1
Los abusos en la Iglesia como Locus Theologicus: aportaciones del
papa Francisco a la reflexión contemporánea
Abuse in the Church as Locus Theologicus: Pope Francis’ Contribution to
Contemporary Theology
https://doi.org/10.46543/ISID.2635.1016
David Steven Mendoza Carmona
Universidad Pontificia Bolivariana
Medellín, Colombia
mendozacarmona16@gmail.com
https://orcid.org/0009-0007-8551-3671
Resumen: El presente trabajo propone una reflexión a partir de las aportaciones del papa
Francisco en torno a los abusos en la Iglesia, las cuales han posibilitado la comprensión
de este fenómeno como un ámbito legítimo para hacer Teología. El análisis del
tratamiento de los abusos durante los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI
permite identificar diversas líneas de reflexión teológica que ponen de manifiesto las
insuficiencias y vacíos de las medidas adoptadas por la institución jerárquica. En
contraste, la perspectiva asumida por Francisco y su modo de abordar los abusos en la
Iglesia posibilitan reconocer esta realidad como un locus theologicus, susceptible de ser
estudiado académicamente a partir de las contribuciones de los teólogos que han
reflexionado sobre el tema hasta la actualidad. De este modo, la reflexión favorece el
debate teológico y académico en cuanto se apoya en las consideraciones del papa
Francisco para promover estudios sobre los abusos desde un enfoque interdisciplinar,
orientado al desarrollo de propuestas que ayuden a las comunidades a vivir los criterios
sinodales mediante la promoción de una cultura del cuidado frente a toda forma de abuso.
Abstract: This paper proposes a reflection based on the contributions of Pope Francis
concerning abuse in the Church, which have made it possible to understand this
phenomenon as a legitimate area for doing theology. An analysis of the handling of abuse
during the pontificates of John Paul II and Benedict XVI makes it possible to identify
various lines of theological reflection that reveal the inadequacies and gaps in the
measures adopted by the hierarchical institution. By contrast, the perspective assumed by
Francis and his way of addressing abuse in the Church make it possible to recognise this
reality as a locus theologicus, open to academic study on the basis of the contributions of
theologians who have reflected on the issue to date. In this way, the reflection contributes
to the theological and academic debate insofar as it draws on the considerations of Pope
Francis to promote studies on abuse from an interdisciplinary approach, aimed at
developing proposals that help communities to live out synodal criteria through the
promotion of a culture of care in the face of every form of abuse.
Palabras clave: Abusos en la Iglesia, papa Francisco, locus theologicus, vulnerabilidad,
Juan Pablo II, Benedicto XVI
Keywords: Abuse in the Church, Pope Francis, locus theologicus, vulnerability, John
Paul II, Benedict XVI
2
Recibido: 25 de noviembre de 2025
Aceptado: 15 de enero de 2026
1. INTRODUCCIÓN
La muerte del papa Francisco el lunes de Pascua del 21 de abril de 2025 marcó
profundamente la conciencia de los miembros de la Iglesia. El recuerdo de un pontificado
que se caracterizó por la sencillez del ejercicio petrino le recordó al mundo entero lo
esencial de la vida cristiana. Desde ese mismo momento, se ha buscado hacer eco de sus
enseñanzas, muchas de ellas poco abordadas en otros momentos de la historia eclesial,
tales como el diálogo interreligioso, el cambio climático, la reforma de la Curia Romana,
la promoción de la paz y la atención a las víctimas y sobrevivientes de abusos sexuales.
Sobre este último punto, Francisco ahondó considerablemente para abrir nuevas
perspectivas del fenómeno, posibilitando su abordaje holístico. No se limitó únicamente
al aspecto sexual contra menores, como tampoco al enfoque sobre el problema en una
causa aislada, sino que puso en evidencia ciertas problemáticas que estaban en el fondo
del iceberg. La forma de comprender a Dios, los modos de operatividad sistémica y
estructural de la Iglesia, y la violación del fuero interno son solo algunas dimensiones que
han ayudado a ver que, más allá de un acto individual, se anidan cosmovisiones poco
sanas para la comunidad. De ahí que, gracias a Francisco, el asunto se haya trasladado de
lo meramente moral a lo teológico, convirtiéndolo en un lugar de reflexión, pues están
involucradas realidades que deben ser analizadas desde la óptica de la fe en diálogo con
las ciencias.
En este orden de ideas, el presente artículo propone un recorrido que tiene en cuenta
las contribuciones del papa Francisco en torno a los abusos en la Iglesia, las cuales han
posibilitado la asimilación del fenómeno al interior de la comunidad como un posible
lugar teológico o locus theologicus. En primer lugar, se revisará el manejo dado por Juan
Pablo II y Benedicto XVI, así como algunas impresiones por parte de la Teología que dan
cuenta de los vacíos hasta ahora reflejados en las medidas adoptadas por la institución
jerárquica frente a los abusos. En un segundo momento, se analizarán los aportes de
Francisco que han permitido reconocer otras variantes más allá del abuso sexual. En tercer
lugar, se comprenden las perspectivas que el papa argentino abrió para hablar de los
abusos en la Iglesia como un lugar teológico para ser abordado por la academia, con
aportaciones propias de ciertos teólogos contemporáneos. Se culmina con algunas
conclusiones para valorar lo expuesto en este trabajo y, principalmente, los esfuerzos de
Francisco para ayudar a ver desde otras perspectivas la realidad de los abusos.
2. LOS ABUSOS EN LA IGLESIA A PARTIR DE JUAN PABLO II Y BENEDICTO XVI
Cuando Francisco asumió el pontificado de una forma excepcional, la Iglesia entera
reconoció una nueva manera de ser cristiano en medio de la comunidad, no con base en
los formalismos de antaño, sino más bien desde el servicio humilde y sencillo. No
obstante, eso no significa que el papa haya descuidado los asuntos que conoció de cerca
como obispo y cardenal de Buenos Aires, principalmente en los que atañen a la lucha
contra el abuso de menores. De ahí que sea importante conocer de qué forma Juan Pablo
II y Benedicto XVI asumieron este reto, y qué percepciones han dejado hasta hoy dentro
de la Teología, las cuales siguen dejando dudas sobre la efectividad de la Iglesia para
encarar dicha realidad.
3
Los abusos en el seno de la Iglesia católica y sus manifestaciones por parte de
miembros con diferentes responsabilidades, particularmente clérigos, no es una realidad
contemporánea descubierta a fines del siglo XX y comienzos del XXI. De hecho, la Royal
Commission into Institutional Responses to Child Sexual Abuse, institución
gubernamental encargada de investigar las denuncias de abuso infantil en Australia, ha
constatado que este fenómeno tiene una historia extensa que se remonta a los primeros
siglos de la era cristiana
1
. Y, aunque muy seguramente las conductas abusivas se han
preservado en lo sucesivo de la historia de la Iglesia, no fue sino hacia finales del siglo
pasado que la cuestión fue tomando fuerza mediática en el caso de los escándalos de
abusos sexuales y pedofilia contra menores de edad
2
, así como en la violencia de género
sobre mujeres, particularmente religiosas, víctimas de abusos sexuales, violaciones y
abortos forzados
3
.
Sabiendo esto de entrada, es importante ahora señalar que, de acuerdo con Brahm
4
, los
pontificados de Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco han estado marcados por un
deseo de buscar soluciones pertinentes al fenómeno del abuso de menores de edad. En el
caso del papa polaco, se ha destacado su inclusión del delito de abuso sexual contra un
menor de dieciocho años cometido por un clérigo, y esto a partir de la publicación del
motu proprio “Sacramentorum sanctitatis tutela”
5
, donde se pretendió, entre otras
medidas disciplinarias, añadir este fenómeno dentro del elenco de los delicta graviora,
concepto que alude a los casos complejos que son reservados únicamente a la
Congregación para la Doctrina de la Fe, y que se especifica al interior de la Carta de los
delitos más graves reservados a la misma Congregación para la Doctrina de la Fe, así
como la prescripción del delito cometido por un clérigo contra un menor “desde el día en
que el menor cumple dieciocho años”
6
.
1
Cf. ROYAL COMMISSION INTO INSTITUTIONAL RESPONSES TO CHILD SEXUAL ABUSE, “3
Child sexual abuse in the global Catholic Church: early history and previous inquiries; 3.1
Early history of child sexual abuse in the Catholic Church”, en Final Report. Religious
institutions, vol. 16, Book 1, Canberra, Commonwealth of Australia, 2017, 162-226, aquí 163;
Federico ALTBACH NÚÑEZ, “8. Consideraciones filosófico-teológicas sobre la corporalidad y
el abuso de menores”, en D. PORTILLO TREVIZO (ed.), Teología y prevención. Estudio sobre
los abusos sexuales en la Iglesia, Maliaño, Sal Terrae, 2020, 205-232, aquí 205. Algunas
perícopas del Nuevo Testamento permiten ahondar en el origen de las prácticas abusivas
dentro del cristianismo primitivo. Incluso, se pueden reconocer, desde un análisis
interdisciplinario, signos de violencia espiritual como expresión del abuso religioso en la
retórica del Evangelio de Mateo, en: Mikko PISILÄ, “Supernatural Punishment, Spiritual
Violence and the Gospel of Matthew”, Approaching Religion 12 (2022) 18-35,
https://doi.org/10.30664/ar.111084.
