infidelidad” que a los naturales los mantenían en triste
noche
80
, es decir, en la idolatría
81
. Su referencia es “la luz que resplandece en las tinieblas” y
“el que camina entre ellas no sabe a dónde va” (Jn 1,5 y 12,35)
82
. De allí la mención a la
triste noche existente antes de la evangelización. Luego el novohispano pasa al anuncio de
la luz (Jn 8,23 y 17,6); para él presente en la predicación de los primeros frailes, quienes
fueron tomados del mundo, y anunciaron el evangelio como la mujer que encendió una
lámpara “para hallar la presea perdida”, a saber, los naturales (Lc 15,8-10)
83
.
Otro rasgo es que relaciona el 23 de junio de 1526
84
—víspera de la fiesta de san Juan
Bautista y la fecha del arribo de los primeros dominicos a la Ciudad de México— con la
voluntad divina de que “llegasen, los que venían a predicar en el desierto de las Indias, en la
víspera de la fiesta del que dio testimonio de la luz y clamó en el desierto”
85
. Esos primeros
religiosos al igual que Juan Bautista sólo eran testigos de la Luz (Jn 1,6-8). La mayor
expresión de esa luz es Jesucristo, “el Padre de las lumbres y Dios de la verdad”, quien por
su sangre redime y vivifica a toda la humanidad
86
. Sin embargo, también en la Nueva España
no todos aceptaron la Luz (Jn 1,5 y 3,19-21). Se refiriere a quienes prefirieron permanecer
bajo las tinieblas de sus pecados, mediante las pervivencias idolátricas indígenas y las
codicias, vicios e injusticias de los españoles
87
. Entre los naturales el rechazo es velado, a
escondidas y público entre los españoles, porque se manifiesta en conductas no cristianas.
79
Cf. DÁVILA, Historia, 256, 258, 295, 309, 347, 354, 374, 392, 402, 406, 407, 415, 443, 445, 668.
80
Cf. DÁVILA, Historia, 1.
81
“Triste noche” por la oscuridad y la ceguera derivadas de la idolatría, cf. Dávila, Historia, 258,
256, 475, 607, 640.
82
Cf. “la luz que ilumina a los gentiles” (Mt 4,16 y Lc 1,79; 2,32).
83
Cf. DÁVILA, Historia, 238-239, 291, 381, 382, 467, 486, 487, 508, 520, 523, 534, 544, 545, 602-
603; “Prólogo”.
84
Cf. DÁVILA, Historia, 3-4.
85
La fiesta de san Juan es un día después el 24 de julio; cf. DÁVILA, Historia, 4.
86
Cf. DÁVILA, Historia, 475, 582, 620.
87
Cf. DÁVILA, Historia, 267, 304, 3 16, 321, 407-408, 475, 607, 640.
12
Remarca que los adoradores de ídolos y los malos cristianos —maltratadores de indios
88
—,
interrumpen el caminar de los hombres con Dios (Jn 1,5 y 3,19-21). En oposición, la
aceptación de la Luz se observa en la vida cristiana tanto de los indios como de los españoles,
incluyendo a los frailes
89
.
5.2. También Manasés y Melquisedec
El cronista subraya que detrás de los antiguos ídolos estaban el engaño del demonio y la
argucia de los gobernantes para mantener su dominio. Es tajante al afirmar que los antiguos
sacrificios humanos, inhumanos y crueles, no justifican: “las injusticias que contra ellos
cometieron [durante las conquistas] algunos soldados contra la voluntad de su Católico
Rey”
90
. Distingue claramente entre los abusos militares y la política proteccionista de la
Corona española. Refuta el argumento de la práctica de los sacrificios humanos —durante la
gentilidad— como pretexto para asesinar a los infieles y cita a “Manases cuando fue idólatra
pasó por el fuego a su propio hijo (2 Crón 33,6; 1 Re 21,6; Lev 18,21; Dt 18,10). Igualmente,
“del pueblo de Dios refiere el santo rey David que sacrificaban a sus hijos e hijas al demonio,
derramando la sangre inocente en servicio del padre de la malicia” (Sal 106,36-37 o 105,36-
37). Esgrime, a causa de las apropiaciones de las tierras de estos pobrecitos indios, que
tampoco “sirva esta noticia de perniciosas raíces antiguas para ultrajarlos, ni abatirlos, sino
para estimar el aprovechamiento o por mejor decir, hallen los entendimientos cristianos
materia de dar gracias a Dios” por su evangelización
91
. Su fuente no es bíblica, sino el tratado
“De los indios recientemente descubiertos”, de Francisco de Vitoria, leído en alguna de las
impresiones de las Relecciones Teológicas impresas en 1557 (Lion) o en 1565 o 1580
(Salamanca)
92
. Vitoria murió el 12 de agosto de 1546 y el capítulo provincial de 1548 se
refirió a él como “el reverendo maestro en Sagrada Teología que ilustró a nuestra Orden con
su doctrina”
93
.
En lo tocante a los antiguos sacerdotes, escribió que se tenía muy particular cuidado
en que los candidatos fueran “virtuosos, compuestos, nobles y de linaje de reyes”. El motivo
era porque “los reyes eran los mayores sacerdotes”, tal y como se sabe “de Melquisedec y de
Job, que fueron juntamente reyes y sacerdotes (Gén 14,18)
94
. Acerca de los dioses afirma que
“los mexicanos tenían más de 2,000 en número”. Sus figuras le parecían “horribles y
espantosas, disformes y feas” como “agora vemos en México, puestas algunas en las esquinas
de los edificios y otras tendidas por las calles y plazas, como despojos de la verdad
evangélica”
95
.
88
Sobre el maltrato a los indios como incompatibilidad, cf. DÁVILA, Historia, 179-181, 240, 270,
272, 273, 295, 304, 306-308, 311-315, 316, 324, 327, 353, 486. Acerca de las riquezas, cf. 229,
304, 316, 321, 466, 486, 487, 508, 534, 544, 601, 602-603, 637, 639
89
Cf. DÁVILA, Historia, 244, 245, 247, 252, 253, 306, 352, 382, 393, 442, 452, 469, 556, 623.
90
DÁVILA, Historia, 78.
91
DÁVILA, Historia, 78-79.
92
Cf. el estudio introductorio de Teófilo URDANOZ, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1960,
75, 80-81 y 641-726.
93
Actas capitulares, 1548, 32ª.
94
Cf. DÁVILA, Historia, 77-78.
95
DÁVILA, Historia, 77.
