Juan José PÉREZ-SOBA, La caridad. El camino mejor en la amistad con Cristo
(Colección Virtudes 2), Madrid, Didaskalos, 2024, 299 pp. 22 €. ISBN 978-84-19431-
27-1.
https://doi.org/10.46543/ISID.2433.1066
El doctor Juan José Pérez-Soba Diez del Corral es catedrático en la Facultad de Teología
de la Universidad san Dámaso de Madrid y autor de numerosos libros y artículos sobre
temas relacionados con el amor humano, la teología del matrimonio, la familia… Es, sin
duda alguna, una autoridad en el campo de la teología moral. Ya desde su tesis doctoral
el tema del amor ha estado en la base de sus intereses. Durante los años de su fecundo
magisterio en diversas universidades ha escrito copiosamente sobre este relevante
argumento. Entre sus brillantes consideraciones y propuestas merecen destacarse dos
significativos volúmenes, publicados casi como dos partes de una misma obra: El amor.
Introducción a un misterio (Madrid, BAC, 2011) y Creer en el amor. Un modo teológico
de conocimiento (Madrid, BAC, 2014). Son solamente un botón de muestra para
comprender que con el presente trabajo nos hallamos ante una monografía de madurez,
preparada por una serie de atinados estudios que han permitido al autor profundizar con
esmero y meticulosidad sobre una cuestión de tanto calado como la virtud de la caridad.
El volumen que nos ocupa se estructura en seis capítulos con una introducción y una
conclusión. La introducción pretende rescatar un horizonte teológico que ponga el amor
en el centro (pp. 11-26). Sin embargo, ésta no ha sido la tónica general de la teología en
los últimos decenios. Pérez-Soba bosqueja, por el contrario, una teología que parte de la
experiencia del amor. Más en concreto, su pensamiento arranca del encuentro con Cristo,
porque sólo desde Él se puede hablar con propiedad de la caridad cristiana, del amor
entregado por Dios. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una idea, sino
por el encuentro con Cristo, nos repite convencido nuestro autor, parafraseando Deus
Caritas Est, 1. En este sentido, la propuesta del autor asume como eje el “seguimiento de
Cristo”, esa relación personal que no se puede sustituir por nada, y que debe ser la médula
de todo esfuerzo por pensar la fe, por aclararnos el marco de la fe. Este libro nos invita,
pues, a tomar el “mirar a Cristo” como hermenéutica de la teología moral y de la
contextura de una vida virtuosa. Para roturar con esperanza nuestro camino hay que tener
“fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús” (Heb 12,2).
El capítulo primero se titula “El camino mejor: la revelación de un amor” (pp. 27-88).
En estas páginas el autor, siguiendo el famoso himno de la primera carta de san Pablo a
los Corintios (13,1-13), trata de explicar que comprender la caridad exige entrar en una
lógica nueva, la lógica del “don”, que no es la del “poseer” y “abarcar”, sino la del recibir
y darse. Se hace necesario por ello un camino. Ese camino parte del Amor originario, del
“haber sido amados”: soy amado, luego existo. Frente a la interpretación romántica de la
experiencia amorosa, Pérez-Soba nos quiere hacer caer en la cuenta de la importancia de
la “fe en el amor”, de la solidez de una experiencia sobre la que se puede construir una
vida. Esto es así porque el amor se cimienta en una presencia, en una presencia personal,
no en una idea o un sentimiento. Naturalmente, la senda de este amor es exigente y pide
una purificación: “un camino de purificación en el amor que nos muestra el amado” (p.
58). Ese camino debe llevar a transformar, porque el amor es transformativo, al hombre
de forma que pueda entrar en la alianza, en el “Dios de la alianza”. El autor nos propone
así recorrer “un itinerario muy hermoso, con pasos exigentes; pero reveladores de un amor
donado y que nos transforma en un dinamismo creciente” (p. 84).
El capítulo segundo se titula “Amor a Dios y amor al prójimo. El amor de Jesucristo”
(pp. 89-150). El Señor en los evangelios señala estos dos preceptos como el
“mandamiento central” de la ley. Y luego las tradiciones paulina y joánica desarrollan
esta perspectiva, pero, ¿cómo se conjugan ambas vertientes? ¿Cómo comprender el
mandato del amor? ¿Se puede mandar el amor? Y también, ¿se debe amar a todo prójimo
de igual manera? ¿Hay alguna prioridad en la forma del amor a los padres, por ejemplo?