2
Cf. Hille HAKER, “Abusos sexuales cometidos por clérigos: un nuevo análisis de lo acontecido
entre 2004 y 2023”, Concilium 402 (2023) 11-24; Marie-Jo THIEL, “El informe de la CIASE
en la Iglesia de Francia”, Concilium 402 (2023) 63-72.
3
Cf. Ute LEIMGRUBER, “¡Escuchar a las víctimas! Sobre la relevancia (teológica) de contar los
abusos contra mujeres adultas en la Iglesia católica”, Concilium 402 (2023) 25-38, aquí 28-
29.
4
Cf. Sofía BRAHM, “La batalla del Papa Francisco contra la cultura del abuso”, Humanitas
24/90 (2019) 144-159.
5
Cf. JUAN PABLO II, Motu proprio “Sacramentorum sanctitatis tutela”, Ciudad del Vaticano,
Editrice Vaticana, 2001, § 7.
6
CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Carta de los delitos más graves reservados a
la misma Congregación para la Doctrina de la Fe, Ciudad del Vaticano, Editrice Vaticana,
2010, § 10.
4
Según Cito
7
, este empeño de no menor importancia sería reforzado en los años
siguientes, particularmente el 7 de noviembre de 2002, el 6 de mayo de 2005 y el 21 de
mayo de 2010, este último llevado a cabo por Benedicto XVI
8
. De acuerdo con Moran
Bustos, en todos estos esfuerzos se buscó implementar, entre otros elementos,
el derecho a derogar el plazo de prescripción de estos delitos; la facultad de dispensar de la
vía procesal judicial para permitir el recurso a la extrajudicial (administrativa), en aquellos
casos en que los hechos parecen evidentes; la facultad de presentar los casos de extrema
gravedad directamente ante el Santo Padre para la expulsión del estado clerical; [y] la
inclusión del delito de posesión o distribución de pornografía infantil (en el caso de
menores de 14 años)
9
.
Este detalle refleja el legado de Juan Pablo II, quien fue consciente de lo que estaba
sucediendo en la Iglesia. No dudó en hablar abiertamente de ello, marcando tajantemente
aquel principio que orientó los esfuerzos de sus predecesores: “En el sacerdocio y en la
vida religiosa no hay lugar para quienes dañan a los jóvenes”
10
. Y en sus discursos hacia
el clero norteamericano empleó las categorías de abuso y abuso sexual para aludir a una
conducta reprobable con menores de edad por parte de los clérigos
11
. A este cuerpo
clerical le pidió cuentas por los casos de abusos sexuales en el año 2002, especialmente
por los hechos que tuvieron como protagonista al arzobispo de la Arquidiócesis de
Boston, Bernard Law, a quien le aceptó su renuncia ese mismo año.
En el ocaso de su vida, Juan Pablo II encaró el fenómeno dentro del clero
norteamericano. Fue un estímulo para que su sucesor, Benedicto XVI, siguiera esta lucha
más allá de las fronteras vaticanas, precisamente en las iglesias de Australia, Alemania e
Irlanda. En este último, tuvo lugar una convocación de obispos de ese país a Roma,
además de la especificación del delito de abuso sexual a menores en un documento
dirigido a los católicos irlandeses
12
. De igual forma, se estableció “una visita apostólica
a las diócesis y seminarios de toda Irlanda, que duró desde noviembre de 2010 hasta
marzo de 2012 y que daría importantes indicaciones de renovación”
13
.
También como su antecesor, el papa alemán hablaría abiertamente del asunto. Lo hizo
en un viaje que tuvo a Fátima en el año 2010, donde sostuvo, ante la cuestión sobre los
7
Cf. Davide CITO, “Las nuevas normas sobre los «delicta graviora»”, Ius Canonicum 50/100
(2015) 643-658, aquí 650-651, https://doi.org/10.15581/016.50.2630.
8
Cf. BENEDICTO XVI, “Litterae Apostolicae motu proprio datae «Sacramentorum Sanctitatis
tutela», normae de delictis Congregationi pro Doctrina Fidei reservatis seu Normae de delictis
contra fidem necnon de gravioribus delictis, 21 de mayo de 2010”, AAS 102 (2010) 419-434.
9
Carlos M. MORAN BUSTOS, “Los abusos de menores en la Iglesia y la necesidad ineludible de
un nuevo derecho procesal penal canónico”, Estudios Eclesiásticos 97/383 (2022) 1217-1250,
aquí 1234, https://doi.org/10.14422/ee.v97.i383.y2022.011.
10
JUAN PABLO II, Discurso en la reunión interdicasterial con los cardenales de Estados Unidos,
Ciudad del Vaticano, Editrice Vaticana, 2002, n. 3.
11
Cf. JUAN PABLO II, Discurso al décimo grupo de obispo de Estados Unidos en visita “ad
limina”, Ciudad del Vaticano, Editrice Vaticana, 2004, n. 2; Discurso al noveno grupo de
obispo de Estados Unidos en visita “ad limina”, Ciudad del Vaticano, Editrice Vaticana, 2004,
n. 5; Discurso en la reunión interdicasterial con los cardenales de Estados Unidos, Ciudad
del Vaticano, Editrice Vaticana, 2004, nn. 1.3; Antonio RELLA RÍOS, “El abuso sexual en la
Iglesia: Conceptualización y tratamiento canónico”, Anuario de derecho canónico 10 (2021)
15-92, aquí 22-23.
12
Cf. BENEDICTO XVI, Carta pastoral a los católicos de Irlanda, Ciudad del Vaticano, Editrice
Vaticana, 2010.
13
BRAHM, “La batalla del Papa Francisco contra la cultura del abuso”, 148.
5
sufrimientos de la Iglesia actual en relación con los casos de abusos sexuales a menores,
que
la mayor persecución de la Iglesia no procede de los enemigos externos, sino que nace del
pecado en la Iglesia y que la Iglesia, por tanto, tiene una profunda necesidad de volver a
aprender la penitencia, de aceptar la purificación, de aprender, por una parte, el perdón,
pero también la necesidad de la justicia. El perdón no sustituye la justicia. En una palabra,
debemos volver a aprender estas cosas esenciales: la conversión, la oración, la penitencia
y las virtudes teologales
14
.
A estos esfuerzos y pronunciamientos se le suman las modificaciones estrictas de las
normas contra la pedofilia del motu proprio de Juan Pablo II, además de su papel en la
comunicación de la legislación canónica hacia las conferencias episcopales para
acompañarlas en su trabajo por tratar los casos de abusos sexuales a menores, y esto por
medio de una Carta circular de la Congregación para la Doctrina de la Fe
15
.
Hasta aquí, la postura de Brahm permite reconocer una aparente actitud honesta por
parte de Juan Pablo II y Benedicto XVI frente a la cuestión de los abusos sexuales a
menores de edad. No obstante, la autora desconoce el papel que ha jugado la Teología en
la reflexión subyacente en las respuestas brindadas durante los pontificados anteriores a
Francisco. Más aún, no tiene en cuenta la interpretación que esta ha dado a las medidas
adoptadas para analizar, a la luz de la fe, si estas son verdaderamente consecuentes con
la actitud profética que se debe suscitar al interior de la Iglesia frente a este fenómeno.
Y es que, sin desconocer la importancia de lo logrado, se ha percibido en la respuesta
de la institución una especie de afán por buscar la purificación de su imagen, olvidando
los alcances de lo sucedido por décadas. Al respecto, académicas como la alemana Hille
Haker ven en los esfuerzos del Vaticano una muestra del manejo burocrático que siempre
se les han dado a los procesos, donde ha primado la desinformación y la poca
transparencia en los resultados. A su vez, cree que, “entre 1990 y 2020, la violencia
sexualizada por parte del clero se denominó escándalo de abusos sexuales, lo que
significaba más un escándalo para la reputación de la Iglesia que una llamada de atención
sobre la violencia y los abusos de poder”
16
.
El intento por buscar que la Iglesia saliera lo mejor librada de este problema parece ser
la explicación que ha dado la Teología desde autores como Kìgūtha y Del Villar Tagle
sobre las actitudes vistas en los anteriores pontificados, algo así como un efecto
reaccionario frente a las denuncias que han salido, no precisamente de la voz de los
pastores, sino a través de los medios de comunicación laicos
17
. Como ejemplos históricos,
Tourn y Eugenio destacan el caso de la investigación Spotlight del Boston Globe del 2002
14
BENEDICTO XVI, Viaje apostólico a Portugal, en el 10.º aniversario de la beatificación de
Jacinta y Francisco, pastorcillos de Fátima (11-14 de mayo de 2010). Palabras del Santo
Padre Benedicto XVI a los periodistas durante el vuelo hacia Portugal, martes 11 de mayo de
2010, Ciudad de Vaticano, Editrice Vaticana, 2010, 3-4.
15
Cf. CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Carta Circular. Subsidio para las
Conferencias Episcopales en la preparación de Líneas Guía para tratar los casos de abuso
sexual de menores por parte del clero, Ciudad del Vaticano, Editrice Vaticana, 2011.
16
HAKER, “Abusos sexuales cometidos por clérigos”, 16-17.