13
Figura 3. Cabeza de serpiente, Palacio de los Condes de Santiago de Calimaya, actual Museo de la
Ciudad de México (fotografía de Angélica Fernanda Ramírez Grimaldo).
5.3. Mejor la burra de Balám
Es un hecho que, para la redacción de la vida de Bartolomé de Las Casas, el cronista leyó su
Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias, por cierto, impresa por primera vez en
Sevilla en 1552. Lo reconoce al mencionar “la carta de aquel soldado, que anda impresa en
el libro del Obispo”, es decir, en la Brevísima. De la carta transcribe el milagro y lo enmarca
en el propósito de su exégesis: mostrar cómo Dios para propiciar conversiones realiza
milagros. A diferencia del obispo, Dávila omite los nombres de los conquistadores para no
perdurarlos en los anales de su provincia mexicana
96
. El texto de la carta difundida por Las
Casas, sin citas bíblicas y citado por Dávila, es el siguiente:
Y acaeció en este tiempo que un Alonso Sánchez [vecino de Quito en 1534] que envío el dicho
capitán [Juan de Ampudia, alcalde de la misma ciudad en el mismo año
97
] por capitán de cierta
gente a una provincia, topó por el camino cierta cantidad de mujeres e de muchachos cargados
de comida, e le aguardaron y esperaron sin le huir, para le dar de ella, e a todos los mandó
meter a cuchillo de espada. Y acaeció un misterio: que un soldado, dando de cuchilladas a una
india, del primer golpe se le quebró la mitad de la espada, y del segundo no le quedó sino la
empuñadura, sin poder herir la india. Y otro soldado, con un puñal de dos filos queriendo dar
96
Cf. DÁVILA, Historia, 322-323.
97
“Acta del Cabildo del 6 de diciembre de 1534”, en Pablo HERRERA, Apuntes para la historia de
Quito, Quito, Imprenta de Juan Campuzano, 1874, 39.
14
de puñaladas a otra india, al primer golpe se le quebró e despuntó con cuatro dedos de la punta,
e al segundo no le quedó más de la empuñadura
98
.
Su exégesis inicia con los cuatro lances contados que no hirieron a las indias, a través
de ellos, el novohispano advierte “la paciencia y misericordia de Dios y como quiere la
conversión del pecador y no su muerte”
99
(Ez 18,23; 33,11; Lc 15,7; 2 Pe 3,9). Ahora bien, a
pesar de estos testimonios y voces del cielo, Dios se topa con oídos sordos, con una
insensibilidad más que de brutos. A diferencia de “la asna de Balám [que] vio una espada
delante de sí y no quiso proseguir el mal camino que se hacía contra la voluntad de Dios”
(Núm 22,22-35). El cronista concluye que no bastaron la espada y daga quebradas para que
esos conquistadores dejasen aquel camino de crueldad y oyeran “a los predicadores en sus
avisos y a Dios en sus milagros”. Su admiración por Las Casas es notoria. Por ejemplo, al
mencionar su viaje a España en 1547, repara que fue como testigo de vista para dar noticia al
emperador de todos estos daños. Comparado su empresa con la realizada por “Moisés para
sacar del cautiverio al pueblo” (Éx 3,7-12); pueblo “por quien el Redentor de las almas dejó
en la Cruz mar bermejo de sangre y agua, que salió de la fuente de su costado, para que todos
pasasen al cielo” (Jn 19,34).
5.4. Buscar al Señor como lo hizo María Magdalena
Entre 1529 y 1531, años en que Betanzos estaba fundando en Guatemala
100
, fue hurtado de
la iglesia de Santo Domingo de México “el divinísimo tesoro del Sacramento del altar”
101
.
Se encontraba en el sagrario, en una custodia de plata, dentro de “un cofrecito cubierto de
terciopelo bordado”. El impacto en el convento como en la ciudad fue inmenso. Dávila
acompaña el estupor vivido con una exégesis que no sólo da voz a los lamentos y gestos de
los frailes, sino también sentido al hecho después de tan grave pérdida. Inicia con el aviso
del hurto a Hernán Cortés, a la Audiencia y fray Martín de Valencia (1474-1534)
102
. El vicario
de los primeros franciscanos arribados en 1524. El relato prosigue con la salida de los
dominicos descalzos a la calle, como señal de duelo. Los religiosos preguntaban “con el
afecto de la Esposa: “¿Habéis por ventura visto al amado de mi alma? ¿Habéis visto a mi
querido Esposo?” (Cant 6,1). A su vez, los devotos del Rosario meditaban el quinto misterio
gozoso, pidiendo a María “que como le halló cuando de doce años se le había perdido de
vista en el templo, se sirviese de que ahora le hallasen” (Lc 2,41-50). Otros “cogían a
Jeremías” exclamando “¡Ay que falto el gozo de nuestro corazón! El coro de nuestras danzas
y música se ha convertido en llanto; cayose la corona de nuestra cabeza, ¡Ay de nosotros
porque pecamos!” (Lam 5,15-16). Mientras el resto de la comunidad repetían a coro, “las
lágrimas serán mi pan de día y de noche, mientras duraren los días o por mejor decir, las
tristes noches en que me pregunten ¿Dónde está tu Dios?” (Sal 42-43,4 o 41-42,4). Todos los
hijos de Santo Domingo “andaban por las calles y plazas, con las ganas que preguntaba la
98
Bartolomé de LAS CASAS, Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias, Sevilla, 1552, 211-
211v; Tratados, vol. I, México, Fondo de Cultura Económica, 1965, 201, 205, 207.
99
DÁVILA, Historia, 323.
100
Cf. ULLOA, Los Predicadores, 109-115; cf. DÁVILA, Historia, 53.
101
DÁVILA, Historia, 51.
102
Cf. DÁVILA, Historia, 52.
15
Santa Magdalena, al que juzgaba por hortelano, si le había llevado a su querido,
preguntándole dónde le había puesto que ella le llevaría” (Jn 20,11-16).
Días después en la procesión de desagravio, los frailes iban descalzos y “algunos con
las cabezas cubiertas de ceniza”
103
(2 Sam 13,19; Est 4,1; 2 Sam 15,30). La encabezaba
Martín de Valencia, quien llevaba una soga atada al cuello, “significando que él era el
penitenciado por cuyas culpas había sucedido esta pérdida”. El insigne franciscano predicaba
por las calles, “aquellas palabras que Cristo dijo a los que le iban a prender, ¿Quem queritis?
