Iglesia-sacramento en la teología y el magisterio posconciliar hasta el sínodo de obispos
del año 1985. Uno de los aspectos más interesantes del libro viene dado por el hecho de
volver a presentar a los mismos teólogos preconciliares, ahora como teólogos del
posconcilio, y por tanto se puede observar a los mismos en un proceso de evolución
teológica especialmente en el análisis del concepto que el autor está estudiando, lo cual
da una visión histórica y evolutiva del pensamiento teológico de los autores (pp.134-155).
Ya en el aspecto magisterial, se detiene en estudiar los sínodos del 1971 y del 1985.
El capítulo cuarto se puede considerar como una segunda parte del capítulo anterior,
en el cual analiza tanto la teología como del magisterio desde el sínodo de 1985 hasta la
actualidad. En este apartado se hace un recorrido por el magisterio de Juan Pablo II,
Benedicto XVI y Francisco, así como los documentos tanto de la Congregación para la
Doctrina de la Fe como de la Comisión Teológica Internacional. En un segundo apartado
del capítulo cuarto transita por la reflexión teológica en la actualidad, estudia autores
como: J.H. Nicolás, A. Antón, P. Rodríguez, R. Blázquez, W, Kasper, A. Birmelé, A.
Scola, S. Pié-Ninot y Ch. Gouyaud (pp.197-232). Este capítulo es de una gran
complejidad ya que los estudios de teología y las obras los grandes teólogos se han
multiplicado, lo que impide una profundización exhaustiva en la ingente bibliografía, y
de hacerla desbordaría con mucho el marco de trabajo del autor, aun así el profesor J.M.
Salgado Pérez realiza una exhaustiva e interesante presentación del tema en los diversos
teólogos, escogiendo aquellos que él ha considerado más acertados para el estudio que
está realizando.
Será el capítulo quinto en donde se presenta una de las cuestiones centrales del trabajo
de investigación del profesor J.M. Salgado Pérez, y es la propuesta de Benoît-Dominique
de La Soujeole para la cuestión de la sacramentalidad de la Iglesia. El autor se centra en
el estudio de este teólogo dominico, porque, como bien expresa en el texto de la
introducción, en el periodo del Concilio varios autores dominicos comenzaron a
vislumbrar una investigación del tomismo, que se revelará como un camino acertado en
la comprensión de la sacramentalidad de la Iglesia (p.24). B.-D. De La Soujeole se
convierte en un exponente de este planteamiento, por ello el autor realiza un estudio
pormenorizado de su pensamiento eclesiológico: el ser eclesial, la sacramentalidad de la
iglesia, la eucaristía fuente de la Iglesia, el tema de la comunión, y toda una serie de
consecuencias de la sacramentalidad de la Iglesia especialmente relacionadas con la
división de los cristianos y la salvación en las religiones no cristianas. B.-D. De La
Soujeole logra integrar los desarrollos más importantes de la eclesiología en armonía con
la Tradición. Destaca su planteamiento de la comunión expresada en tres dimensiones:
teologal, social y diaconal. Y muy novedoso es su planteamiento de la salvación como
“eclesialidad participada” tanto en las otras confesiones cristianas como en las religiones
no cristianas (pp.282-286). Aquí el lector puede encontrar un interesante estudio sobre la
relación de los no cristianos y la posibilidad de la salvación en su visión de la Iglesia
como sacramento.
Las conclusiones son de gran interés, y no se limita a exponer un resumen de los
resultados de los diversos capítulos sino que presenta otras cuestiones a las que, a modo
de conclusión, quiere dar solución. Tales consecuencias están divididas en dos apartados
en el primero aclara tres quaestiones disputatae: la Iglesia-sacramento y los sacramentos,
en especial la eucaristía; la cuestión del res et sacramentum de la Iglesia; y la
sacramentalidad de la Iglesia en relación a la salvación especialmente en las confesiones
cristianas y las religiones no cristianas. Y en el segundo apartado propone un elenco de
cuestiones a modo de conclusión: La Iglesia es sacramento en analogía con el misterio de
la humanidad asumida por el Verbo; la Iglesia es sacramento no solo en referencia a
Cristo, sino también en referencia al Espíritu Santo; la visibilidad no es algo secundario