17
Cf. Mumbi KÌGŪTHA. “Ejemplos de violencia institucional”, Concilium 402 (2023) 85-94,
aquí 91.93; María Soledad DEL VILLAR TAGLE, “Las víctimas de abuso en contextos eclesiales
como lugar teológico. Transitar desde el silencio y el encubrimiento al reconocimiento y la
palabra”, Concilium 402 (2023) 73-84, aquí 78.
6
sobre el fenómeno de la pederastia en Estados Unidos
18
, mientras que Figueroa Alvear y
Tombs aluden a los estudios realizados acerca de los abusos espirituales y sexuales
cometidos al interior del Sodalicio en Perú, una Sociedad de Vida Apostólica de Derecho
Pontificio reconocida en 1997 por el papa Juan Pablo II. Este último caso, a juicio de los
mencionados investigadores, demuestra la efectividad de los medios de comunicación
para denunciar los abusos en la Iglesia, y pone al descubierto la preocupante lentitud sobre
el modo en que las autoridades religiosas y eclesiásticas han abordado estos y muchos
otros casos
19
.
Los postulados de Brahm también desconocen sombras considerables de los anteriores
papados a Francisco que vislumbran la falta de atención suficiente al fenómeno de los
abusos como un tema centrado en las víctimas más que en el prestigio de la institución.
Al respecto, existen investigaciones documentales como las contenidas en el libro
Maxima Culpa. Jan Paweł II wiedział, del periodista Ekke Overbeek, que denuncian la
responsabilidad que tuvo en su momento Karol Wojtyła como arzobispo de Cracovia
frente a los casos de abusos sexuales hacia menores por parte de sacerdotes, actuando con
negligencia y favoreciendo encubrimientos en casos manifiestos
20
. Además, autores
como Athié Gallo, Barba y González analizan los secretos conocidos al interior del
pontificado de Juan Pablo II sobre los abusos cometidos por Marcial Maciel, el fundador
de los Legionarios de Cristo
21
. Por su parte, Claret Pool cree que la afirmación del papa
polaco de que “en el sacerdocio y en la vida religiosa no hay lugar para quienes dañan a
los jóvenes”, anteriormente citada, no correspondió con la necesidad de la búsqueda del
perdón hacia las víctimas y sobrevivientes, sino que esta pretendía en su momento
18
Cf. Federica TOURN – Ludovica EUGENIO, “El silencio sobre los abusos en Italia. Entre la
omertà, la revictimización y la búsqueda de justicia”, Concilium 402 (2023) 39-50, aquí 42.
19
Cf. Rocío FIGUEROA ALVEAR – David TOMBS, “Disciplina, obediencia, y abuso en el
Soladicio”, Concilium 402 (2023) 51-62, aquí 62.
20
Cf. Ekke OVERBEEK, Maxima Culpa. Jan Paweł II wiedział, Varsovia, Ágora, 2024. Esta obra
también ha recibido réplicas en: Marcin PRZECISZEWSKI, Poland: Experts Express Serious
Concerns about Overbeek’s Book about John Paul II, Catholic Information Agency (KAI), 9
March 2023, https://www.ekai.pl/wp-
content/uploads/2023/03/Statment_KAI_Poland_09.03.2023.pdf [consultado el 10 de
septiembre de 2025].
21
Cf. Alberto ATHIÉ GALLO – José BARBA – Fernando Manuel GONZÁLEZ, La voluntad de no
saber: lo que sí se conocía sobre Maciel en los archivos secretos del Vaticano desde 1944,
Nueva York, Penguin Random House, 2012. El caso de Maciel ha puesto en consideración los
factores estructurales que han posibilitado la permanencia del acusado en el poder y la
persistencia de los actos sin restricciones considerables. Es así como Bahamondes González y
Marín Alarcón ponen al descubierto el fenómeno como algo que, más que tratarse de un caso
meramente individual, involucra dinámicas que impiden un tratamiento justo hacia las
víctimas, y así concluyen: “The case of the leader and founder of the Legionaries of Christ,
Mexican priest Marcial Maciel, becomes a prime example of the actions of the Catholic
Church when faced with the series of sexual abuse denunciations. Abuse that, regarding this
particular priest, remained active for decades. The omission of these reports, along with the
discrediting of the victims by the Catholic Church’s hierarchy, show the power and protection
net Maciel relied on to avoid sanctions, granting him a cloak of impunity. For decades he
forged networks with the political and economic elite of Mexico, which increased his power
and social influence. In this sense, Maciel became an important fundraiser for the Catholic
Church, thus achieving special recognition by the Vatican curia, and enhanced by his closeness
to Pope John Paul II”, en Luis BAHAMONDES GONZÁLEZ – Nelson MARÍN ALARCÓN, “The
silence of victims and networks of secrecy”, en V. LECAROS – A. L. SUÁREZ (eds.), Abuse in
the Latin American Church. An Evolving Crisis at the Core of Catholicism, London – New
York, Taylor & Francis Group, 2024, 123-139, aquí 129.
7
reafirmar la excepcionalidad de los casos, por lo cual se negaron las causas estructurales
de los abusos sexuales para presentarlos como eventos aislados, aparte de cimentar la
autoridad jerárquica sobre un laicado que no tiene injerencias en los espacios de poder
eclesiástico
22
.
Asimismo, recae sobre Benedicto XVI acusaciones de inacción en casos de abusos
sexuales hacia menores por parte de clérigos durante su ejercicio episcopal en Múnich,
concretamente entre los periodos 1977–1982. Actos de traslados y encubrimientos que
dan cuenta de malas conductas fueron puestos a conocimiento de la sociedad en un
informe del bufete de abogados Westpfahl Spilker Wastl, titulado Sexueller Missbrauch
Minderjähriger und erwachsener Schutzbefohlener durch Kleriker sowie hauptamtliche
Bedienstete im Bereich der Erzdiözese München und Freising von 1945 bis 2019, que
incluye varios casos de reportes sobre abusos sexuales a menores por clérigos
pertenecientes a la diócesis alemana de Múnich-Frisinga, y que ofrece nuevas evidencias
acerca de la forma como Ratzinger asumió varios escándalos que ya eran conocidos por
la autoridad civil, aún mientras ocupaba el cargo como prefecto de la Congregación para
la Doctrina de la Fe en 1982
23
.
La gravedad del asunto ayuda a entender por qué muchas víctimas y sobrevivientes
denuncian que fueron abandonadas a su suerte durante los pontificados de Juan Pablo II
y Benedicto XVI sin ningún pronunciamiento concreto que defendiera sus derechos.
Además, teólogas como la keniata Mūmbi Kìgūtha creen que los pocos e insuficientes
actos de justicia logrados hacia estas personas no partió de un sentimiento de reparación,
sino más bien de un intento por salvaguardar la imagen institucional de la Iglesia,
buscando distanciarse del pecado para no centrar la atención en quienes han sufrido
abusos, sumándole por demás la falta de claridad de los procesos, la protección del
acusado por parte de los colegas clérigos y la exigencia extraordinaria de pruebas
24
. Fue
lo que precisamente Benedicto XVI había expuesto a los católicos de Irlanda, cuando
denunció la
tendencia en la sociedad a favorecer al clero y otras figuras de autoridad y una preocupación
fuera de lugar por el buen nombre de la Iglesia y por evitar escándalos, cuyo resultado fue
la falta de aplicación de las penas canónicas en vigor y la falta de tutela de la dignidad de
cada persona. Hay que actuar con urgencia para contrarrestar estos factores, que han tenido
consecuencias tan trágicas para la vida de las víctimas y sus familias y han obscurecido la
luz del Evangelio como no lo habían logrado ni siquiera siglos de persecución
25
.
Muchas otras lagunas descubiertas por la comunidad académica dan cuenta de la
manera en que se han percibido los esfuerzos de la Iglesia por combatir los abusos
22
Cf. Juan Carlos Sebastián CLARET POOL, La caja de pandora. Origen y alcance de los abusos
de la Iglesia Católica en Chile, Santiago de Chile, Universidad de Chile, 2022, 19.
23
Cf. Marion WESTPFAHL – Ulrich WASTL – Martin PUSCH – Nata GLADSTEIN – Philipp
SCHENKE, Sexueller Missbrauch Minderjähriger und erwachsener Schutzbefohlener durch
Kleriker sowie hauptamtliche Bedienstete im Bereich der Erzdiözese München und Freising
von 1945 bis 2019, Munchen, Westpfahl Spilker Wastl, 2022, 682-754. Este informe recibió
una réplica con criterios penales y procesales que llevaron al archivo de la causa sobre la
supuesta responsabilidad penal por Beihilfe activa u omisiva a partir de los casos remitidos,
en: STAATSANWALTSCHAFT MÜNCHEN I, “Abschluss der Ermittlungen gegen kirchliche
Verantwortungsträger auf der Grundlage des Gutachtens der Erzdiözese München und
Freising”, Pressemitteilung 03/2023 (21 March 2023). Bayerisches Staatsministerium der
Justiz.
24
Cf. KÌGŪTHA, “Ejemplos de violencia institucional”, 88.
25
BENEDICTO XVI, Carta pastoral a los católicos de Irlanda, n. 4.
8
sexuales en el transcurso del tercer milenio. Dichas observaciones se podrían resumir en
una falta de comprensión de los vacíos estructurales de la Iglesia para afrontar los abusos
y priorizar la atención a las víctimas y sobrevivientes por encima de cualquier otro interés,
ya sea jerárquico o dogmático. Estas se han fundado en evidencias concretas, por lo que
su afirmación o negación dependerá de la visión de aquel que se acerque a las mismas.