¿A quién buscáis?” (Jn 18,4-8). Explicaba “cuan deveras nos ama el Señor que por nuestro
bien se allana tanto, que se deja manosear de manos sacrílegas, como se dejó prender y azotar
y crucificar” (Mt 26,47-56; 27,27-44; Mc 14,43-52; 15,16-32; Lc 22,47-53; 23,26-38; Jn
18,2.11; 19,2-3.17-24).
El hijo de San Francisco también se preguntaba “¿Por qué en tierra nueva permitís tal
suceso? ¿No bastan las afrentas que procuran haceros los herejes en Inglaterra, Francia,
Flandes, y Alemania?”. Concluyendo “que lo que la herejía obra en unos, en otros puede la
codicia”, porque en la Nueva España “el amor del oro y de la plata reina”
104
. Finalmente, en
la orilla de laguna de México, encontraron algunos pedazos del cofre y los llevaron al
convento, “donde fue nueva la lástima, mirando y remirando los pedazos del cofre y como si
mirara Jacob la ropa destrozada de José, lloraban los benditos frailes el desacato cometido
contra su Dios” (Gén 37,33-35).
5.5. Las adaptaciones de Pablo a los oyentes
Fray Agustín identificó esas cualidades en la predicación de Gonzalo Lucero. Originario del
condado de Niebla, en Huelva, España. Tomó el hábito en el convento de San Pablo de
Sevilla, de donde “el vicario Tomás Ortiz lo sacó” para las Indias
105
. En 1526, “de todos
cuanto de Castilla vinieron” fue de los tres dominicos que continuaron en la ciudad. En la
Nueva España vivió en la nación mexicana, en las casas de Chimalhuacán y Coyoacán
106
,
pero sobre todo en la Mixteca, en Teposcolula, Tlaxiaco, Yanhuitlán, Achiutla, Tamazulapan
y Mixtepec
107
. La exégesis de Dávila se centra en “el estilo que tuvo en enseñar a los indios”
y “en su particular cuidado en acomodarse a los oyentes”
108
; dos características que, para
Dávila, Lucero aprendió leyendo las cartas de Pablo, donde el novohispano identifica un
modelo de predicación con cinco rasgos.
El primero y segundo, hablar “con curiosidad y citar poetas, como cuando vio que le
oían letrados de Atenas” (Hch 17,18.22-34). Tercero, acomodarse a los oyentes con figuras,
“ofreciendo el meollo de lo figurado”, como lo hizo en su carta a los Hebreos
109
(Heb 5,12-
14; 12,18-24). Cuarto, escribir casera o familiarmente como le escribió a Filemón (Flm 2.22-
23). Y quinto, dirigirse “con grande majestad y vivas razones” como en su larga misiva a los
romanos
110
. Infiere que Pablo de Tarso “se acomodaba con todos por ganar a Cristo en todos”
103
DÁVILA, Historia, 52-53.
104
DÁVILA, Historia, 53.
105
DÁVILA, Historia, 244-245.
106
Actas capitulares, 1547, 26; 1553, 47.
107
Actas capitulares, 1552, 40; 1555, 60; 1556, 69; 1558, 80; 1559, 8; 1561, 28ª.
108
DÁVILA, Historia, 255-256.
109
El cronista atribuye su autoría a Pablo.
110
Cf. DÁVILA, Historia, 256.
16
y complementa con el consejo “de que el predicador olvide la gala de su ingenio y ventajas
de sus letras”, como lo hizo Eliseo al medirse “con el niño, si quería darle vida” (2 Re 4,8-
37)]. Gonzalo Lucero predicaba apoyado en una esfera para explicar “cómo el sol y los demás
planetas eran movidos por Dios”, porque Dios como único creador mueve sin ser movido,
por lo que “reverenciar al sol, a la luna y a las estrellas, era dando a las criaturas insensibles
la honra que a su criador se debe”.
Acerca de los escuchas, Dávila afirma que fray Gonzalo consideraba a los indígenas
“flemáticos, temerosos y casi de ordinario obran bien porque los están mirando, como los
que llamó san Pablo, Ad oculum servientes, que solamente sirven cuando los miran”
111
(Col 3,22); razón por la cual “les enseñaba como está Dios en todas partes y como no hay
noche para su vista, ni secreto para su infinita ciencia”. Añadía que la idolatría depravaba
“los entendimientos”, tal y como el Apóstol se refiere a los filósofos gentiles “de corazones
necios y tan sujetos a los sentidos por estar hechos a su obediencia” (Rom 11,7-10; 2 Cor
5,12), propensión aprovechada por Lucero para instruirlos con grandes lienzos en la doctrina
cristiana
112
.
5.6. Dos exégesis contrapuestas del Salmo 128 (127)
En la narración, los contendientes son Domingo de la Cruz y Martín Lutero o Butero —como
aparece escrito su nombre en la crónica—. El dominico nació en Benalcázar, Extremadura,
su nombre civil era el de Pedro Fernández de Saavedra. Estudió Artes y Teología en la
Universidad de Alcalá, donde coincidió con Domingo de Soto, “que entonces era estudiante
seglar y se llamaba Francisco”
113
. Ambos estudiaron en la Universidad de París. Después
Pedro tomó el hábito en el convento de Santa Cruz de Segovia y en su profesión cambió su
nombre por el de Domingo de la Cruz. En España fue subprior del convento de Ocaña, uno
de los bastiones de la reforma de la Orden en Castilla
114
. No se localizaron fuentes acerca de
su llegada a la provincia de Santiago, tampoco de sus primeras asignaciones. En 1541 fue
elegido provincial. Al final de su gobierno en 1544, el visitador Francisco Tello de Sandoval
promulgó las muy importantes y polémicas Leyes Nuevas, promovidas con ahínco por
Bartolomé de Las Casas
115
.
Estas leyes para satisfacción de Bartolomé y aflicción de los conquistadores, tuvieron un
gran impacto por la supresión de las encomiendas de indios. El cronista refiere que el
visitador, el virrey y la Audiencia determinaron enviar a los provinciales franciscano,
dominico y agustino “a tratar con el emperador lo mucho que importaba dar orden en que se
diese de comer a los conquistadores conforme a sus méritos y calidad”
116
. Los tres viajaron
a España, posteriormente a Flandes donde se enteraron que el emperador se encontraba en
Ratisbona. De paso por la ciudad de Colonia, Dávila sostiene que fray Domingo visitó a
111
DÁVILA, Historia, 258.
112
DÁVILA, Historia, 256-257.
113
Cf. DÁVILA, Historia, 149-150.
114
Cf. DÁVILA, Historia, 152-153, 155.