A partir de lo sembrado en el capítulo anterior, Pérez-Soba puede ahora responder a estas
preguntas con solvencia. Parte para ello de que el amor es integrativo y no dialéctico, de
que es una respuesta y un camino y, sobre todo, de que, como amor cristiano, es el mismo
amor de Jesucristo en nosotros. El tema del “amor a los enemigos” queda también
enfocado en este capítulo desde una perspectiva integral, de modo que se puede seguir
afirmando que el amor más grande es el que se da entre los amigos, aunque el amor a los
enemigos sea un signo más visible de caridad, en la medida en que busca hacer amigo al
enemigo (cfr. pp. 146-149).
El capítulo tercero es “¿Agape versus Eros? La integración humana del amor y la
unidad de vida” (pp. 151-189). El autor se embarca aquí en la clarificación de un punto
suscitado desde antiguo entre la dinámica griega del eros y la dinámica cristiana del
agape. ¿Hay contradicción entre los dos o es posible una línea de entendimiento? Es
sabida la respuesta que dio Anders Nygren a esta pregunta, exacerbando la distancia entre
ambos modos de amar. Pérez-Soba consigue acercarnos a una integración en la que, al
mismo tiempo, se percibe la novedad del amor cristiano, del agape revelado.
El cuarto capítulo se titula “El amor como don, la fuente que salta hasta la vida eterna:
«Si conocieras el don de Dios»” (pp. 191-224). ¿Puede ser el amor “interesado” o hay
que pensar, más bien, que no busca nada, que no tiene “intereses”? El problema se plantea
en la dinámica del don y su gratuidad. Pérez-Soba nos acerca a una respuesta con
inteligencia, partiendo de los resultados obtenidos en los capítulos anteriores, sin negar la
importancia del “bien” dentro de la dinámica del don, ni caer en una respuesta del puro
interés en la relación. Finalmente el capítulo desemboca en el tema del “perdón”, que es
el don por antonomasia, el don gratuito y gracioso por excelencia.
“La caridad, madre y forma de las virtudes, genera el orden de nuestras acciones” (pp.
225-263) es el título del quinto capítulo. El autor aclara aquí el estatuto de la “caridad”
como virtud. En el último capítulo, “La eucaristía, sacramento de caridad, fuente de
santidad para los diversos estados de vida en la Iglesia” (pp. 265-290), nos situamos en
la misma fuente de la vida de caridad, en la fuente eucarística, que hace concreto el don
del amor, que lo hace sacramental, como vida y presencia de Cristo.
La conclusión que ofrece el libro no es un resumen, sino, más bien, una proyección
hacia delante: “Permanecer en la caridad” (pp. 291-299), como tratando de indicar la vida
que surge de todo lo que se ha ido aportando en el recorrido.
En definitiva, estamos ante una obra de denso contenido, minuciosamente vertebrada
y cuyos razonamientos hacen que no sea apta para un lector no introducido ya en los
temas de los que trata. La aportación del autor es ciertamente valiosa, bien fundamentada
con enjundiosos recursos literarios, filosóficos y teológicos, puestos en juego con
originalidad y de manera elocuente, erudita y sólida. El resultado de todo el esfuerzo
intelectual realizado por el profesor Pérez-Soba en su exposición es altamente
encomiable. Más aún, nos parece importante y decisivo en el ámbito de la teología moral,
disciplina que frecuentemente se ha alejado del tema del amor y no ha comprendido la
envergadura que tiene en todo planteamiento teológico y espiritual. Con todo, repito, es
un texto arduo por la cantidad de referencias y porque el periplo propuesto por el autor
no es lineal, sino que se despliega en círculos concéntricos. Con ello, sin duda, se consigue
una mayor belleza en el desarrollo, pero a la vez se complica un tanto la comprensión del
hilo conductor de los enunciados. Esa dificultad, lejos de arredrar al lector, ha de llevarlo
a una acción de gracias por esta espléndida publicación. Gratitud que ha de extenderse a
la editorial Didaskalos, que ha acertado plenamente incorporando a su nutrido catálogo
un estudio tan serio como éste, que saca a la luz una visión en la que la caridad tiene la
primacía en el hontanar y el fin de toda la moral cristiana, indicando de este modo que la
misma “no puede proponerse sólo bajo la categoría de precepto” (Veritatis splendor, n.
23). Compete ahora a nosotros, con pujanza urgente, el quehacer de testimoniar dicha
caridad. Se cumplirá así el anhelo del papa Benedicto XVI: “El mundo espera el testimonio
del amor cristiano que está inspirado en la fe. En nuestro mundo, tantas veces tan oscuro,
con este amor brilla la luz de Dios” (Benedetto XVI, Presentazione della “Deus Caritas
Est” scritta dal papa per il numero 6/2006 della rivista “Famiglia Cristiana”, 31 gennaio
2006).
Fernando Chica Arellano
Misión Permanente de la Santa Sede ante la FAO, el FIDA y el PMA
Roma, Italia
arellano@libero.it
https://orcid.org/0000-00018413-5890