Lo cierto es que el sucesor de Juan Pablo II y Benedicto XVI debió tener muy en cuenta
estas voces, no tanto para conciliar los conflictos acaecidos, sino más bien con la
intención de asumir una actitud profética que antes no tenía la institución, buscando
privilegiar al ser humano por encima del poder y la autoridad, de las cuales muchos
estuvieron abusando.
3. EL PONTIFICADO DE FRANCISCO ANTE LOS ABUSOS EN LA IGLESIA
Lo expuesto en el apartado anterior permite deducir, en palabras de Schickendantz, que
el fenómeno de los abusos sexuales contra menores en la Iglesia se ha convertido en “una
de sus crisis más significativas en la era moderna”
26
. Y es que, desde finales del
pontificado de Juan Pablo II, se presenta como un asunto mediático que ha cuestionado la
credibilidad de la institucionalidad, no precisamente en razón de la gravedad de los actos,
sino más bien, como sostiene Clariond, “por el modo en que las autoridades eclesiales
fallaron para manejarlos adecuadamente y poner por encima de otras consideraciones la
protección de los más vulnerables”
27
.
El tiempo demostró la necesidad de un cambio en la Iglesia en muchos aspectos, entre
los que sobresalía el manejo de los abusos. Con la renuncia de Benedicto XVI en 2013 el
mundo se interesó por conocer quién le sucedería. Muchos esperaron que las cosas fueran
diferentes. La llegada de Francisco al pontificado supuso una ruptura con muchos
formalismos, pero también con silencios injustificados. En este sentido, conviene repasar
qué alternativas encontró para hacer justicia a las víctimas y sobrevivientes de abusos, a
fin de conocer, aunque sea someramente, la novedad de su trabajo.
Existen algunos elementos que, dentro del pontificado de Francisco, harían alusión a
una especie de continuidad y progreso en lo que aquí se está tratando. Entre muchos de
sus actos como papa aparece la recapitulación del programa tolerancia cero de Benedicto
XVI, autorizando una reforma penal con la ley número VIII sobre el delito de posesión de
material pornográfico infantil; integró a algunas víctimas y sobrevivientes de abusos en
la Comisión Pontificia para la Protección de Menores; realizó múltiples declaraciones de
reparación en aquellos países donde los actos delictivos tuvieron lugar; llevó a cabo
múltiples reuniones con obispos para establecer líneas de acción para las diferentes
conferencias episcopales, y sancionó a los clérigos acusados de pedofilia, abuso a
menores y encubrimientos, como al arzobispo polaco Jozef Wesolowski y a Theodore
McCarrick y Donald Wuerl, cardenales sucesivos de Washington
28
.
A nivel documental, se resalta la promulgación de la Carta apostólica en forma de
motu proprio “Como una madre amorosa”, del 4 de junio de 2016, donde se detalla una
serie de procedimientos sancionatorios a los obispos negligentes cuando estos tengan
26
Carlos SCHICKENDANTZ, “Fracaso institucional de un modelo teológico-cultural de Iglesia.
Factores sistémicos en la crisis de los abusos”, Teología y Vida 60 (2019) 9-39, aquí 10,
http://dx.doi.org/10.4067/S0049-34492019000100009.
27
Benjamín CLARIOND, “10. Discernimiento moral, transparencia y rendición de cuentas.
Reflexiones sobre la publicación de nombres de sacerdotes culpables del delito de abuso
sexual de un menor”, en D. PORTILLO TREVIZO (ed.), Teología y prevención. Estudio sobre
los abusos sexuales en la Iglesia, Maliaño, Sal Terrae, 2020, 257-298, 295.
28
Cf. BRAHM, “La batalla del Papa Francisco contra la cultura del abuso”, 147.
9
conocimientos de casos de abusos sexuales a menores y adultos vulnerables
29
. Y por
medio del motu proprio “Vos estis lux mundi”, definió a estos últimos como sujetos en
condición de enfermedad, deficiencia (física o psicológica), y aquellos privados de
libertad para entender o resistir una ofensa
30
.
Más allá de lo que se pueda imaginar, Francisco tomó posturas nunca antes vistas
frente a los abusos en la Iglesia. Sobresale de modo particular su discurso de Navidad
ante la Curia Romana con ocasión de las festividades navideñas
31
. Fue un momento de
desahogo para el papa, donde manifestó, entre muchas otras aflicciones que aquejan a la
humanidad entera, el
“antitestimonio” protagonizado por ministros de la Iglesia y lamentó el que estos delitos
[abusos sexuales] hayan deformado el rostro de la Iglesia socavando su credibilidad.
Defendió a los periodistas, a quienes agradeció por desenmascarar los crímenes y por dar
voz a las víctimas. Adicionalmente, dirigiéndose a los abusadores, los conminó a
convertirse y entregarse a la justicia. Francisco está dispuesto a afrontar de lleno la crisis
por la que atraviesa su pontificado, con “la certeza de que la luz de Dios seguirá brillando
a pesar de nuestra miseria humana; la certeza de que la Iglesia saldrá de estas tribulaciones
aún más bella, purificada y espléndida”
32
.
Y si bien para la Teología esta ha sido una postura vital dentro de su reflexión reciente
sobre los abusos, no es el único aspecto proporcionado por Francisco que ha contribuido
a ahondar en el fenómeno. Hay un aporte que ha marcado hasta el día de hoy el tema, y
que lo convierte de modo permanente en un locus theologicus desde donde es posible
abrir caminos de comprensión, desconocidos por mucho tiempo para la academia y la
pastoral.
Todo comienza por una visita de Francisco a Chile en el 2018, país fuertemente
golpeado por la realidad de los abusos sexuales a menores y adultos vulnerables. Al
principio se mostró incrédulo frente a ciertos señalamientos que involucraban a Juan
Barros, obispo de la diócesis de Osorno. Después de tener algunos encuentros con
víctimas y sobrevivientes, y luego de una serie de justificables acusaciones, condenas y
dimisiones de los 34 obispos de esa nación, el papa escribe una Carta al Pueblo de Dios
que peregrina en Chile, no solamente condenando y pidiendo perdón por aquellas
atrocidades, sino también afirmando la causa de todo ello en el clericalismo, una actitud
de sumisión forzosa por parte del clero hacia los fieles. Más aún, comienza a especificar
una serie de realidades presentes en el fenómeno del abuso
33
.
Desde ese momento, ya no se hablará solamente del abuso sexual, sino que se
empezarán a señalar los abusos de conciencia y de poder a la par del primero
34
. Dicha
tríada tendrá mayor eco en las cartas de Francisco al Pueblo de Dios del 2018
35
, al
29
Cf. FRANCISCO, Carta apostólica en forma de Motu Proprio “Como una madre amorosa”,
Ciudad del Vaticano, Editrice Vaticana, 2016.
30
Cf. FRANCISCO, Motu proprio “Vos estis lux mundi”, Ciudad del Vaticano, Editrice Vaticana,
2019, art. 1 § 2, b.
31
Cf. FRANCISCO, Felicitaciones navideñas de la Curia Romana, Ciudad del Vaticano, Editrice
Vaticana, 2018, §§ 15-32.
32
BRAHM, “La batalla del Papa Francisco contra la cultura del abuso”, 149.
33
Cf. FRANCISCO, Carta al Pueblo de Dios que peregrina en Chile, Ciudad del Vaticano,
Editrice Vaticana, 2018.
34
Cf. FRANCISCO, Carta al Pueblo de Dios que peregrina en Chile, n. 3.
35
Cf. FRANCISCO, Carta al Pueblo de Dios, Ciudad del Vaticano, Editrice Vaticana, 2018, 1.3.4.
10
episcopado norteamericano
36
, a la Curia Romana
37
, y en aquella dirigida a los señores
obispos de Chile tras el informe de S.E. mons. Charles J. Scicluna
38
. Dígase de paso que,
a esta tríada, le sumará después el abuso económico en Christus vivit
39
. Desde este
panorama, Canarias Fernández-Cavada y Bilbao Alberdi afirman que el papa Francisco
hizo un fuerte llamado de atención a
un importante cambio de rumbo en el abordaje de los abusos en el seno de la Iglesia, con
dos orientaciones básicas: por un lado, completar el acercamiento personal, psicológico al
sujeto abusador con un planteamiento sistémico, estructural, de las causas de los abusos;
por otro, ampliar la conceptualización de los abusos, añadiendo a los sexuales los de
conciencia y poder, de manera que las víctimas potenciales del abuso no son sólo menores,
sino cualquier miembro de la comunidad cristiana
40
.
Con esta nueva visión de los abusos, Francisco contribuyó a reconocer que, al interior
del fenómeno, aparecen otras series de víctimas de diferentes edades y condiciones
eclesiales, denominados como adultos vulnerables. Además, empezó a reconocerse el
problema del clericalismo como la principal raíz que origina y sustenta el abuso en sus
más variadas manifestaciones, un concepto que, según Conway, había sido abordado
previo al año 2018 como el fundamento que explicaba la despersonalización y la
participación insuficiente del laicado en el ejercicio de la toma de decisiones en la
Iglesia
41
. Y el hecho de que defina esta categoría como una “manera anómala de entender
la autoridad en la Iglesia”, en la que se “genera una escisión en el cuerpo eclesial que
beneficia y ayuda a perpetuar muchos de los males que hoy denunciamos”
42
, coloca a
cualquier miembro de la Iglesia en el papel del victimario, mientras este se valga de un
cierto grado de autoridad encomendada para aprovecharse de sus subalternos, a fin de
satisfacer sus necesidades e intereses particulares
43
.