115
Actas capitulares, 1541, 5; su promulgación fue en la Ciudad de México el 28 de marzo de 1544,
Pilar ARREGUI ZAMORANO, La Audiencia de México según los visitadores, siglos XVI y XVII,
México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1985, 69; cf. DÁVILA, Historia, 159.
116
DÁVILA, Historia, 159.
17
Butero en su casa, donde lo encontró con su mujer e hijos
117
. El saludo del Reformador—
según Dávila— fue con las palabras de: “David bendice a los que temen a Dios,
prometiéndoles mujer e hijos” (Sal 128 (127), 3-4). Butero en su saludo, interpreta los
versículos del salmo no sólo literalmente, sino también desde su persona, porque sin duda él
tenía temor de Dios y al mismo tiempo una familia. En síntesis, se consideraba depositario
de la bendición de Dios. La respuesta del religioso fue la siguiente:
¡Oh pobre de ti! Acuérdate que sabes muy bien que David hablaba allí de la Iglesia, a quien
prometía fecundidad como a Esposa de Cristo, de quien ella había de gozar muchos hijos en
los renuevos de la ley de gracia y misericordia, por eso los llama renuevos y pimpollos de oliva
y a la Esposa llama vid conforme a la solemne metáfora del Viejo y Nuevo Testamento. En
que, por nombre de viña, se entiende de la Iglesia y porque se entienda que, aunque todos los
de Cristo son benditos, lo son por él, con quien como con cabeza hablaba particularmente la
bendición. La recoge luego el salmista en solo Cristo, singularizándola para él solo con
advertencia que pide para ello y dice Ecce sic benedicetur homo qui timet Dominum. Advertir
que de esta suerte queda bendito el hombre que teme a Dios. El hombre por excelencia es el
que por nosotros se hizo hombre y él tuvo el temor filial, hijo de la caridad con que fue
obediente a su padre hasta la cruz: y estos son los bienes de Jerusalén y el cumplimiento de las
profecías y el multiplico de los hijos de Dios, cuando la gentilidad (que como dice Isaías era
estéril) había de quedar con más hijos que la sinagoga que había sido la fecunda. Esta es la
inteligencia del salmo, y no la depravada tuya, que bien digo yo que tú no temes a Dios, al cual
suplico te abra los ojos para que conozcas tu yerro
118
.
La argumentación de Dávila, en voz de Domingo de la Cruz, asocia a la Iglesia con la
mujer o esposa y a los hijos con “los renuevos de la ley de gracia” (Sal 128 (127), 3). En
concreto con la ley de Cristo Jesús. Su fundamento es la metáfora de la vid o de la esposa,
presente en ambos testamentos (Is 5,1.7; 27,2; 65,21; Os 10,1; Am 9,4; Mt 20,1; 21,28.33;
Mc 12,1; Lc 20,9; 1 Co 9,7; Jn 15,4-5). En esa metáfora —recalca— que la viña es figura de
la Iglesia y “todos los de Cristo son benditos” (Sal 128 (127), 4); pero únicamente lo son por
Él, Jesucristo, quien es la cabeza de la Iglesia. Argumento que refuerza con las palabras de
“bendito el hombre que teme a Dios” del salmo en discusión (128 (127), 1). Así concluye
que “el hombre por excelencia” es Jesucristo, hecho hombre por nosotros y por cuyo “temor
filial fue obediente a su padre hasta la cruz” (Mt 26,39; Mc 14,36). La redención realizada
por Cristo —concluye— es “el cumplimiento de las profecías” y repercute, aun entre la
gentilidad, a través de la multiplicación de los hijos de Dios, superando en número a los hijos
de la sinagoga que, sin duda, había sido fecunda (Is 54,1). Finalmente, con la expresión de
los bienes de Jerusalén se refiere a “la santidad de la vida religiosa” y obviamente a sus
votos, defendidos por el fraile y atacados por Lutero, quien murió el 18 de febrero de 1546
119
.
El encuentro de los provinciales con el emperador fue en la ciudad de Malinas y el 20 de
octubre de 1545, obtuvieron la revocación de la prohibición en la sucesión de las
encomiendas, restituyéndose su posesión durante dos vidas
120
. Fray Domingo de la Cruz
117
Cf. DÁVILA, Historia, 160-162
118
DÁVILA, Historia, 163.
119
Cf. DÁVILA, Historia, 163.
120
Cf. Juan CABALLERO CORRAL, “Las Leyes Nuevas del emperador Carlos V: influencia su espíritu
en el derecho de laboral mexicano”, Revista Chilena de Historia del Derecho 23 (2011) 148 (129-
169), https://doi.org/10.5354/rchd.v0i23.30635.
18
permaneció en España varios años. Durante ese tiempo, ayudaba en los trámites del envío de
frailes a la provincia. En 1547, recibió del Consejo de Indias 10 ducados “por los gastos de
ir a recoger a unos religiosos que van a Nueva España”
121
. Después en 1551, el maestro de
la Orden, Francisco Romeo de Castiglione (1546-1552), le prohibió volver a la Nueva España
debido a su edad y salud
122
. Las cartas y documentos que tenía las mandó con fray Pedro
Flores
123
. El permiso para su retorno lo obtuvo del maestro Esteban Usodimare (1553-
1557)
124
. En la provincia recibió el título de maestro de Sagrada Teología en 1559 y el
capítulo provincial de 1561 anunció su muerte ocurrida en el convento de Santo Domingo de
México
125
.
5.7. Del sarmiento seco de Ezequiel al sarmiento vivo del evangelio de Juan
Se trata del cambio de vida en el sevillano Cristóbal de Lugo. En su ciudad natal, sus padres
lo encomendaron como paje a Francisco Tello de Sandoval, el visitador que en 1544
proclamaría las Leyes Nuevas en la Ciudad de México. En España, Cristóbal era descuidado
en los estudios y aficionado a los “juegos, valentías, atrevimientos y pretensión de mujeres”.
A pesar de esto, su patrón lo llevó consigo a Toledo, adonde fue enviado por el emperador
como inquisidor general. Dávila asevera que él mismo contaba que en Toledo apostó y perdió
el libro de las Summulae de Soto
126
. El cronista lo describe con poca o ninguna disposición
para cambiar. Pese a esto, “el Artífice Soberano donde menos disposición muestra la materia,
sabe formar milagrosos predicadores por su gracia”. Considerando lo arraigado de las
aficiones licenciosas del paje, Dávila enumera cinco ejemplos bíblicos donde lo
aparentemente frágil se impone a lo aparentemente fuerte.