En su reflexión magisterial, el pontífice exhortó a todo el Pueblo de Dios a trabajar
para luchar en conjunto por erradicar este mal de los abusos en la Iglesia, misión que
hasta ese entonces estaba reservada únicamente al cuerpo jerárquico. Básicamente,
propuso asumir una actitud sinodal donde primara el papel de todos los fieles en la
construcción de una reforma consistente, que estimule la consulta, la participación y la
corresponsabilidad en la elaboración y puesta en marcha de todas las decisiones tomadas,
36
Cf. FRANCISCO, Carta a los obispos estadounidenses que hacen los ejercicios espirituales en
el Seminario de Mundelein, Archidiocésis de Chicago, Ciudad del Vaticano, Editrice Vaticana,
2019, 2.6.
37
Cf. FRANCISCO, Felicitaciones navideñas de la Curia Romana, 4.
38
Cf. FRANCISCO, Carta a los señores obispos de Chile tras el informe de S.E. mons. Charles J.
Scicluna, Ciudad del Vaticano, Editrice Vaticana, 2018, 2.
39
Cf. FRANCISCO, Exhortación apostólica postinodal Christus vivit, Ciudad del Vaticano,
Editrice Vaticana, 2019, n. 98.
40
Jorge CANARIAS FERNÁNDEZ-CAVADA – Galo BILBAO ALBERDI, “Buscando un idioma en
común. Propuesta de un marco conceptual de abordaje de los abusos en la Iglesia”, Estudios
Eclesiásticos 99/388 (2024) 9-41, aquí 11-12,
https://doi.org/10.14422/ee.v99.i388.y2024.001.
41
Cf. Eamonn CONWAY, “6. Clericalismo y violencia sexual. Explorando las implicaciones para
la formación sacerdotal”, en D. PORTILLO TREVIZO (ed.), Teología y prevención. Estudio
sobre los abusos sexuales en la Iglesia, Maliaño, Sal Terrae, 2020, 145-172, aquí 151-158;
FRANCISCO, Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, Ciudad del Vaticano, Editrice
Vaticana, 2013, n. 102.
42
FRANCISCO, Carta al Pueblo de Dios, 3.
43
Cf. Stanley HALL, “Spiritual abuse”, Youth Work (2003) 32-35.
11
entendiendo, según Luciani, que “lo que afecta a todos debe ser tratado y aprobado por
todos”
44
. En el contexto de los abusos, implica la búsqueda de la reconciliación, no
solamente como “una necesidad ad extra de credibilidad ante el mundo; sino que, es
también una necesidad ad intra entre los responsables eclesiales en los diversos niveles
de la Iglesia universal”, de tal manera que ella pueda ser “un agente de gracia salvífica
entre las culturas, los pueblos y las naciones”, pero también un lugar de acogida recíproca
sobre todos “como participantes iguales en la casa del Señor”
45
.
El papa argentino colocó a la Iglesia en una posición de aprendizaje de los efectos
estructurales y culturales de sus propias dinámicas, logrando despertar la conciencia del
Pueblo de Dios en lo que se refiere a los abusos en entornos eclesiales, y donde ninguna
víctima vulnerada en su corporalidad o fuero interno quede sin la atención debida. De
este modo, incentivó un trabajo que muchos continúan en favor de aquellos que han sido
invisibilizados sin el justo reconocimiento de sus derechos vulnerados.
Las implicaciones en torno a los nuevos acercamientos teológicos y pastorales sobre
los abusos dentro de la Iglesia son aún latentes, pues la reflexión es muy reciente y
apremia continuas investigaciones teóricas con repercusiones prácticas. Las posibilidades
están abiertas, y el magisterio pontificio de Francisco fue vital en este sentido, no
solamente porque dio continuidad al despliegue de medidas drásticas contra los abusos,
sino porque generó un progreso teológico que conlleva a asumir este fenómeno con otros
criterios.
4. LOS ABUSOS EN LA IGLESIA COMO LOCUS THEOLOGICUS DESDE LA PROPUESTA DE
FRANCISCO
Rosino Gibellini, por medio de la publicación de su libro La Teología del siglo XX, señaló
un camino que no debe limitarse al planteamiento de las teologías que presentó de una
manera excepcional. En realidad, la obra demuestra que es posible abrir en cada época de
la historia nuevos senderos por donde sea posible auscultar la voz del Señor que sigue
clamando la sanación a los quebrantados de corazón y la libertad a los cautivos (cf. Lc
4,18)
46
.
Hoy se presentan dentro de la Iglesia múltiples formas de vulnerabilidad, con ciertas
consecuencias en el orden psicológico y espiritual que dañan lo más íntimo de la persona,
hasta el punto de hacerle perder la fe en Dios y en sí misma. Es la perspectiva generada
con la propuesta del papa Francisco sobre los abusos sexuales, de poder, de conciencia y
demás, que hacen pensar que el teólogo del siglo XXI encuentra en este escenario un
terreno fecundo de nuevos signos de los tiempos, pero esta vez teniendo como escenario
de reflexión crítica la Iglesia misma y, como lugar teológico, la realidad de los abusos
con sus víctimas y sobrevivientes, pues este, como en el caso del contexto de los pobres,
es un
“lugar” en que se manifiesta de modo especial la presencia del Dios de Jesucristo (una
presencia escondida y desconcertante al principio, pero que luego se hace presencia
44
Rafael LUCIANI, “El corazón de la recepción actual de la eclesiología del Pueblo de Dios:
Nuevos caminos en la teología y la práctica del Sensus Fidei”, Medellín 48/185 (2022) 565-
596, aquí 570.591.
45
SUBGRUPO DE LA COMISIÓN DE ESPIRITUALIDAD: ESPIRITUALIDAD DE LA SINODALIDAD,
Hacia una espiritualidad para la sinodalidad, Ciudad del Vaticano, Editrice Vaticana, 2019,
12.
46
Cf. Rosino GIBELLINI, La Teología del siglo XX, traducción de Rufino Velasco, Bilbao, Sal
Terrae, 1998.
12
profética, en cuanto que hace que el anuncio se convierta en denuncia, y finalmente
presencia apocalíptica, en cuanto que exige que acabe el tiempo de la opresión y prepara
la irrupción de un tiempo nuevo); “lugar” donde se hace más urgente, según Mt 25, el
seguimiento de Jesús y donde, por tanto, se hace posible una reflexión de fe más profunda
y una auténtica teología cristiana
47
.
Esta perspectiva, si bien representa una puesta en escena original dentro de la Teología,
no es nueva desde lo que el Vaticano II ha impulsado con la apertura a los nuevos signos
de los tiempos. Como afirma Angulo Ordorika, el Concilio contribuyó significativamente
a este campo al colocar la historia como escenario donde acontece la Revelación de Dios,
no agotada por demás en los límites del tiempo y del espacio, por lo que la crisis de los
abusos puede ser tenida para la reflexión teológica contemporánea como una oportunidad
donde, tanto la Iglesia como la misma Teología, pueden caminar juntos en clave de
aprendizaje y renovación de su forma de ser y actuar en el mundo frente a este problema,
mientras sean capaces de asumir el desafío que ello comporta con determinación y sin
titubeos
48
.
Por otro lado, hay que anotar que, cuando se hacen consultas de artículos académicos
en torno a los abusos dentro de la Iglesia, se suele encontrar un dato importante, y es el
grado de interés que se han despertado en las épocas de los tres pontificados anteriores a
León XIV. A modo de ejemplo, se puede presentar el siguiente caso: el 24 de mayo de
2025 se hizo en Scopus un rastreo de artículos que hicieran alusión a los abusos de poder,
de conciencia y sexual en la Iglesia. Se delimitó el tiempo desde 1978 (año de inicio del
pontificado de Juan Pablo II) y 2013 (renuncia de Benedicto XVI), arrojando un total de
62. Al cambiar la ecuación, abarcando los años de pontificado de Francisco (2013-2025),
se tuvo como resultado notorio 296 artículos hallados, sin contar los libros y otras clases
de publicaciones académicas que podrían triplicar la anterior cifra. Esto demuestra, en
palabras de Sánchez-Girón Renedo que, a partir de la publicación de las cartas del papa
Francisco al Pueblo de Dios que peregrina en Chile y al Pueblo de Dios, ambas del 2018,
“las investigaciones y publicaciones en este terreno se han ido multiplicando, con
aportaciones multidisciplinares que, sin duda, están llamadas a potenciar la comprensión
del fenómeno y la aplicación de soluciones eficaces en esta problemática que, como se
viene señalando, puede afectar no sólo a menores de edad, sino a una gran variedad de
personas”
49
.
Este interés de la academia por los abusos en la Iglesia no solamente está
contribuyendo a generar nuevos discursos que enriquecen la Teología, sino que rompen
con el círculo de una falsa autonomía de dicha ciencia que, en otras épocas, le
imposibilitaba el diálogo con otras disciplinas. Hoy se ve con buenos ojos la colaboración
de muchos laicos que, desde diferentes frentes de conocimiento, tratan de entender mejor
esta realidad desde todas las dimensiones posibles. Así se cumple el deseo de Francisco
de que “cada uno de los bautizados se sienta involucrado en la transformación eclesial y
social que tanto necesitamos. Tal transformación exige la conversión personal y
comunitaria, y nos lleva a mirar en la misma dirección que el Señor mira”
50
.
47
GIBELLINI, La Teología del siglo XX, 398.
48
Cf. Ianire ANGULO ORDORIKA, “Abusos en la Iglesia: sarx y logos al servicio del ágape”,
Carthaginensia 41/79 (2025) 417–434, aquí 420, https://doi.org/10.62217/carth.632.
49
José Luis SÁNCHEZ-GIRÓN RENEDO, “¿Cuándo un abuso es delito? Perspectiva canónico
penal del abuso”, Estudios Eclesiásticos 99/388 (2024) 169-199, aquí 170,
https://doi.org/10.14422/ee.v99.i388.y2024.005.
50
FRANCISCO, Carta al Pueblo de Dios, 3.
13
Ahora bien, hay algunos puntos que ayudan a comprender el horizonte teológico
abierto por el papa, que pueden ir animando a muchos teólogos del siglo XXI y siguientes
a acoger este tema de los abusos como un auténtico lugar desde donde es posible hacer
Teología. Uno de ellos es la imagen de Dios que está en juego. Sobre esto, Francisco
afirmaba: “La cultura del abuso y del encubrimiento es incompatible con la lógica del
Evangelio ya que la salvación ofrecida por Cristo es siempre una oferta, un don que
reclama y exige la libertad. Lavando los pies a los discípulos es como Cristo nos muestra
el rostro de Dios. Nunca es por coacción ni obligación sino por servicio”
51
.
Con estas líneas, el pontífice recordaba que Jesucristo no solamente asumió una
entrega libre por amor a la humanidad, sino también que reflejó con su vida la imagen de
un Dios que promueve la libertad y la integridad de todas las personas. De allí que
sostenga la incompatibilidad de la propuesta del Evangelio con aquella actitud clericalista
“que busca siempre controlar y frenar la unción de Dios sobre su pueblo”
52
, y con la cual
se deforma su rostro en el corazón de los fieles.
A partir de este contexto, la Teología ha despertado su interés en proponer un giro, no
solamente sobre la pastoral, sino también sobre ella misma, donde, según Lecaros y Caro,
se
tome en cuenta la supervivencia de cosmovisiones inadecuadas y potencialmente perversas.
Ciertas imágenes de Dios latentes en algunos documentos oficiales y presentes en varias
devociones populares, en particular las representaciones de un Dios mago todopoderoso y
de su Hijo sacrificado a pedido suyo, contribuyen, por una parte, a reforzar un clericalismo
malsano que diviniza al sacerdote y, por lo tanto, lo exime de toda fiscalización, y, por otra
parte, a aceptar el sufrimiento, valorándolo como un salvoconducto al cielo. La dimensión
teológica se ha infravalorado en la lucha contra los abusos. Hace falta superar el
autoritarismo clerical, fiel reflejo de un Dios de poder absoluto, para promover una cultura
de la corresponsabilidad y de la vulnerabilidad, fiel reflejo de un Dios de Amor que espera
nuestro compromiso para expandir el “Shalom” que pregonaba Jesús
53
.
De acuerdo con Ferrer Usó, esta deformación de la imagen de Dios ha llevado, en no
pocas ocasiones, a imposibilitar que cada creyente se sienta “amado, valioso y seguro por
y en el Señor, impidiendo y obstaculizando la experiencia de salvación”
54
. Con ello,
además, se ha promovido la tergiversación de los valores evangélicos hasta vaciarlos de
su sentido liberador, y esto con base en la instrumentalización de las Escrituras y en la
transmisión de ciertos comentarios piadosos que pretenden justificar algunos modos de
proceder insanos para la comunidad.
Aspectos como la obediencia ciega son sometidos a una interpretación nociva que
promueve la renuncia de la propia libertad y responsabilidad, desatendiendo el don de
Dios que habita en cada fiel para buscar la legitimación de las autoridades opresoras, así
como un sometimiento irreflexivo a las mismas, haciéndolas parecer como intachables y
delegadas por voluntad divina. Este tipo de cosmovisión eclesial, desde la perspectiva de
Martínez y Montero Orphanopoulos, ha favorecido hasta hoy el abuso de poder y
autoridad, radicados “en una falsa comprensión de la autoridad y en una
51
FRANCISCO, Carta al Pueblo de Dios que peregrina en Chile, n. 5.
52
FRANCISCO, Carta al Pueblo de Dios que peregrina en Chile, n. 5.
53
Véronique LECAROS – Ana Mercedes CARO, “El silencio de las víctimas de abuso en entorno
eclesial. Análisis a partir del caso peruano”, Estudios Eclesiásticos 99/388 (2024) 75-122, aquí
112, https://doi.org/10.14422/EE.V99.I388.Y2024.003.
54
Valeska FERRER USÓ, “Abusos en la Iglesia: posibilidades restaurativas en la justicia
canónica”, Estudios Eclesiásticos 99/388 (2024) 291-330, aquí 298,
https://doi.org/10.14422/ee.v99.i388.y2024.008.
14
sobreestimación/manipulación de lo sagrado, aparentemente operada con argumentos
teológicos”, lo cual puede llegar a convertirse “en un auténtico problema de praxis
eclesial cuando esos términos se vinculan de una manera equivocada”
55
.
Como consecuencia, Martínez-Gayol Fernández considera que se comprometen desde
el orden psicológico y espiritual “el nombre, la imagen y la voluntad de Dios y esto lleva
consigo, más allá de la distorsión en la idea de Dios, una herida particularmente profunda
en la persona, en su relación con dicho Dios, en su fe y en su confianza en las instituciones
eclesiales”
56
.
Todas estas intuiciones permiten anotar que, gracias a Francisco, la Teología se ha
sentido impulsada a elaborar una reflexión cada vez más amplia sobre los abusos en la
Iglesia, aunque no dependa exclusivamente de su magisterio pontificio, sabiendo que esta
ha desplegado sus estudios desde el periodo de Juan Pablo II hasta el día de hoy
57
.
Uno de los factores que ha posibilitado que la Teología se apropie de la cuestión de
los abusos ha sido la atención del lugar de las víctimas y sobrevivientes en el discurso
teológico que se elabora al respecto. Es cierto que, en este punto, se ha partido de la
preocupación de Francisco por fomentar una actitud de atención en quienes han sufrido
abusos en la Iglesia, lo que le llevó a afirmar en algún momento que “la falta de
reconocimiento/escucha de sus historias, como también del reconocimiento/aceptación
de los errores y las omisiones en todo el proceso, nos impiden hacer camino”
58
. No
obstante, la Teología ha leído este fenómeno desde sus propios sentires, percibiendo la
necesidad de plantear diversas reflexiones desde las experiencias del dolor de la
vulnerabilidad violentada, manifestado con más fuerza en la inconformidad por el silencio
impuesto, el rechazo injustificado y la falta de solidaridad de la comunidad eclesial, la
cual, según Francisco, no supo estar donde tenía que estar, al no actuar a tiempo,
“reconociendo la magnitud y la gravedad del daño que se estaba causando en tantas
vidas”
59
. Es así como, según Schickendantz, la comunidad académica se pone a la escucha
de aquellas múltiples voces de tantos rostros vulnerados para auscultar, discernir e
interpretar lo que el Espíritu suscita desde ellas, y más cuando esas voces representan
“en numerosos aspectos el sentir y las perspectivas de muchas víctimas, un «locus
theologicus precarias»”
60
.
Para la Teología, las víctimas y sobrevivientes ocupan en la reflexión sobre los abusos
un espacio vital para resignificar este fenómeno como un verdadero locus theologicus, en
el que es posible ensanchar los horizontes para entender este problema como revelador
55
Julio L. MARTÍNEZ – Carolina MONTERO ORPHANOPOULOS, “Reconocimiento del otro frente
al abuso en la Iglesia”, Estudios Eclesiásticos 99/388 (2024) 201-252, aquí 224-225,
https://doi.org/10.14422/ee.v99.i388.y2024.006.
56
Nurya MARTÍNEZ-GAYOL FERNÁNDEZ, “Revisitando la obediencia. Ante los abusos de poder
en la vida consagrada”, Estudios Eclesiásticos 99/388 (2024) 123-168, aquí 125,
https://doi.org/10.14422/ee.v99.i388.y2024.004.
57
A modo de ejemplo, puede verse cómo la revista Concilium ha aportado en su numeral 402
una reflexión actualizada de los abusos en la Iglesia, y que puede ser considerado como un
avance de lo contenido en otro numeral publicado en el 2004, penúltimo año del pontificado
de Juan Pablo II y época en que la crisis de los abusos sexuales a menores apenas estaba
animando las primeras investigaciones de carácter teológicas. En: Regina AMMICHT-QUINN –
Hille HAKER – Maureen JUNKER-KENNY (eds.), La traición estructural de la confianza,
Estella, Verbo Divino, 2004.
58
FRANCISCO, Carta al Pueblo de Dios que peregrina en Chile, n. 4.
59
FRANCISCO, Carta al Pueblo de Dios, 2.