Inicia en Egipto con el enjambre de mosquitos que empezaron a rendir la dureza del
Faraón
127
(Éx 7,3-4.13). Le sigue un nudo o ejército de ranas enviadas para aproximarse a la
victoria sobre “aquella porfiada rebeldía del obstinado rey”
128
(Éx 8,11). Lejos de Egipto, en
la orilla oeste del río Jordán, “ahuyentó Dios a los madianitas con barro quebrado y aire de
trompetas”, en una batalla cuyo triunfo no fue de los israelitas sino concedido por Dios
(Jue 7,19-21). En la toma de la ciudad amurallada de Jericó, “el aire de sus soldados fueron
piezas de batir y carneros de guerra, a cuya fuerza no pudo resistir la de los muros, derribados
con solo pasearlos su gente”, es decir, los israelitas (Jos 6,5.16.20). Y al poderoso Holofernes,
general de Nabucodonosor, rey de Babilonia, “por brazo de una mujer, que suele ser flaqueza,
castigó Dios su fortaleza” al cortarle Judit la cabeza (Jdt 13,6-9).
El novohispano comenta que Cristóbal, después de tantas tabernas y bodegones,
estaba “como sarmiento seco, de quien dijo Dios por Ezequiel, que ni era bueno para que un
entallador labrase imagen, ni aún tenía fuerza para servir de estaca en una despensa, ni le
121
Real Cédula, Aranda de Duero, 6 de julio, AGI. Indiferente, 424, libro 21, 14 r.
122
El maestro Castiglione se encontraba en España por el capítulo general a celebrarse en Salamanca
en 1551. Cf. DÁVILA, Historia, 165-166; REICHERT, Acta, vol. IV, tomo IX, 311.
123
Cf. MÉNDEZ, Crónica, 365.
124
Cf. DÁVILA, Historia, 169; Reichert, Acta, 338.
125
Actas capitulares, 1559, f. 3ª; 1561, f. 90ª.
126
Cf. DÁVILA, Historia, 382-383.
127
El autor atribuye la creación de los mosquitos a Moisés, quien “para hacerlos no era menester más
que levantar el polvo de la tierra con su vara”. La referencia bíblica dice que fue Aarón por una
orden de Dios dada a través de Moisés (Éx 8,12-14); Cf. DÁVILA, Historia, 381-382.
128
DÁVILA, Historia, 382.
19
quedaba ocupación, sino era consumirse en el fuego” (Ez 15,2-4)
129
. Su estado de ánimo lo
atribuye a la búsqueda emprendida por Dios, quien “le rondaba las puertas y deseaba entrada
en su corazón”. Como “dijo maravillosamente la Esposa, que está el Esposo deshora parte de
nuestra pared, mirando por las ventanas y resquicios de las puertas” (Cant 2,9). La puerta es
asociada con nuestra conciencia y la pared con nuestra dureza en las culpas. No obstante,
advierte el autor, aun cuando nos “encerremos a piedra y lodo, como enojados con Dios,
multiplicando nuestra dureza en las culpas que son, como dijo Isaías, las que nos dividen de
Dios” (Is 59,2). Con todo ello, “el amoroso Esposo de las almas está proponiéndonos su
amor, convidándonos por inspiraciones divinas”
130
.
Al cabo Cristóbal cambió de vida, fue ordenado sacerdote. Radicó en Toledo hasta
que el emperador nombró a Francisco Tello de Sandoval, su mentor, visitador general de la
Nueva España, a quien Cristóbal acompañó como capellán. Llegaron a la Ciudad de México
el 8 de marzo de 1544, la visita duró tres años. Tello volvió a España en 1547 para
desempeñar el puesto de consejero de Indias. Cristóbal, por su parte, determinó quedarse para
ser fraile dominico
131
. En la Provincia tomó el hábito en el convento de México el 9 de junio
de 1547 y profesó con el nombre de Cristóbal de la Cruz, el 11 de julio de 1548
132
. En la
provincia al menos fue maestro de novicios en cinco ocasiones
133
y provincial de 1562 a
1565
134
. Su muerte fue anunciada por el capítulo de 1570. Acerca de su “desaprovechada
materia labrada por el Artífice Soberano”, el cronista aclara que “no sólo sirvió de bulto en
la religión, sino de religioso muy vivo en su profesión”. Además, por no volver la vista atrás,
“no fue estatua de sal, como la inobediente mujer de Loth, sino sal de la tierra (Gén 19,26;
Mt 5,13). Menos aún “fue desaprovechado para estaca, sino recio para el apoyo de muchas
almas que, con su abrigo de seguro rodrigón
135
, fueron sarmientos de maravilloso fruto”
136
(Jn 15,2.5).
6. UNA CRÓNICA ENTRE LO HISTÓRICO Y LO BÍBLICO
Este puente le permitió a fray Agustín trascender lo edificante y literario, si bien los
comprende, para articular una publicación con categorías, figuras, sucesos y personajes, sin
omitir en ellos sus emociones y deseos. Sus fuentes históricas fueron escritas, orales e
impresas como en el caso de las obras citadas de Francisco de Vitoria y Bartolomé de Las
Casas. En su redacción, la exégesis bíblica corona la crónica, por proporcionar el sentido
buscado por Dávila, rastrear, escribir y compartir la presencia de Dios en la historia de su
provincia. A continuación, se analizan las categorías de la luz y las tinieblas, el papel de la
figura del demonio y las referencias bíblicas escritas en los relatos de los quehaceres de tres
personajes, claves en la primera mitad del siglo XVI y con importantes alusiones en la obra.
129
DÁVILA, Historia, 384-385.
130
DÁVILA, Historia, 384.
131
Cf. ARREGUI, La Audiencia, 69, 72; cf. DÁVILA, Historia, 385-387.
132
Actas capitulares, 1548, 29a; DÁVILA, Historia, 382, 388-389.
133
Actas capitulares, 1550, 33a; 1552, 38; 1553, 44; 1555, 58a; 1561, 27a.
134
Actas capitulares, 1570, 92.
135
Tutor.
136
DÁVILA, Historia, 384-385.
20
6.1. Las categorías de la luz y las tinieblas
Su aceptación o rechazo aparecen desde el prólogo y el capítulo introductorio hasta el final.