60
Carlos SCHICKENDANTZ, “«Un nuevo género de literatura cívica» para la reforma de la Iglesia
Significado teológico de los informes internacionales sobre los abusos”, Teología 58/136
(2021) 121-150, aquí 137.
15
de una realidad en la que Dios sigue manifestando su impulso liberador en favor de
quienes se sienten oprimidos por el autoritarismo religioso. Autores como Schickendantz
y Sander destacan la relevancia que tiene la participación de las víctimas y sobrevivientes
como testigos sintientes de los actos abusivos, facilitando a la Teología la revelación del
sentido de la verdad de este problema eclesial a la luz de la fe, siendo su testimonio
relevante para el progreso de la Teología en este campo y, por ende, irremplazable en
cualquier investigación y reflexión venideras
61
.
Desde esta perspectiva, es posible aludir que el abordaje de los abusos en la Teología
se fundamenta en un enfoque que no parte del desarrollo de teorías, sino más bien de la
atención a las víctimas y sobrevivientes, dándoles el lugar que corresponde en su papel
constructor de narrativas de vivencias traumáticas, a fin de explorar aquellas resonancias
cristológicas entre la experiencia del abuso y la experiencia del crucificado, lo que, según
Del Villar Tagle, se
constituyen en avenidas necesarias para situar la verdad de quienes han sobrevivido a
abusos sexuales [de poder, de conciencia y demás] en el corazón del quehacer teológico.
Ambos caminos invitan a la necesaria deconstrucción de discursos y prácticas religiosas
que han situado a Dios del lado de los abusadores y sus cómplices, para reencontrarle del
lado de las víctimas y sobrevivientes como una presencia divina que conoce su dolor y nos
invita a actuar y alzar la voz, por una Iglesia y un mundo sin abusos
62
.
Frente a todo esto, es importante anotar que, en este campo, algunos teólogos pueden
caer en el riesgo de hacer opcional la escucha atenta de las víctimas y sobrevivientes en
medio del desarrollo de sus reflexiones e investigaciones teológicas. Como se ha
evidenciado, prescindir de estas voces sería desacreditar los avances que emerjan dentro
de los círculos académicos. No obstante, las mismas víctimas y sobrevivientes pueden (y
deben) elaborar sus propias intuiciones que, en sí mismas, poseen un valor teológico de
gran peso. Tal y como sostiene Arenas, descubrir en la crisis de los abusos un locus
theologicus forma parte de la actividad pastoral y humana de los miembros de la Iglesia
desde la lectura atenta de los signos de los tiempos, comprendiendo los factores históricos,
sociales y culturales que van influyendo en la transmisión y expresión de la fe. Por tal
motivo, y poniendo de ejemplo al pueblo chileno, cualquier bautizado está en la capacidad
de iniciar procesos teológico-pastorales que, desde las comunidades de base, ofrezcan sus
propias lecturas teológicas sobre la crisis de los abusos que puedan estar viviendo, de
modo que sea posible repensar, a partir de ciertas narrativas, sus causas estructurales y
culturales
63
.
Además de las voces de las víctimas y sobrevivientes, otras realidades pueden ser
asumidas como lugares donde los abusos suscitan Teología. Heyder alude a que los
cuerpos heridos de los abusados son un lugar teológico inflexible que posibilita la
generación de narrativas que desafían a “reformular no solo la eclesiología y la teología
61
Cf. Carlos SCHICKENDANTZ, “Relevance and Meaning of the International Reports on Abuse.
An Inescapable Challenge for the Reform of the Catholic Church”, en V. LECAROS – A. L.
SUÁREZ (eds.), Abuse in the Latin American Church. An Evolving Crisis at the Core of
Catholicism, London – New York, Taylor & Francis Group, 2024, 140-154, 144-145; Hans-
Joachim SANDER, “Ehrfurcht – und kein Gesundbeten bitte. Scham ohne Aussicht auf
Vergebung der Schuld”, en K. HILPERT – S. LEIMGRUBER – J. SAUTERMEISTER – G. WERNER
(eds.), Sexueller Missbrauch von Kindern und Jugendlichen im Raum von Kirche. Analyse.
Bilanzierung. Perspecktiven, Freiburg im Breisgau, Herder, 2020, 373-383, aquí 375.
62
DEL VILLAR TAGLE, “Las víctimas de abuso en contextos eclesiales”, 83.
63
Sandra ARENAS, “The Awakening of Chile Demands for Participation and the Synodal
Church”, Louvain Studies 45 (2022) 97-111, here 100-102.
16
del ministerio, sino también la hermenéutica de la Biblia”
64
. Por su parte, las noticias que
aparecen en los medios de comunicación sobre los abusos pueden ser tomados en cuenta
como verdaderos locus theologicus. Si antes los acontecimientos eran eludidos de manera
arbitraria, hoy deben movilizar la respuesta de fe en un Dios que se sigue revelando en
circunstancias de vulnerabilidad dentro de su Iglesia. De acuerdo con Glombik, esta
conciencia debe estimular en la comunidad la escucha crítica y creativa de esas voces que
resuenan en los medios de comunicación, pues estas hablan sobre la fe, pero también
promueven la reflexión acerca de la fidelidad al Evangelio en medio de la crisis de los
abusos. Así, la Iglesia es interpelada a “hacer examen de conciencia y a recordar la
advertencia que Jesús dirigió a los que hacen tropezar a los pequeños (Mt. 18,6)”, de tal
manera que estos medios sirven “como herramientas en la prevención de los abusos
sexuales contra menores y dar la oportunidad de hablar a las personas agredidas”
65
.
Sin duda alguna, se puede afirmar que estas no son las únicas vías generadas en la
reflexión teológica contemporánea para estudiar mucho más a fondo y de manera
interdisciplinar el fenómeno de los abusos en la Iglesia. El camino sigue abierto para
reconocer nuevos aportes emanados del legado que dejó Francisco a la academia y la
pastoral. No obstante, lo expuesto hasta ahora da a entender que la Teología ha continuado
un trabajo arduo emprendido por el jesuita argentino, y que seguramente se prolongará
en los pontificados sucesivos. De esta forma, se reconoce su obra como un punto de
quiebre que ha dado sus frutos en un sinnúmero de investigaciones habidas y por haber.
Esto ya lo coloca como un autor de obligada referencia para todo aquel que se aventure a
explorar esta realidad desde la fe y en diálogo con otras ciencias.
5. CONCLUSIONES
Se han podido reconocer las contribuciones de los papas Juan Pablo II, Benedicto XVI y
Francisco en la lucha por confrontar los abusos en la Iglesia. Los dos primeros se
enfocaron en tomar las medidas mejor dispuestas en sus respectivas épocas para hacer
frente a este problema que hoy en día sigue dando de qué hablar. Pero hasta ese entonces
esta realidad se percibía como algo que no tenía otro trasfondo que el sexual. Con el papa
Francisco se ensancharon las perspectivas, al punto que la Teología asumió el reto de
reflexionarlas para entender mejor lo que había detrás de un acto violento en la comunidad
eclesial. Su palabra convirtió el tema de los abusos en un locus theologicus, donde la
pastoral, la imagen de Dios, la jerarquía y las víctimas y sobrevivientes han ocupado un
lugar en el discurso hasta el momento impensado.
En este orden de ideas, la figura de Francisco es fundamental para entrar en la reflexión
teológica acerca de los abusos en el seno de la Iglesia. Entre los elementos que
particularizaron la obra de Francisco en su lucha por frenar este fenómeno, se pueden
apreciar la ubicación de las víctimas y sobrevivientes en el centro de atención
66
, su
64
Regina HEYDER, “Narrating and Remembrance in the Face of Abuse in the Church”, Religions
13 (2022) 1-12, aquí 10, https://doi.org/10.3390/rel13040348; cf. Mireia VIDAL I QUINTERO
(ed.), Genealogías del trauma. Cuerpos abusados, memorias reconciliadas, Estella, Verbo
Divino, 2022.
65
Konrad Józef GLOMBIK, “Entre poner en descrédito e informar de forma fidedigna: sobre el
papel de los medios de comunicación en respuesta a la crisis de los abusos sexuales en la
Iglesia Católica polaca”, Journal of Moral Theology 5 (2024) 228-245, aquí 235-236,
https://doi.org/10.55476/001c.117740.
66
Cf. FRANCISCO, Por las víctimas de abusos – El Video del Papa 3 – Marzo 2023, El Video
del Papa, 2023, https://www.youtube.com/watch?v=3u9oNOLsnc0 [consultado el 29 de
diciembre de 2025], 0:25-0:45.
17
apuesta por una transparencia y rendición de cuentas totales
67
, y el perdón que pidió por
los pecados personales y eclesiales, suscitando en todos el deseo de reconocer
sinceramente “los errores, los delitos y las heridas generadas en el pasado”, a fin de que
cada uno se abra y comprometa “más con el presente en un camino de renovada
conversión”
68
. No necesitó que los medios de comunicación reconocieran por él los
errores de la Iglesia, aunque valoró su trabajo en favor de quienes han sufrido
69
.