La luz es asociada a las figuras del fuego, la antorcha, el sol, las centellas, el lucero, las
lumbres y los ladridos de un cachorro
137
. Al contrario, las tinieblas son vinculadas con la
noche, la ceguera, la sordera, el lobo, el mastín, la mona o el oso. Siempre unidas con todo
lo que signifique negar, entibiar, entorpecer o rechazar la predicación del evangelio
138
. En el
capítulo introductorio hay cuatro expresiones relevantes para el contenido posterior. Con
luces de predicadores se refiere a los primeros frailes y a la doctrina explicada por ellos
139
.
Con la afirmación de el Padre de las lumbres señala a Jesucristo, cuya palabra es el fuego
indispensable para iluminar al mundo
140
. En cambio, con el mandato de buscar las almas
especifica la tarea primordial de su Orden
141
. En suma, con el título del padre de las tinieblas,
en otras palabras, el demonio contrasta la luz con la oscuridad y, por tanto, la vida con la
muerte
142
. Su referencia bíblica está en el evangelio de Juan (8,12).
6.2. La figura del demonio
Aparece particularmente en los dos casos notables dedicados a la religión durante la
gentilidad (capítulos XXIV y XXV). El demonio es un manipulador o engañador que, ayudado
por “el temeroso natural de los indios”, se les aparecía “en las figuras espantosas y horribles”
de sus ídolos: “para tenerlos así más rendidos a su voluntad”
143
. En la crónica, el demonio no
es un personaje soberano, tampoco una fuerza o ser con atributos similares a los de Dios. La
aceptación del evangelio o su rechazo no responde a una lucha librada entre el bien y el mal,
entre la luz y las tinieblas, la vida y la muerte. Es sencillamente resultado de una decisión
desafortunada o afortunada por parte de los hombres
144
.
En las partes dedicadas a los indios, Dávila se refiere al demonio como el “padre de
la envidia y de la soberbia” por mantenerlos en la ceguera o en el engaño de la idolatría. Esta
invidencia explica —para él— la causa de su simulación en la fe cristiana y de su
desesperación mostrada en la epidemia de 1576
145
. Entre los españoles, el demonio está
137
El cachorro y la antorcha encendida son figuras de la hagiografía medieval de santo Domingo, “el
cachorro significa el predicador, la antorcha encendida la predicación de la palabra de Dios (Sir
48,1)”, cf. Constantino de ORVIETO, “Narración sobre Santo Domingo”, en Lorenzo GALMÉS –
Vito GÓMEZ (eds.), Santo Domingo de Guzmán. Fuentes para su conocimiento, Madrid,
Biblioteca de Autores Cristianos, 1987, 253; cf. DÁVILA, Historia, 240-241, 244-245, 247, 252-
253, 306, 352, 382, 393, 442, 452, 469, 556, 623.
138
Cf. DÁVILA, Historia, 256, 267, 304, 311-315, 316, 321, 323, 371-372, 390-391, 407-408, 416,
430, 475, 546, 607, 640, 642
139
Cf. DÁVILA, Historia, 240, 241, 245, 247, 252, 306, 382, 393, 469, 556, 623.
140
Cf. DÁVILA, Historia, 620.
141
Cf. DÁVILA, Historia, 183, 240, 241, 263, 281, 282, 353, 366, 462, 352, 308, 608.
142
Cf. DÁVILA, Historia, 475.
143
DÁVILA, Historia, 77.
144
Cf. DÁVILA, Historia, 475.
145
Cf. DÁVILA, Historia, 270, 369, 527, 539. El autor señala la poca aprensión de los indios con
respecto a la muerte, esto no ocurrió en la peste de 1576, cf. 516-518.
21
detrás de la ceguera de las riquezas
146
, las discordias
147
, los celos
148
, la propensión al juego
149
y a la violencia
150
. Fray Agustín enfatiza que los indios, debido a la conducta anticristiana de
muchos españoles, veían en ellos la presencia de un diablo crudelísimo
151
. Como ya se
expresó, aludió a la religión antigua para denunciar el despojo y la explotación sufridos por
la población indígena. Realidad castigada también por los capítulos provinciales. En 1540,
por ejemplo, se ordenó a los vicarios que sólo pidieran a los indios “lo que corresponde a
nuestra pobreza” y si se necesitaban “algunas otras cosas para el culto divino”, estas no se
podían pedir “sin el consentimiento de nuestro reverendo padre provincial y de los hermanos
que viven en la casa”
152
.
6.3. Bartolomé de Las Casas
El obispo reconoce por escrito que, a raíz de una conversación con Domingo de Betanzos,
determinó en septiembre de 1522 vestir el hábito de dominico en la Isla Española
153
. Dávila
sostiene que el diálogo no fue con Betanzos, sino con Pedro de Córdova. Las Casas concilia
al expresar que su “conversación era comúnmente con religiosos de Santo Domingo, y en
especial” con Betanzos “religioso en virtud y religión”
154
. En esta determinación de
Bartolomé, el cronista vuelve a relacionarlo con la misión de Moisés, pero ahora mediante
una alusión directa a los encomenderos del Caribe, “de salir de entre los egipcios dejando
aquella mala compañía” (Éx 3,7)
155
. Su llegada a la provincia de Santiago, “casi al final” de
1535, la atribuye a una invitación de Betanzos y su destino fue la ciudad de Santiago de
Guatemala, a donde arribó desde Nicaragua
156
.
146
Cf. DÁVILA, Historia, 304, 316, 321.
147
Cf. DÁVILA, Historia, 430.
148
Cf. DÁVILA, Historia, 429-430.
149
Cf. DÁVILA, Historia, 601.
150
Cf. DÁVILA, Historia, 324.
151
Cf. DÁVILA, Historia, 179-181. Otras apreciaciones, cf. 306, 323, 407-408.
152
Actas capitulares, 1549, 3-3ª. Cf. MÉNDEZ, Crónica, 99.
153
Cf. BARTOLOMÉ DE LAS CASAS, Historia de las Indias, México, Fondo de Cultura Económica,
1981, vol. III, 386-387; David ORIQUE, “Un muy breve relato de una vida muy larga: Bartolomé
de Las Casas (1484-1565)”, Itinerantes. Revista de Historia y Religión 7 (2017) 87 (83-105).
154
DÁVILA, Historia, 304-305; LAS CASAS, Historia de las Indias, 386.
155
DÁVILA, Historia, 304.
156
Cf. DÁVILA, Historia, 305; REMESAL, Historia General, vol. I, 200. La invitación a Guatemala
también es atribuida al obispo Francisco Marroquín, cf. ORIQUE, “Un breve relato”, 90.
22
Figura 4. Pedro de Córdova, pintura mural del siglo XVI, claustro bajo del exconvento de
Tepetlaoztoc (fotografía de Angélica Fernanda Ramírez Grimaldo).