El papa no tuvo ningún reparo en sacar a la luz la imagen que la comunidad eclesial se
había forjado por su injusta impunidad, y así consiguió que la Iglesia volviera a
resplandecer con sus pecados, promoviendo dentro de ella, no solamente el protagonismo
que debe asumir de su propio proceso de conversión, sino también una teología capaz de
transfigurar a la luz del Resucitado las heridas de las víctimas y sobrevivientes para
convertirlas, en palabras de García Casas, en
manantial de gracia y de vida nueva. Por este motivo, la teología debe profundizar en la
relación del hombre (del creyente, del superviviente, del abusado, etc.) con aquel que
conoce muy bien la “masa humana”, abraza nuestra debilidad y da su vida para que
tengamos vida en plenitud. Efectivamente, se trata más de una teología espiritual, pero si
no se profundiza en ésta se cae en el riesgo de quedarse en un Dios “conceptual”, que se
solidariza “conceptualmente” con el hombre, pero no es capaz de darle nueva existencia
70
.
Mucho se le deberá a Francisco sus esfuerzos por abrir caminos a la Teología para
ubicar el fenómeno de los abusos en la Iglesia en el ámbito académico de la investigación,
a la par de otras preocupaciones que se espera sean retomadas por León XIV. Ello implica
hacer una reflexión sobre el nivel de apertura y la necesidad de la interdisciplinariedad y
acogida del tema en el ámbito académico, puesto que, como afirma el mismo Francisco,
la “magnitud y gravedad de los acontecimientos exige asumir este hecho [abuso sexual,
de poder, de conciencia…] de manera global y comunitaria”
71
. Esta necesidad de tener en
cuenta el fenómeno como algo que compete a todos apremia su abordaje desde una
perspectiva ampliada, debido a que, según Ferrer Usó, “la herida que ocasiona, con el
67
Al respecto, conviene resaltar que, para este cometido, Francisco había instituido en el año
2014 la Comisión Pontificia para la Protección de los Menores, que tiene como objetivo
proponerle al Santo Padre “las iniciativas más adecuadas para la protección de los menores y
adultos vulnerables, así como realizar todo lo posible para asegurar que delitos como los
sucedidos ya no se repitan en la Iglesia”, en FRANCISCO, Quirógrafo para la institución de la
Comisión Pontificia para la Protección de los Menores, Ciudad del Vaticano, Editrice
Vaticana, 2014, § 4. Asimismo, el pontífice le había delegado a esta Comisión el 29 de abril
de 2022 la tarea de preparar anualmente “un informe sobre las iniciativas de la Iglesia para la
protección de los menores y de los adultos vulnerables”, que contribuya al conocimiento de
“lo que está sucediendo y lo que debe cambiar, para que las autoridades pertinentes puedan
actuar”, en FRANCISCO, Discurso a los miembros de la Comisión Pontificia para la Protección
de los Menores, Ciudad del Vaticano, Editrice Vaticana, 2022, § 10.
68
FRANCISCO, Carta al Pueblo de Dios, 4.
69
Cf. Juan Vicente BOO, El Papa agradece a los periodistas que han dado voz a las víctimas de
abusos, ABC, 2021, https://www.abc.es/sociedad/abci-papa-agradece-periodistas-dado-
victimas-abusos-
202111131406_noticia.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.abc.es%2Fsociedad%2Fabci-
papa-agradece-periodistas-dado-victimas-abusos-202111131406_noticia.html [consultado el
29 de diciembre de 2025], § 4.
70
Pedro GARCÍA CASAS, “Esperanza contra toda esperanza. El desafío que plantean las víctimas
de abusos sexuales a la Iglesia y al ministerio sacerdotal”, Carthaginensia 38/74 (2022) 307-
328, aquí 315, , https://doi.org/10.62217/carth.343.
71
FRANCISCO, Carta al Pueblo de Dios, 2.
18
«plus» de acontecer en el ámbito eclesial, abarca a la persona entera, en todas sus
dimensiones, y esto exige acercarnos a ella desde una amplitud de disciplinas”
72
, con un
sentido de auténtica libertad, surgida desde Thiel como consecuencia de “la confrontación
interdisciplinar, de un diálogo que acepta epistemologías diversas, y según el método de
«las víctimas primero», porque las víctimas tienen un sexto sentido sobre lo que se puede
y se debe hacer”
73
.
En consecuencia, los teólogos deben entrar en un profundo y humilde reconocimiento
de la dimensión dramática de los abusos en la Iglesia, sabiendo, en palabras de Martínez
y Montero Orphanopoulos, que “la contribución de este ámbito es claramente
insuficiente, sin ignorar ni despreciar, por supuesto, algunos trabajos interesantes que
hay”, lo que impulsa el despliegue de una audaz reflexión teológica, compromiso “que
queda por hacer, así como sobre el deber de intentarlo”
74
. En estos términos, se invita a
reflexionar sobre si los teólogos están disponibles para llevar a cabo la tarea de investigar
el fenómeno de los abusos desde la Teología y otras visiones emergentes. Y es que, según
Jeanrond, para la misma Teología queda el deber de la autocrítica “sobre su propia
implicación —que lleva ya mucho retraso— en la Iglesia donde el abuso sexual,
espiritual, físico y teológico se ha convertido en una realidad generalizada en
contradicción directa con las exigencias centrales del discipulado cristiano”
75
.
Dicha cuestión ha sido repensada por Hans Zollner, teólogo jesuita alemán, al plantear
los siguientes interrogantes:
Es tarea de las universidades y los académicos reflexionar y analizar el abuso y sus
condiciones propicias de forma libre, crítica, sistemática, discursiva e interdisciplinar en la
enseñanza y la investigación académicas, y desarrollar contramedidas bien fundamentadas.
Esto debería hacerse en relación con la práctica, siendo conscientes de los efectos políticos
y como acto profético. Sin embargo, puede observarse que incluso en el mundo académico
apenas existe todavía conciencia y voluntad reales para un compromiso sostenible de este
tipo. No hay otra forma de explicar por qué ni siquiera en las facultades de Teología de
todo el mundo el examen de las cuestiones específicamente teológicas de la crisis de los
abusos ha suscitado un interés sostenido que vaya más allá de las iniciativas individuales
76
.
Lo mencionado por Zollner refleja el desconocimiento y/o la ignorancia frente al tema
de los abusos en la academia. No hay suficiente diálogo interdisciplinar, ni tampoco
disposición para investigar esta realidad, lo cual impide que los teólogos y teólogas
asuman este desafío en clave sinodal, tal y como lo pidió Francisco, de manera que puedan
contribuir al Pueblo de Dios con su aporte “a desarrollar una comprensión de la realidad
iluminada por la Revelación y a elaborar respuestas adecuadas y un lenguaje apropiado
72
FERRER USÓ, “Abusos en la Iglesia: posibilidades restaurativas en la justicia canónica”, 297.
73
THIEL, “El informe de la CIASE en la Iglesia de Francia”, 66-67.
74
MARTÍNEZ – MONTERO ORPHANOPOULOS, “Reconocimiento del otro frente al abuso en la
Iglesia”, 224.
75
Werner G. JEANROND, “Abuso, encubrimiento y necesidad de una reforma de la Iglesia y la
teología”, Journal of Moral Theology 5 (2024) 265-283, aquí 270-271,
https://doi.org/10.55476/001c.117742.
76
Hans ZOLLNER, “Una aproximación a lo que significa Aufarbeitung”, Concilium 402 (2023)
137-148, aquí 144.
19
para la misión”
77
, impulsando a las instituciones teológicas para que acompañen “a la
Iglesia a vivir cada vez más plenamente la dimensión sinodal”
78
.
Empero, y a pesar de los esfuerzos impulsados por Francisco, varios sectores
teológicos ven como insuficientes sus trabajos en esta materia. Por ejemplo, Tourn y
Eugenio creen que tardó en pronunciarse acerca de los abusos a las religiosas, lo cual
retardó su estudio progresivo, y le objetan la defensa que al principio hizo de Marko
Rupnik en su caso de manipulación y violencia hacia algunas de ellas
79
. Además,
Saldanha le acusa de no darle participación a los supervivientes de los abusos en una
reunión que sostuvo en Roma durante el año 2019 con obispos implicados
80
.
Más allá de lo que se pueda afirmar en adelante, no se puede negar el hecho de que
Francisco dejó una huella que no se puede desconocer. Sus ideas le han posibilitado a la
Teología la comprensión de la importancia de dialogar con otras disciplinas para el
desarrollo de propuestas a nivel académico y pastoral, con el propósito de ayudar lo mejor
posible a las comunidades a vivir los criterios propuestos dentro del Sínodo sobre la
Sinodalidad, a saber, la comunión, la participación y la misión, y esto a través del fomento
de una cultura del cuidado que abogue por las víctimas y sobrevivientes, y haga frente a
cualquier manifestación de abuso.
77
FRANCISCO – XVI ASAMBLEA GENERAL ORDINARIA DEL SÍNODO DE LOS OBISPOS, Por una
Iglesia sinodal: comunión, participación y misión. Documento final, Ciudad del Vaticano,
Editrice Vaticana, 2024, n. 67.
78
SÍNODO DE LOS OBISPOS, Pistas para la fase de implementación del sínodo, Ciudad del
Vaticano, Editrice Vaticana, 2025, 23.
79
Cf. TOURN – EUGENIO, “El silencio sobre los abusos en Italia”, 47-48.
80
Cf. Virginia SALDANHA, “Cuando el poder espiritual destruye la vida. Abusos sexuales en la
Iglesia católica”, Concilium 402 (2023) 125-136, aquí 136.