En 1536, siendo Betanzos provincial, Las Casas viajó a la Ciudad de México para
participar en la junta eclesiástica, como representante de Francisco Marroquín, obispo de
Guatemala. Asimismo, se transfirió de la provincia de la Santa Cruz a la de Santiago de
México, volviendo a Guatemala como vicario provincial y episcopal
157
. En 1537 con un
grupo de frailes inició la evangelización de Tuzulutlán o Tierra de Guerra a la cual fray
Bartolomé llamó Tierra de Vera Paz
158
. En 1538 pidió licencia al capítulo provincial para
viajar a España y enviar frailes
159
. El viaje fue en 1540. En 1543 lo ordenaron como obispo
de Chiapas y en 1545 ya se encontraba en su diócesis
160
.
157
Cf. Helen-Rand PARISH – Harold WEIDMAN, Las Casas en México. Historia y obra desconocida,
México, Fondo de Cultura Económica,1996, 23-28; ORIQUE, “Un breve relato”, 91.
158
Cf. REMESAL, Historia General, vol. I, 213, 215, 231-232.
159
Cf. Francisco XIMÉNEZ, Historia de la Provincia de San Vicente de Chiapa y Guatemala de la
Orden de Predicadores, Tuxtla Gutiérrez, Gobierno del Estado de Chiapas, 1999, vol. I, 237.
160
ORIQUE, “Un breve relato”, 91-93; REMESAL, Historia General, 302-303, 323,
23
Es en este año cuando Dávila se refiere a un decreto, proclamado por Las Casas el
Domingo de Ramos en Ciudad Real, su sede episcopal. La ordenanza mandaba no absolver
en confesión a ningún conquistador, encomendero o dueño de esclavos, salvo que
prometieran la restitución de los daños
161
. La exégesis se centra en su oficio de pastor,
“librando las ovejas del rigor de los lobos” (Jn 10,12; Mt 10,16; Lc 10,3). En su “oficio de
luz, declarando la verdad y de sal” (Mt 5,13; Mc 9,50). Su propósito era prevenir “mayor
daño y corrupción de costumbres; y con todo eso no hallaba remedio ni enmienda en los
pecados que reprehendía”
162
. Es significativo que Las Casas en su Brevísima Relación de la
destrucción de las Indias, escribió una afirmación muy parecida a la escrita por Dávila, pero
carente de referencias bíblicas: “En estas ovejas mansas, y de las calidades susodichas por su
Hacedor y Criador así dotadas, entraron los españoles desde luego que las conocieron como
lobos e tigres y leones cruelísimos de muchos días hambrientos”
163
.
El decreto fue motivo de otro gran revuelo. En septiembre de 1545, el visitador
Francisco Tello de Sandoval le informaba al príncipe Felipe que, “después de recibido, [Las
Casas] ordenó ciertas cosas de que hubo algún escándalo” y “un Mazariegos, vecino, lo quiso
matar”, pero el obispo “le huyó por encima de las paredes y se fue a la Audiencia de Gracias
a Dios”
164
. En 1546, tranquilizadas las aguas, asistió a la junta eclesiástica convocada en la
Ciudad de México por el virrey Antonio de Mendoza y Tello de Sandoval. En ella
participaron seis obispos, 12 frailes —incluyendo a los provinciales franciscano, dominico y
agustino— y cuatro clérigos que, por mayoría entre otros puntos, aprobaron la restitución y
el no absolver en confesión a quien no prometiera la restitución
165
. Su larga etapa en las
Indias terminó, en marzo de 1547, cuando “el Moisés de las Indias”, como le llamaba, se
encontraba de vuelta a España.
Fray Bartolomé nunca volvió a la tierra nueva y después de casi 20 años, dedicados
a escribir, alegar e impugnar a favor de los pueblos originarios, murió el 18 de julio de 1566
con 82 años
166
. Ocupaciones que, para el novohispano, explican el intento del demonio por
“rehundir [sus libros] y que no aparezcan en el mundo”. Dávila invita a sus lectores a leer las
obras de Las Casas y sostiene que, “quien leyere con atención sus graves sentencias,
entenderá que oye a un san Pablo o a un discípulo suyo, que se le parezca mucho”
167
. Acerca
de sus numerosos escritos menciona, además de la Brevísima, “sus disputas que andan
impresas”. Enumera 11 libros impresos y el manuscrito de una historia, “que tenía de
volumen una resma de papel”
168
, titulada Del bien y favor de los Indios, llevada a la librería
o biblioteca del convento de México por Domingo de la Anunciación.
161
Cf. REMESAL, Historia General, 404-406, ORIQUE, “Un breve relato”, 94.
162
Cf. DÁVILA, Historia, 306.
163
LAS CASAS, Tratados, vol. I, 19.
164
PARISH, Las Casas, carta al príncipe Felipe, México, apéndice 20, 333.
165
PARISH, Las Casas, 57-62; ORIQUE, “Un breve relato”, 94-95.
166
Cf. ORIQUE, “Un breve relato”, 95, 102.
167
DÁVILA, Historia, 303. Se refiere a la controversia de 1552 con Ginés de Sepúlveda, impresa en
Sevilla por la Casa de Sebastián Trujillo, el 10 de septiembre de 1552, en LAS CASAS, Tratados,
vol. I, 217-459.
168
Equivalentes a 20 manos de papel o aproximadamente a 500 hojas.
24
6.4. Juan de Zumárraga y Domingo de Betanzos
En el caso notable dedicado al hurto del santísimo cometido en la iglesia de Santo Domingo
de México (capítulo XVI). Es extraña la omisión, entre los personajes que fueron avisados,
de Juan de Zumárraga, obispo de México (1528-1548). El desconcierto es porque el prelado
no sólo fue cercano a los frailes, pues durante los capítulos provinciales, “solía predicar en
el refectorio del convento de México a los capitulares, exhortándolos a que hiciesen
ordenaciones santas y de reformación que comenzasen en sí mismos”
169
. Sino también —
como lo reseña Dávila— fue amigo de Domingo de Betanzos. Comían juntos, los dos oraban
en el eremitorio de Tepetlaoztoc
170
. Además, Zumárraga lo presentó al emperador “para
obispo de Guatemala” —postulación que no aceptó— y ambos, en un cerro de Texcoco,
destruyeron la figura de un Coyotl —coyote— que, “es un género de lobos, menos feroz que
los de Europa, y más bravo que los mastines”
171
.
En 1543, compartieron el proyecto de ir a predicar a China, “para derramar el grano
del Evangelio” (Mt 13,3; Mc 4,3; Lc 8,5). Betanzos lo deseaba “como el ciervo las fuentes
de agua” (Sal 42-43,1 o 41-42,1). Los religiosos iniciaron los trámites, pero el papa no aceptó
la renuncia de Zumárraga al obispado de México y el provincial negó el permiso a
Betanzos
172
. En 1544 coincidieron en su opinión con respecto a las encomiendas
173
. En ese
mismo año, contribuyeron “en algunas cosas añadidas” en la Doctrina Cristiana para
instrucción e información de los indios por manera de historia, atribuida a Pedro de Córdova.
Autorizada y costeada por Zumárraga, examinada por Tello de Sandoval y estampada por
Juan Cromberger en la Ciudad de México
174
. De esta manera, la omisión del nombre de
Zumárraga en los destinatarios del aviso del hurto fue porque no se encontraba en la ciudad
o simplemente debido a un olvido.
En 1548, “aunque se había despintado el viaje para la China”, Betanzos logró la
autorización para viajar a Tierra Santa, donde pedía morir. Fue la travesía realizada a España
con Vicente de Las Casas en 1549. Arribaron por julio a San Lucar, se separaron en Sevilla
y el 26 de agosto llegó al convento de San Pablo de Valladolid donde murió
175
. En cuanto al
aún pendiente viaje a China, fray Vicente obtuvo en 1551 una cédula real donde el príncipe
Felipe le ordenaba al virrey, Luis de Velasco, que fueran repartidos, entre los conventos de la
provincia de Santiago, los ornamentos, libros y dineros entregados a Betanzos por mandato
del emperador
176
. Dávila no menciona libros ni dinero, sólo “ornamentos, doseles de seda,
campanas, cálices y las demás cosas que para tierra nueva se requerían”
177
.
169
Cf. MÉNDEZ, Crónica, 147.
170
Cf. DÁVILA, Historia, 41, 62.
171
Betanzos fue comisario del Santo Oficio desde poco después de su llegada en 1526 hasta el 20 de
julio de 1528, cf. Richard E. GREENLEAT, Zumárraga y la Inquisición mexicana, 1536-1543,
México, Fondo de Cultura Económica, 1992, 20-21; DÁVILA, Historia, 93, 619.
172
Cf. DÁVILA, Historia, 94-96.
173
Cf. ROBLES, “Una aproximación”, 244-245.
174
Cf. Miguel Ángel MEDINA (ed.), Doctrina Cristiana para instrucción de los indios. Redactada
por Fr. Pedro de Córdova y otros religiosos doctos de la misma Orden. Impresa en México, 1544,
1548, Salamanca, Sígueme, 1987, 75, 196.
175
Cf. DÁVILA, Historia, 96-97.
176
Real cédula, Lérida, 8 de agosto de 1551. AGI. México, 1089, libro 4, 385r-385v.
177
DÁVILA, Historia, 96.
25
7. LA FORMACIÓN BÍBLICA DEL CRONISTA
En el Estudio General del convento de México, Dávila recibió la formación básica de los
religiosos de su provincia. Un curso introductorio a la Biblia, a cargo de un lector, y las clases
de Sacra Página impartidas por un maestro en Sagrada Teología
178
. Es probable que haya
cursado la cátedra de Sagrada Escritura enseñada en la Real Universidad de México, donde
los estudiantes más destacados complementaban su formación. La edición de la Biblia
estudiada en las aulas era la Vulgata, y los frailes ordenados podían comprarla con el permiso
del provincial
179
. En cuanto su crónica, fray Agustín considera las normativas exegéticas
indicadas por el Concilio de Trento
180
. Su interpretación y sentido fue revisado por tres
censores, además de la lectura de Gabriel de San José, provincial de México (1589-1593).
La aprobación para la impresión fue firmada por el clérigo Gil González Dávila, examinador
elegido por el Consejo del Rey y a partir de 1619, paradójicamente, cronista mayor de las
Indias y de los Reinos de las Dos Castillas
181
.
En su exégesis sobresale lo que Trento llama regla de costumbres, es decir, el mandato
evangélico de hacer discípulos, bautizarlos y enseñarles “a guardar todo lo que yo os he
enseñado” (Mt 28,16-20; Mc 16,15-17)
182
; instrucción evangélica relatada en los trabajos
realizados por los dominicos en la Nueva España. Ocupa un lugar especial la discusión que
Dávila pone en las voces de Martín Lutero y Domingo de la Cruz sobre la interpretación del
salmo 128 (127). En ella el Reformador responde literalmente con las Escrituras, como
máxima y única autoridad en su vida. En cambio, la respuesta de Domingo de la Cruz apela
al decreto del Concilio, concerniente a la tradición oral y escrita que desde Jesús y los
apóstoles, “han llegado de mano en mano hasta nosotros”
183
. Con este nosotros Dávila
incluye a todos los bautizados, los ministros ordenados, a la jerarquía con el papa y
puntualmente, a la vida consagrada vituperada por Lutero. En síntesis, el nosotros es la
Iglesia Católica, en plena construcción en las Indias. Así, frente al yo de Lutero hay un
nosotros del cronista, cuya mayor responsabilidad para la provincia de Santiago de México,
era la evangelización de los naturales, pero con leyes justas como propugnaron Francisco de
Vitoria, Bartolomé de Las Casas, los capítulos provinciales y otros frailes, porque como
escribió Agustín Dávila Padilla pensando en Las Casas, “el amor al prójimo nunca falta donde
está el de Dios”
184
.
178
Cf. ULLOA, Los Predicadores, 239.
179
Actas capitulares, 1544, 17; cf. Juan José CRUZ Y MOYA, Historia de la Santa y Apostólica
Provincia de Santiago de Predicadores de México en la Nueva España, México, Manuel Porrúa,
1955, 192.
180
El Sacrosanto y Ecuménico Concilio de Trento, agregase el texto latino corregido según la edición
auténtica de Roma, publicada en 1564, Madrid, Imprenta Real, 1787, sesión IV del 8 de abril de
1546, 34-40.
181
Cf. DÁVILA, Historia, s/p; Gil GONZÁLEZ DÁVILA, Teatro Eclesiástico de las Iglesias
Metropolitanas y Catedrales de los Reynos de las Dos Castillas, Madrid, Pedro de Hornay y
Villanveva, 1647, s/p.
182
Concilio, 34, 35, 37.
183
Concilio, 34.
184
DÁVILA, Historia, 306.